Desde siempre, me recuerdo leyendo. Y desde muy pequeño, escribiendo. Leía un libro de recetas de la olla Magefesa y escribía pequeñas obras teatrales de piratas que interpretábamos los compañeros de la clase durante el recreo. Hablo de los años 60 y con esto ya he descubierto mi edad. No me quejo. He tenido la suerte de conocer a tres mujeres que me amaron y a las que amé. A decir verdad, a la última, aún la amo y me ama. He viajado menos de lo que me hubiera gustado pero más de lo que lo hicieron la mayoría de la gente de mi generación. Tengo una envidiable mala salud de hierro que hasta ahora me ha dejado dormir tranquilo.
Y, por fin, ahora que me ha llegado el tiempo de la edad dorada y he podido dejar tras de mi la pesada carga bíblica, procuro que la tranquilidad sea mi estandarte. Del trabajo, mejor no hablar. No me parece que algo por lo que te pagan para hacerlo o, si no, no lo harías, no merece la pena comentarlo. Por fortuna, ya pasó.
Leo menos, es cierto. Creo que ya me han contado muchas historias y me parece que ha llegado el momento de que las cuente yo.
No quiero darle mucha importancia a mi vida. Pasará y, en el mejor de los casos, dejaré algunos recuerdos de viejo cascarrabias. En el peor, quién sabe, el desconsuelo de los que vendrán detrás de mí.
Interesado por: Novela en un sentido amplio, Ensayo / No ficción / Divulgación, Biografía / autobiografía / diario / géneros íntimos / cartas, literatura personal
Autores o libros favoritos: Pérez Galdós. Carlo Rovelli en divulgación. Andrés Trapiello como memorialista, no como novelista.