Lectora en Transilvania

Lectora en Transilvania

Brasov, 3 de octubre de 1998.

¡Querida Lucy! Escasamente viví unas semanas en estas tierras y siento como si llevase una eternidad. Voy a contarte mis primeras impresiones. Mi llegada al aeropuerto Otopeni fue bastante caótica. Aunque portaba el visado en regla porque lo había pagado el día anterior en la Embajada Rumana de Madrid, los policías de aduanas pretendían que les abonase cincuenta dólares nuevamente.

¡Qué tensión, Lucy! ¡Cómo extrañé tu excelente inglés! En una mezcla de inglés y rumano me amenazaron para que pagase. Yo me resistí e hice valer mis derechos y dije que de ningún modo. A la vez, estaba muy nerviosa, porque estaba saliendo mi equipaje en el primer piso y no podía cogerlo. Al final, dada mi obstinación, me dejaron pasar y retirar las maletas en una zona en la que ya, y no sé cómo, había zíngaros mendigando. O sea, que un minuto más y habrían desaparecido. En la salida del aeropuerto estaba esperándome la agregada cultural, curiosamente, se apellida como yo. Espero que esta coincidencia no lleve a ningún equívoco.

Los dos primeros días los pasé con la profesora que el curso anterior desempeñó el puesto que yo ocupo actualmente. Se llama Daniela y aunque pareció agradable se mostró renuente en algunos temas que debía explicarme sobre el Lectorado que ella acababa de concluir. Junto a su marido, me pasearon por Bucaresti, una ciudad de contrastes que asusta. Sin darte cuenta la negritud de los bloques de pisos construidos durante la dictadura te sumerge en una realidad inhóspita y desagradable, por ello, debes luchar para no instalarte en el tedio. Esos oscuros edificios resultan poco acogedores al igual que el sistema de basura dentro de éstos.

¡Sí!, mi querida Lucy, los desperdicios se lanzan al vacío por un ventanuco pestilente y óscuro que se encuentra junto al ascensor. Así que, mejor que no te quedes encerrada.

La pareja se mostró políticamente correcta al tiempo que hizo ostentación de todo lo que conocen y de su amistad con la secretaria de la neófita cónsul. Eso me dejó bastante perpleja. Él, Miguel, trabaja como administrativo en la Embajada Española. Viven cerca de la Casa del Pueblo, una majestuosa edificación que erigió el megalómano Ceauçescu junto a su codiciosa compañera. Dicen que es el segundo edificio más grande del mundo, tras el Pentágono. ¡Qué increíble es la ambición que puede llegar a alcanzar el ser humano! Lamentablemente, con estas actitudes se convierte en lo más despreciable de nuestra especie.

Algo en ellos me hizo sentir desconfianza, al principio no supe qué era, después me di cuenta, su extraña relación hacia el pueblo rumano. Por insólito que te parezca, muestran una gran animadversión hacia él, sobre todo el marido.

Y digo yo:- si no les gusta ¿por qué están aquí?

No he tardado en encontrar la respuesta. Mientras que en España, estarían inmersos en un sistema de oposiciones para trabajar como funcionarios del Estado, aquí gozan de cierto estatus económico que les servirá para aumentar sus arcas y su currícullum. No les juzgo ya que yo haré algo similar. La diferencia es que a mí me gustaría ampliar mi círculo de amistades y que sean rumanas. Lo cierto, Lucy, es que, estaba bastante ansiosa por abandonar la capital.

Dos días después, atravesé los Cárpatos en un tren Intercity, dentro de la diversidad de trenes rumanos es uno de los más cómodos. Parte del viaje lo hice con una abuelita que me enseñó la palabra hermosa, bonita, frumoasa. Así que, se puede decir que ésta es el primer vocablo que he incorporado a mi vocabulario de esta lengua románica con tintes eslavos. La belleza del paisaje no puedo explicártela, sí puedo decirte que las montañas y la vegetación te introducen en una atmósfera de cuento. Comienzo a entender por qué Stoker se enamoró de estos parajes. Aunque no sé, si realmente viajó alguna vez a Transilvania. Lo investigaré.

