¿Quién dijo que la oscuridad debía ser aburrida y deprimente? En 1992 cuando Colombia se quedó a oscuras, todos los colombianos adoptaron un estilo de vida que los hizo sentir como si hubieran viajado en el tiempo al futuro, o tal vez al pasado.
24 de mayo de 2025
– ¿Qué recuerdas del apagón del 92? –
La empresaria Helena Herrera entorna los ojos pensativa y tuerce el labio haciendo un gesto de nostalgia. No fue un periodo traumático para ella, pero tampoco uno demasiado alegre, así que le cuesta recordarlo con claridad.
«En esa época hubo inconvenientes con la energía eléctrica, fue en el gobierno del presidente César Gaviria. Había escasez de agua en los embalses, no podían generar la energía, así que había que ahorrarla mucho.»
Era una tranquila y calurosa tarde del 2 de marzo de 1992 en Villavicencio cuando ella, como de costumbre, pasaba por un salón de belleza a entregar un pedido de unos productos cosméticos de su empresa Spai-Sons, ahora conocida como Cosmobelleza del Llano.
– Qué pena con usted señora, pero no podemos recibirla, debemos cerrar a las cinco.
Fue lo que le dijeron los encargados del negocio.
Confundida y un poco molesta, no hallaba una razón válida para aquella decisión, tan sólo podía pensar: «¿Qué clase de empresa cierra a las cinco en punto de la tarde? Esta gente no tiene seriedad ni oficio.»
Al ser una mujer divorciada y madre de tres hijos, tenía demasiadas obligaciones, estaba tan enfocada en su trabajo y llegaba exhausta a altas horas de la noche, por eso no le quedaba tiempo para escuchar la radio o encender la televisión.
Al anochecer Pilar, su hija menor de 16 años, se encontraba viendo el noticiero cuando dieron un importante anuncio:
– Este corte de energía durará sólo unos segundos, de todos nosotros depende que el racionamiento no sea más riguroso y prolongado.
La voz en off tenía un tono serio y el fondo de la pantalla mostraba a una vela encendida en la oscuridad.
La adolescente frunció el ceño y se preguntó qué podía significar todo eso, «¿Y si dura más tiempo? ¿Qué pasará con las noches de películas y telenovelas?», se cuestionaba mientras terminaba de cenar.
En aquel entonces el ministro de Minas y Energía, Juan Camilo Restrepo, anunció los primeros cortes de energía por algunas semanas. En un comienzo fue sólo por las tardes, pero la crisis de agravó e incluso las grandes ciudades duraban varias horas al día sin electricidad.
– Pocos problemas en la historia de Colombia han afectado tanto la vida de los colombianos como el racionamiento de energía eléctrica que hemos vivido en las recientes semanas. Esta es una prueba que los colombianos han enfrentado con paciencia, fortaleza, buen ánimo e imaginación… Fueron las palabras del entonces presidente César Gaviria.
Dos meses después, el 2 de mayo de 1992, al ministro de Comercio, Juan Manuel Santos, se le ocurrió la brillante, aunque polémica idea, de adelantar los relojes una hora para optimizar el tiempo de la luz natural.
Este suceso sería conocido por toda la nación como «La Hora Gaviria», fue un tiempo de gran incertidumbre, donde el crepúsculo era considerado como la señal de que era momento de apresurarse para llegar a la casa y así ponerse a salvo de los peligros ocultos en la oscuridad de la calle.
«Recuerdo que toda Colombia tuvo que adelantar sus relojes una hora, es decir, si normalmente uno se debía despertar a las 5:00 am, en realidad se levantaba a las 4:00 am. Y si al colegio se entraba a las 6:00 am, la verdad es que llegábamos a las 5:00 am. Eso fue una recocha en el colegio, porque uno llegaba con mucho sueño», relata Pilar.
Aunque no todo era cabeceos y bostezos, «Recuerdo que uno llegaba al salón y estaba demasiado oscuro, de hecho, veíamos la primera clase con la luz encendida. Del mismo modo, por la noche se corría una hora para que las personas se acostaran y apagaran las luces más temprano. Para que no le dejaran tantas tareas, uno tenía como excusa con los profesores el hecho de que no había luz, pero así mismo no lo dejaban salir a la calle por mucho tiempo, debido a que no se podía dejar coger la noche por los apagones», comenta con expresión divertida.
Al evocar imágenes de ese lejano verano de 1992, surge en ella un sentimiento de melancolía por una época que ya no volverá.
«Poco a poco nos fuimos acostumbrando, hasta fue muy épico porque por las noches se encendían velas en las casas y las familias se reunían para charlar después de la cena. Yo diría que lo positivo de esto fue que, al no haber televisión ni radio, se unieron más los lazos familiares. El trabajo se hizo más liviano, porque las empresas debían cerrar más temprano y se regresaba a casa más pronto, era necesario hacer rendir más el tiempo», reflexiona.
Un día después de la noticia del inicio de la Hora Gaviria, les dieron el comunicado del adelanto a los estudiantes de todos los colegios del país.
– Quedamos iguales en la hora que Venezuela.
