UNA CHICA COMPLETA

UNA CHICA COMPLETA

DANZA DE DELFINES

Óleo/ lienzo

https://riunet.upv.es/bitstream/handle/10251/5953/tesisUPV3064.pdf

Era por los años 60. Aún nuestra España iba cargada de potencial masculino fuera del nido. El hombre salía a trabajar. La mujer criaba niños, cocinaba, organizaba la casa para que todo estuviera listo en el hogar a la vuelta del rey de la selva. 

La mujer, en minoría, se había incorporado en las principales capitales a algunas tareas “ muy femeninas” como médicas, enfermeras, maestras,  tabaqueras, porteras, limpiadoras, asistentas muy diversas profesiones…  en definidos sectores esenciales,  donde por descontado la mano femenina y el talento se hacían patentes por indispensable. 

Y Secretaria, a veces para casi todo. En este sector no se levantaba la compasión ni la admiración. Se levantaba la falda, con la mirada, con la imaginación y con la pretensión. ¿Acoso? ¿Mal uso del poder masculino? Ambos sexos también. 

Anécdotas darían para inundar páginas. Superarían todas las sobresalientes telenovelas Hispanoamericanas ¡Qué ya es difícil! Por su enorme éxito en todos los países de nuestra lengua. 

Adentrarnos en el mundo laboral de la mujer y el hombre de esa época es duro de digerir. 

Dirían… no hay acoso sin provocación. No hay uso ni abuso sin incitación. No hay uso sin permiso. 

Sin embargo si hay y existen enormes tratados y así la justicia lo atestigua con fijadas leyes actualizadas al respecto. 

Fue legislado porque era necesario. Aunque – la esperanza es lo último que se pierde- quizás ahora y más adelante llegue el día que se hable de personas y no de género. 

La mujer “trabajadora” para acceder a cualquier puesto de trabajo; que fuera guapa, mucho mejor. No solo la actriz sino por descontado en todos los gremios. 

Este es el preámbulo de una historia real. 

Tenía 19 años, se incorporaba a la vida laboral. A las 8 de la mañana cada día. De 100 plazas una. Y ella la había logrado. Su preparación iba más que sobrada para el puesto a desempeñar. En la práctica con la cabeza despierta por la juventud aprendería de todo lo técnico, divino y humano menos la autoestima necesaria. Las mujeres de nuestra época no nos valorábamos. Nos mirábamos en nuestras abuelas y madres. Y ellas se miraban en su padre y marido. Era nuestro espejo el mundo masculino. 

En la Facultad eras un número. Aunque llevaras toda la dirección en peso. Tiempo no había ni de un café. El Director, cargo político, aparecía cada tarde a las 8. Cuando se supone salía todo el personal no docente. La llamaba y le entregaba un datáfono con tratados de Jung y de Hegel. Nada que ver con la Escuela. Aquellas máquinas de escribir de mano, pulso y fuerza. 

No se sentía ni las piernas. Aunque se las miraban de arriba abajo, ni cuenta se daba. Esos señores; serían como sus padres y abuelos; ¡unos caballeros! De alta moral y muy cristianos. 

Ella caminaba con sigilo. Era incapaz de decir no. Salvo cuando la mano tuvo mucho más que la intención de darle un documento. 

Y el miedo. Y la Prudencia. ¿Y me habré equivocado yo? Seré una mal pensada. 

Ya empezó a tener novio. Y el cine de Hollywood había enseñado tanto romanticismo. Que ella,  humildemente, si Señor. 

Todo se volvería contra la joven. Lo necesitaba. Y no la creerían. Tenía que labrarse un porvenir. Comprarse su piso. Era chica independiente. Su mente le decía que había otros mundos que no eran precisamente el de su madre y su abuela. ¡Tonta¡ Ellas en su completo rol, habían sido muy felices. Ejercían otro papel. Relevante e importante. Eran las reinas de sus casas. Sin que se notara. 

Intentaría cambiar de trabajo. Pero ¿cómo  iba a dejar el obtenido con mucho esfuerzo? Había estado dos años en el extranjero para traerse su impecable inglés. Había luchado desde niña en aquellos colegios fríos por su futuro. 

Un jefe se apiadó de ella. Era mayor. Creía que la salvaba de la quema. Aún peor. 

Le daba trabajo en otro departamento. Aspiraba a que se la llevara a un lugar más tranquilo y con mejor horario. Para casarse. Y tener hijos. Muchos hijos. Ella podría con todo.

Presentó su parte de boda a los 26. Ya estaba con el mejor de los jefes. Era muy muy mayor; se enfureció. La postergó al trabajo que no quería hacer nadie. ¿Cómo su princesa se iba a casar? El sentido de la posesión no sólo de las cosas, si no de las personas, era enfermizo. 

Lo que yo digo siempre; nos creemos eternos. 

Y ya estos señores están muertos. Y no volverán. O la vida se encargará de ponerlos en su lugar. 

GAVIOTAS EN PICADA

Óleo/lienzo

Y no he entrado en detalles porque la chica de los 70 que me lo contó llorando -me faltaron pañuelos-  toda una tarde,  es muy mayor ya y lo ha olvidado. Y restauró su vida impecablemente porque aprendió. ¡La fuerza ahorca!.

El puesto de trabajo de Secretaria de Dirección e intérprete. El trabajo del hogar a  plena dedicación al marido, a los hijos; eran unas multifuncionales incomparables y lo siguen siendo. 

Ya no tienen tantos hijos, ni tantos Nietos.

Y esta chica aún se siente MUJER, peina canas y lo que más ama son las risas de los niños y sus besos. Y dice a menudo, con un suspiro: no merece la pena vivir en lamentos. 

CUÁL TORTUGA

Óleo/lienzo

Vivir cuál tortuga.

Y sin acritud, sin  descanso, la vida   enseña y enseñará por siempre a hacer valer los verdaderos  valores.

EN CASCADA
Óleo/lienzo

DESHOJADAS LAS MARGARITAS,

ver volar las  hojas  al otoño.

Se esparcen con toda la fuerza 

que los Vientos llevan.

Al invierno aires de martirio, atraviesan por callejas estrechas,

y van abriendo caminos,

entre montañas y valles,  

son enormes los abismos.

De tamaña encrucijada

cerrados libros completos.

inesperado es hallar oasis 

dentro del propio desierto, 

marcado fuera por el sol, la luz, la nieve y los vientos, 
vaivenes van, vaivenes vienen, 

pasos lentos, 

crujen los ejes, 

cargada va la carreta,

de lamentos, 

cómo las olas del mar,

se repiten pensamientos.

A la Primavera caricias dormidas, cuáles plantas bajo la turba marchita florecen.

Es Julio, en la bella costa ATLÁNTICA, 

resopla el poniente 

y los nortes van limpiando las arenas.

Al crepúsculo, el alma se serena, 

alcanzando orilla,

al rompeolas, 

borran las olas las huellas,

perseverante el océano.  

En el correr de los años, 

divisar cuál gaviota, 

planear a cielo abierto,

no chocar contra la roca,

posar sobre la planicie,

abrir clara la mirada.

¿Nacer ciego?

¿morir dormido? 

¿vivir en tormento?

Sí, en Libertad, 

corto el tiempo,

clamar lo que el alma siente.
¡No merece la pena vivir en lamento!

Broten  flores, ideas y versos…

Óleo/lienzo

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