Durante más de tres horas disfruté de la esplendorosa naturaleza, sintiendo la pequeñez del ser humano frente a la grandeza y solemnidad de las montañas y los árboles milenarios que se alzaban a uno y otro lado de las insignificantes vías de tren. Me hubiese encantado detenerme y pasear por alguno de sus valles, al tiempo que hubiese disfrutado del canto de sus pájaros y del olor de las flores silvestres y las hierbas aromáticas.

En Brasov en la estación de trenes, gara, me esperaba mi compañero de trabajo. Estaba en la puerta de entrada de la estación, frente a la parada de taxi. Me saludó tendiéndome la mano, de forma distante. No tuvo la amabilidad de ayudarme con las maletas. Era jueves y hacía un sol radiante. Desde el primer momento se mostró altivo y algo nervioso. Cogimos un taxi, y fuimos a un camil, así se llaman aquí a las residencias universitarias.

El trayecto duró apenas siete minutos, en los que conversó con el taxista en rumano. No pude entender nada. Únicamente fui reteniendo en mi retina las calles por las que pasamos. Atravesamos una calle larguísima con casas de arquitectura sajona y de colores, pero, con una decadencia de siglos, la Strada Lunga. La mayor parte de ellas tenían jardín.

Cuando llegamos a la residencia, todo mi optimismo se vino abajo, me invadió el miedo. El edificio parecía perdido, aún estando en la ciudad. El camino de entrada sin asfaltar evidenciaba la vetustez del lugar. Lo primero que me alarmó fueron los militares con metralleta en la puerta de entrada.

Me pregunté:-¿Qué tiene que ver el ejército con la Universidad?

Mi colega habló con la recepcionista y se marchó, sin despedirse. Pareció disfrutar con mi tormento, puesto que mi cara debía delatar mi incertidumbre y consternación ante aquel decrépito ambiente. La mujer me condujo por un pasillo largo y siniestro, sin iluminar. El olor a humedad impregnaba toda la estancia. Era una señora de unos cincuenta años, de semblante pálido y ojos afligidos. Me acompañó hasta la habitación que me habían asignado.

Cuando abrió la puerta y vi aquel cuchitril, sentí que había entrado en una cárcel. Las paredes verde acacia no podían ocultar la mugre de aquel camastro que olía a orín. Había un diminuto lavabo con un grifo oxidado del que salía un hilo de agua fría y cobriza. Del techo colgaba una bombilla que alumbraba cual candileja de comienzos del siglo XX. Por la ventana, no entraba ni un halo de luz, a pesar, de que en la calle el sol aún estaba en su esplendor. Absorta y confusa no podía creer que la habitación fuese un cubículo sin apenas iluminación ni ventilación, con un colchón mugriento y un lavabo mohoso.


Como recordarás en el contrato que me ayudaste a traducir figuraba que la Universidad me proporcionaría la residencia. En aquel momento, pensé:-Si esto es lo que me espera no quiero quedarme. Mañana mismo llamaré a la Embajada y me quejaré por este trato tan deleznable.

A la mañana siguiente llamé a la agregada cultural, como era viernes no estaba y tuve que soportar el frío, la suciedad y el desconsuelo de no saber qué pasaría, durante ese fin de semana. Sin embargo, el pánico mayor, continuó siendo el de los militares con metralletas que estaban en la puerta de la residencia.

La mujer de la entrada debió sentir lástima hacia mí y me dijo que entrase a la recepción para calentarme con un pequeño brasero de carbón. Se llamaba María y no tenía sonrisa. Su mirada compungida y su voz suave me acompañaron durante esas horas de máximo desconsuelo. Cogía objetos y me preguntaba como un niño curioso cómo se pronunciaba. Logré entender que seguía las telenovelas por el placer de escuchar español.

Se quedó fascinada cuando me oyó hablar por teléfono con mi familia. María despertó en mí una gran ternura. Sentada junto a ella y el joven militar que también tiritaba de frío despisté por un breve intervalo de tiempo tanta penuria.Lo peor fueron las noches, el frío. Ya estaba helando y no encendían la calefacción. Mi saco de dormir fue mi salvación durante esos días.

Llegó el lunes. Tras muchos intentos logré hablar con la agregada cultural y le dije que si no me ofrecían un lugar más digno renunciaba al trabajo. Me suplicó que me quedase, pero no se disculpó, no quiso evidenciar que su dejadez había ocasionado que yo estuviese penando en aquel infierno, en vez, de estar preparando mi trabajo.