El comentario de un alumno hizo reír a todos los demás.
Por aquella época, el asesor comercial Darío León cursaba noveno grado, él asegura guardar alegres recuerdos y habla con optimismo de ese periodo.
Era un caluroso verano en el que reinaba un ambiente de relajado, pero en el fondo todos estaban tratando de asimilar el hecho de que tendrían que hacer sus actividades cotidianas contando con una hora menos.
«Se llamó la Hora Gaviria porque César Gaviria era el presidente de turno, la gente se tuvo que adaptar a un cambio de horario y dicho cambio afectó jornadas laborales y de estudio. Tuvo un impacto psicológico, ya que tuvimos que ajustar el cerebro a la situación. También repercutió a nivel económico, porque subieron los precios, sin embargo, la venta de juegos de mesa se disparó y se fortalecieron las interacciones sociales.»
Al caer la noche, llegaba emocionado a la casa a ponerle las baterías a la radio, la encendía y sintonizaba un exitoso programa de Caracol:
– Al final del día, cuando termina la jornada, empieza la noche y unas horas sin luz nos esperan. Se enciende ¡La Luciérnaga! La luz de la radio, La Luciérnaga, el nuevo programa de Caracol que enfrenta el racionamiento de energía con un derroche de compañía.
Declaraba entusiasmado el locutor.
«Como dato curioso, se disparó la audiencia de la radio, porque se debían usar las baterías o pilas. Fue en ese año cuando nació el programa radial con sátira política llamado La Luciérnaga, de Caracol Radio, como acompañante en las eternas horas de espera antes de que volviese la energía, se compartía más tiempo en familia», agrega.
Mientras tanto, a más de 100 kilómetros de Villavicencio, Norma, la primogénita de Helena Herrera, se encontraba estudiando en Bogotá el tercer semestre de la carrera de Bacteriología en el Colegio Mayor de Cundinamarca.
«Si yo entraba a las seis de la mañana, en realidad tenía que estar a las cinco de la mañana en la universidad. Por lo tanto, me tocaba levantarme una hora y media o dos horas antes», se acuerda.
«Uno vivía su vida normal porque esa era la hora que marcaba el reloj, así fueran las seis de la tarde y el cielo aún estuviese claro. No era tan difícil soportarlo, todo el país vivía así, con ese tiempo adelantado».
La joven universitaria salía de casa cuando todo estaba oscuro todavía, al principio le resultó una rutina bastante agotadora, pero con el tiempo se acostumbró.
Los colombianos intentaban adaptarse al nuevo horario, en el que los gallos cantaban más temprano, las vacas daban leche más pronto y los niños se levantaban en la oscuridad para asistir al colegio.
Por su parte, el gobierno compró unas generadoras de energía de la firma HMS Global Corporation para tratar de hallar una salida a la crisis. Desafortunadamente, las barcazas no funcionaron porque eran incompatibles con el sistema interconectado de la nación. Se perdieron 9 millones de dólares en esa época, lo que generó una crisis de gobierno.
Esta grave situación llevó al Congreso de la República y a la Comisión Quinta del Senado a hacer unas investigaciones para determinar las causas y establecer responsabilidades. Fue así como se llevaron a cabo sanciones e incluso destituciones a altos funcionarios, especialmente de la empresa de energía de Bogotá ISA. Hubo fallas en el mantenimiento y recuperación de las plantas térmicas, que debían servir de respaldo al sistema y que al momento de requerirse que entraran a generar energía, no estuvieron en condiciones de hacerlo.
Aparte se presentaron defectos en el planeamiento por parte de ISA, aunque los expertos aseguraban que la nación estaba sobre instalada, que no había nada de qué preocuparse…
En los noticieros se volvió común mostrar el nivel de los embalses a diario, cuando finalmente subió el nivel de las represas, el gobierno empezó a reducir las horas de racionamiento.
La Hora Gaviria se acabó el 7 de febrero de 1993, para Colombia había salido el sol al final de la tormenta. El servicio eléctrico fue restaurado completamente, el gobierno creó una Comisión de Evaluación que determinó la responsabilidad de la compañía ISA en la crisis energética y la empresa fue multada.
Cinco años más tarde se inauguró el Guavio, al mismo tiempo que se construían las centrales de Urra, Porcedos y Mieldos, la creación de la GREG y la entrada de inversión del sector privado, también se vio la necesidad de conocer los pronósticos climáticos.
El Estado, en cabeza de Armando Montenegro, director de Planeación, hizo la reforma de las leyes del estatuto del sector eléctrico, creando uno de los sectores más modernos y eficientes en energía de América Latina.
Desde el apagón del 92 hasta hoy, dos fenómenos de El Niño han afectado el nivel de los embalses colombianos. A pesar de que en numerosas ocasiones se ha alertado sobre un nuevo apagón, como en 2016, cuando el gobierno del presidente Juan Manuel Santos pidió ahorrar energía.
Aun así, el sistema eléctrico ha garantizado el abastecimiento para todo el país. Actualmente, luego de los apagones en España y Portugal, la nación se pregunta: ¿Volverá el apagón?

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