Yo sé que tú también tienes esa cajita 
donde guardas cables que ya no recuerdas para qué sirven,
pero que no te atreves a tirar
por miedo a necesitarlos algún día
o por miedo a que se sientan mal
de nunca haber sido usados.

Sé que tienes tu cajita que no conoce la luz,
esa donde fuiste metiendo pedazos de ti
que alguien decidió que eran demasiado incómodos,
demasiado intensos,
demasiado tuyos
como para dejarlos a la vista.
Así que los escondiste,
con cuidado,
como si esconderlos no fuera casi lo mismo que perderlos.

Tienes esa cajita
donde tu ternura ya no cabe,
pero sigues empujando.
Robas gestos, copias formas,
te adaptas a quienes no te dejan ser,
y en el intento vas perdiendo retazos
de lo que eres,
aunque no sepas exactamente por qué.

Tu cajita física del “tal vez algún día”
llegó a tu cabeza,
solo que con otro nombre:
“tal vez nunca”.
Ahí metes ideas que incomodan,
sentimientos que quisieras no reconocer como tuyos
por miedo a perder.
Porque, ¿qué somos cuando perdemos?,
¿qué queda cuando algo se va?

Dejaste que esa cajita te ganara
por acoplarte a algo que no es tuyo,
a algo que se siente real
pero te miente.
A algo que no le importa
si eres tú
o alguien que se está creando
solo para encajar.

Y aun así sigues guardando,
como si en el fondo creyeras
que algún día olvidarás la cajita,
que ya no dolerá
y volverás a reconocerte,
como si siempre hubieras sido así,
como si tú
nunca hubieras mirado la luz en la ventana.

URL de esta publicación:

OPINIONES Y COMENTARIOS