Silencio
Pura fluctuación latente
antes de tu señal.
Tu frecuencia
y la mía entrelazadas,
—un mismo eco
viajando a 300.000 km/s—
atrayéndose
como ondas
que no pueden evitar
superponerse.
Cuando la suerte
nos atracó
en el callejón oscuro,
tomamos su viento cálido
y ascendimos,
Ascendimos
hasta donde el tiempo
se curva,
allí donde la gravedad
desnuda silencios
y expande el deseo
como si fuera luz.
El mundo viejo
quedó atrás,
reducido
a una probabilidad remota,
apenas ruido
en la espuma cuántica.
Y entonces…
ardimos.
No como estrellas cansadas,
sino como materia excitada
a punto de ceder
al colapso inevitable.
Derrumbamos
dudas.
Distancias.
Reglas.
Núcleos sometidos
a tensión crítica.
Entropía al alza:
los cuerpos ceden
y ya no hay
camino de regreso.
Colapso.
Supernova.
Dos orillas
tensando la geometría del espacio
hasta unir mundos
en un puente
que solo nosotros
podíamos abrir.
Un espacio-tiempo
reescrito,
plegado
en un mismo
horizonte de sucesos,
donde nada escapa,
donde todo se entrega,
hasta disolver fronteras
y reescribir, juntos,
nuestro propio universo.
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