Como tu sentido común te dirá, querida amiga, yo no estaba pidiendo un hotel cinco estrellas, únicamente, un espacio decente, limpio, con baño en la misma habitación y a ser posible sin roedores ni cucarachas como compañeras de habitación. Parece que tomó mis amenazas en serio porque el miércoles realicé el cambio. No tuve que preparar ningún equipaje, puesto que no había abierto la maleta salvo para cambiarme la ropa interior.

El miércoles a primera hora, pedí un taxi, me despedí de María y sentí una lástima por los estudiantes que vivían en esas condiciones tan calamitosas, gran parte de ellos músicos. Los seis días que compartí con ellos me hicieron sentir humanidad y cariño. La mayor parte de estos chiquillos y chiquillas que viven en estas sórdidas circunstancias tocan en la ópera. Sí Lucy, algunos de ellos, darán grandes conciertos en todo el mundo en menos tiempo del que ellos imaginan. Sin embargo, su día a día es durísimo. Vivir en este enclave tan desagradable me hace valorar aún más su vocación hacia la música.

Radu, de mirada candorosa y transparente de niño que sueña es uno de los chicos que vive en este tugurio. La tarde del lunes me invitó a pasear por la ciudad con él. Subimos a Timpa, la montaña a la que asemejan con un oso dormido. La ascensión fue realmente dura pero valió la pena el esfuerzo. Contemplar el trazado de la ciudad y las minúsculas casas desde allá arriba resultó fascinante. Después, caminamos por el centro de la urbe, tomamos un refresco y me llevó a su escuela de música. Tocó el piano con un amor indescriptible. Su improvisado concierto hizo aletear mi desconsolado corazón.

Ya en el taxi, se me escaparon algunas lágrimas, fue tanta la presión y la vulnerabilidad a la que estuve sometida esos días que huir de aquel inhóspito lugar, me sumergió en una reflexión profunda sobre las desigualdades sociales. Yo me iba, aún no sabía hacia dónde, pero personas magníficas que me habían tratado con gran comprensión y cariño se quedaban. Mientras el taxi avanzaba, dirigiéndose a la dirección que le había indicado y que me habían facilitado desde la Embajada española y a ellos desde el Rectorado, sentí la intragable amargura de la brecha que genera el desigual reparto de la riqueza.

Lucy, qué te voy a contar. Rumanía no se explica por cartas ni por fotos, sólo estando en ella. Lo que puedes sentir en el metro de Bucuresti o en la gara (estación de trenes) es conmovedor. Todos los días hay una nueva aventura y muchas de ellas no son agradables.

Frente a los mafiosillos que están al frente de esta sociedad hay gente que verdaderamente merece la pena como humanos. A veces, se te cae el alma al suelo cuando sabes que el sueldo no llega al millón de lei, que vienen a ser unas diez mil pesetas. Cómo imaginarás con ese presupuesto solo les llega para las dos primeras semanas del mes. Para que te hagas una idea y puedas establecer paralelismos, el nivel de vida es solo un poquitín más bajo que en España.¡Es increíble! Y me pregunto todo el tiempo cómo consiguen comer y llegar a fin de mes.

Cuando me vaya de aquí, me llevaré una angustia que creo me acompañará siempre. Ahora sí soy consciente de que nunca va a cambiar nada. Que la historia se perpetuará por los siglos de los siglos. Siempre habrá jerarquías en los que unos estén “de puta madre” y otros sean unos resignados. Ya no tengo tantas ganas de conocer otras realidades, ni siquiera en Latinoamérica. Cuando los ricos son tan ricos y los pobres tan pobres ¿qué nos queda?

Luego está nuestra Europa Occidental, que la pobre ni siente ni padece. Con promover la efímera belleza de las top-model y difundir la grandiosidad del manejo de la pelota de los futbolistas tiene suficiente. El fin de siglo no es mejor ni peor que el resto de la historia. Sencillamente, siempre se mantuvo igual. ¡Ojalá fuese mucho más vacía e indolente! ¡ Ojalá pasase de todo! Pero no puedo. Siento mucho transmitirte en esta carta tanta angustia, pero es la que hasta ahora he inhalado.

