El mundo da muchas vueltas y estamos obligados a girar con ella mientras decidimos si actuar a su paso o dejar que la vida se nos pase al frente mientras miramos las opciones de vida en lugar de solo vivirla.
Si estuviésemos más atentos a vivir que a sobrevivir creo que seríamos más cada día, más felices, más capaces, más fuertes, ¡más vivos! Pero vivimos en un constante miedo, miedo a la muerte, miedo a la vida, miedo a la soledad, miedo a la compañía; a las aventuras, a la monotonía; miedo al rechazo y a la acogida; miedo a encajar, miedo a no hacerlo, miedo a sustituir, miedo a ser sustituidos. Vivimos con miedo al miedo.
A vivir con miedo se nos tendría que enseñar en las escuelas.
El miedo es utilizado para expresar todo lo contrario a lo que debemos y queremos hacer. Se nos enseña que el miedo es estancarnos, paralizarnos, olvidar lo que queremos decir, temblar, hacernos pipí en la ropa, ¿qué rayos es todo esto? El miedo es el respeto a lo que vamos hacer, a lo que vamos a decir, lo que sentimos, y experimentamos ese miedo porque queremos que esa acción a realizar sea fructífera, que le guste a los demás, tenemos miedo porque lo queremos hacer bien…
Si viviésemos la vida con la definición de miedo que la sociedad nos da nunca haríamos nada No vivo porque tengo miedo a morir, no hablo porque tengo miedo a fallar, no voy porque tengo miedo a perderme.
Miedo, miedo, miedo….
Recuerda siempre, tener miedo no está mal, es querer hacerlo, decirlo y sentirlo bien.
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