Ansiedad fúnebre por Sucre

Ansiedad fúnebre por Sucre

Mary Achique

07/06/2021

4 de junio de 1830: muere asesinado en la selva de Berruecos (Colombia) el Mariscal Antonio José de Sucre. Tenía 35 años.

Ocurrió un soleado viernes a la hora aproximada de las siete de la mañana. Iba él a bordo de una mula, acompañado de otras seis personas. Eran cuatro los matones contratados por José María Obando: esperaban pacientes, ocultos desde la madrugada. En cuanto reconocen al General Sucre, le disparan y logran su objetivo. Todos en el trágico barullo del momento, corren, y el cuerpo sin vida de Sucre permanece en íngrima desidia hasta que su asistente Lorenzo Caicedo y dos lugareños lo entierran en otro lugar de la misma selva. Para resumir la historia, el cadáver fue trasladado a quito y permaneció secretamente sepultado por setenta años.

El Gran Mariscal de Ayacucho se había hastiado de la deletérea carrera política. Ansiaba iniciar una vida más pacífica como esposo, padre y hacendado. El Ecuador le dio una felicidad inesperada a través de una esposa y una pequeña hija a quienes amar, a quienes tuvo tan exiguo tiempo, por inoportuna, inútil y torpe fatalidad… Lo veo caer al mortal disparo en el pecho, exánime, sobre el limoso suelo, ante el prístino sol y el prístino verde, los ojos vedados a la vida. De aquella familia con pocos años. grandes alegrías e ingentes promesas no quedaron sino los recuerdos de los cuales Mariana Carcelén ya no tuvo escape. No le quedaron ni el amor de su vida ni su hija.

Haber terminado de escribir estas palabras y sentir una crisis de ansiedad fue todo uno: mi atribulada crisma desvariaba en calor, mi corazón pugnaba por salir de sus barrotes óseos, el aire se adensaba en mi garganta hasta la pesadez. Tuve que acostarme, aún con la calurosa zozobra, cerrar los ojos y pensar en alguna que otra canción y tararearlas, con tal de no tener en mente a Sucre por un rato. Luego de diez minutos o así, me relajé hasta sentirme leve y, aunque en el umbroso oleaje formado por ojos cerrados y mente hallé la dulce y triste mirada del Mariscal Sucre, tan abierta y libre de secretos, ya no me sentí ansiosa.

Ocurrió en la tarde del viernes 4 de junio de 2021. Fue viernes, como aquel fatídico de hace 191 años, efemérides de ingrato recuerdo por el criminal sacrificio del Gran Mariscal Antonio José de Sucre.

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