Sol de la tarde
Seis y diez
Cielo azul, con retazos de rojez.
El tiempo pasó, como el cometa de ayer
Y volverá cuando no esté.
A la inocencia del niño anhelo volver
En que todo era feliz, porque la muerte era un invento que se veía de cuando en vez:
No llegaría jamás,
A esa inocencia de atrás, no tocaría ese funesto final, no soy los demás.
Y los demás soy, al que la tierra cubrirá y sus ojos se descompondrán
Ese pesar a los quince años, en el que preguntaba a simples adolescentes de instituto: ¿Qué se siente morir?
Uno me dijo: sería como un soplo de aire hacia afuera.
Quizá ese aire vital se va de las entrañas
Dejando al cuerpo vacío y al vivo sin artimañas.
Volví en sí, ya no era el mismo.
Algún día sería carroña, e incluso mortesino.
Un simple eco de un tiempo lejano,
Sin importancia, sin relevancia
Un humilde en periplo hacia ninguna parte
Salvo a unirse a la insignificancia del pobre
Al pobre, sin ningún porte, le respeta hasta el demiurgo y los carceleros a sus órdenes.
Porque sabe que no sabe, y no se entrega a bochornosas pasiones.
Sin oro en sus camisones
Ni perchas en que cuelgan sus muchas prendas, se desnuda, no hay sentido en vestir, si el abrigo o el tacón son solo accesorios creados por la ilusión.
Creados para cubrir del frío con finura y aparentar altura
Porque la elegancia es el intento de encubrir la piel que será migajas.
Mil veces intentos de mostrar diferentes mortajas.
Sin pensar en las agujas del reloj, a la infancia quiero volver, a los cielos azules de mi niñez.
Hoy ya no están,
Soy yo, los demás.
Tierra soy, no tengo más que mi verdad.
Verdad cuál no cela a ninguna otra
Ni es más ni menos a otras historias
Como no hay igual dos atardeceres, ni dos rojeces a las seis y diez..
Si el genio de alguna estrella me invita a la felicidad.
Escogería ser nada y nadie
Sin tiempo y sin ropas,
brilla la gloria de la solemnidad en los laureles del que poco desea.
Así como era de niño,
Una simple hoja del árbol, repleta de paz al sentir el viento inmiscuirse por las rendijas del nocturno silencio,
no habían máscaras, sino un diálogo sin palabras entre la inocencia y el no -pensar.
Un no- pensar que no es ignorancia, sino un rechazo a la vanidad que es un canto a la libertad.
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