La poesía gaucha argentina, en cuatro textos de Belisario Sangiorgio

La poesía gaucha argentina, en cuatro textos de Belisario Sangiorgio

I

sienten aversión por la poesía de los campos

pero no les asusta lo que hay 

en sus propios corazones;

y yo voy de allí hacia allá; de un lado a otro;

aun sin hacer noche, iluminado solo por el lucero,

y con la muerte mordiendo mis tobillos 

he sido recibido en las casas 

de los buenos paisanos cordilleranos;

pídame que trabaje para ganarme 

como obrero el pan de cada día;

pero no me pida que lo acompañe 

para andar en engaños ni en mentiras;

que yo no soy capataz que roba moneditas al peón 

y que yo nunca 

he lastimado a nadie 

que no se lo mereciera. 

II

esperar en la mañana 

mirar los cerros sobre las chapas;

atardecer en el camino 

entre Huinganco y Las Ovejas;

negociar con los paisanos

en el cuadro de sus caballos 

mientras amansan 

la tropilla; 

caminar tres kilómetros 

para llegar a la pequeña despensa

de los vecinos;

buscar esperanza 

en los arroyos que cruzan la ruta; 

descansar en la hostería 

y volver de madrugada  

desde El Huecú. 

III

sol de la siesta 

estepa ciega

en el viento respiro tierra de los caminos 

espinal de tristeza

valle del arenal 

sin sombra ni reparo;

en el río seco 

gotas de sudor en tu cara 

cigarros 

pena

nunca más he vuelto hacia aquel paraje; 

supe que esperabas

verme llegar al amanecer;

y tuve que llamarte cuando bajé al pueblo:

te dije

que ya no volvería. 

IV

peones jóvenes escapados del pueblo 

peones viejos que leen la biblia 

y que carnean las ovejas; 

salgo a caminar con los galgos de cacería 

porque los caballos relinchan 

en los cuadros del río; 

se ven las luces 

de las camionetas de los cuatreros

en el filo de la barda 

junto al cañadón; 

desde el casco de la estancia 

bebiendo ensillamos sigilosos

movemos las vacas 

para ahuyentar

la presencia maldita que llega 

cuando muere el braserío.  

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