Me hubiese gustado tanto contarte experiencias bonitas y agradables, sin embargo, no puedo ser hipócrita contigo. Tengo la ilusión de cambiar esta atribulación cuando me encuentre con mi amiga Alina, compañera de piso y de aventuras en Bologna ( Italia) y con mi ex-alumna serbia Yasmina, quien vive en Belgrado y nada más enterarse de que este curso trabajaría en la Universidad de Transilvania me invitó a conocer su ciudad.

Alina reside en Timisora, a una distancia de Brasov de cuatrocientos veintitrés kilómetros exactamente. Aunque sea un largo viaje, compartir estas duras vivencias con una persona tan vital y comprensiva como ella me hará bien. Además, sus comentarios y recomendaciones me ayudarán a conocer la realidad del país. Espero que la fortuna me acompañe y pueda realizar ambos viajes. Belgrado, la capital de la República Federal Yugoslava queda a poca distancia de Timisora. Tal vez pueda hacerlos en este primer trimestre o durante las vacaciones de Semana Santa del próximo año. Ya veremos qué me depara la vida.

Estoy escribiéndote desde un pequeño bar situado en frente de la Biserica Neagra es la iglesia que está junto a la plaza principal de la ciudad, la Piaza Sfatului. Comenzaron a construir este imponente templo en mil trescientos ochenta y cuatro. Recibió su nombre tras un incendio que sufrió el veintiuno de abril de mil seiscientos ochenta y nueve, originado por las fuerzas invasoras austriacas. Es el mayor monumento gótico del país. Además, poseé la campana más grande de Rumanía y un espectacular órgano de cuatro mil tubos. Espero tener la dicha de escucharlo. En esta excepcional construcción a parte de reunirse sus fieles para las celebraciones religiosas también se realizan conciertos para el público en general.

Es el primer bar en el que estoy en Brasov. La Piata Sfatului tiene una arquitectura sajona bellísima. La grandeza de sus casas de colores evindencian un pasado próspero. Puedo fantasear imaginando como en este enclave se concentraron durante siglos comerciantes de toda la región, especialmente, los sajones. Callejear por el casco histórico de esta ciudad tiene muchísimo encanto.

-¡Qué bien! Suena Perfect day de Lou Reed:

Just a perfect day;

you make me forget myself.

I thought I was someone else

someone good.

Oh it’s such a perfect day,

I‘m glad I spent it with you.

oh, such a perfect day,

you just keep me hangin’ on.

Seguro que poco a poco voy haciéndome con lugares gratos como este café. Está decorado con fotografías en blanco y negro de los lugares más emblemáticos de Brasov. Además, junto al ventanal frente al que me encuentro hay discos de los setenta, ochenta y noventa. La camarera es joven y simpática. En las mesas de al lado hay estudiantes compartiendo sonrisas, cigarros Bran, la marca de aquí, e intercambiando apuntes.

Esta ciudad es relativamente pequeña y cuando venía paseando unos alumnos me han dicho:

-Hola, profe.-¡Qué ilusión!

-Que me saluden y de una forma tan simpática. Mi ciudad está muy lejos y aquí todo el mundo es desconocido, aunque me iré haciendo poco a poco con todo. Ahora sé que puedo hacer muchas cosas y que me voy a animar con mis alumnos y ellos conmigo.

Mi abuela quien me alentó a aceptar este trabajo muchas veces me ha repetido que a lo largo de nuestra existencia siempre habrá pruebas que superar y alguna fuerza adversa que lo complique todo. Su enseñanza es clara: “hay que continuar remando”.

You’re going to reap just what you sow...

Cosecharás lo que has sembrado…

Tomaré estas palabras como un mantra y las repetiré en los momentos de desaliento que imagino, aún serán bastantes.

You’re going to reap just what you sow…

Un grandísimo abrazo transilvano.

La revedere.

SINOPSIS

La protagonista de este relato narra mediante cartas a su amiga uruguaya Lucy, las vivencias de su primer trabajo como Lectora de Español en la Universidad de Transilvania (Rumanía). Sus experiencias transmiten sus impresiones sobre un país de la Europa del Este a finales del siglo XX. Mediante sus epístolas conoceremos las adversidades que deberá superar. Las nuevas relaciones tanto laborales como amistosas nos mostrarán la realidad a la que debe enfrentarse durante un curso académico. Además, la distancia y la soledad del personaje evidenciarán las ganas de compartir y conocer un mundo totalmente diferente al que hasta ahora había vivido.

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