Un suceso de un día de invierno

Un suceso de un día de invierno

Silence Unicamm

28/04/2026

Una tarde de domingo, sorprendido por el sueño.

 Me quedé dormido cerca de la estufa y tenía la garganta terriblemente seca.

 Levantarme me resultaba un esfuerzo. Sobre la mesa temblorosa

 había una taza de café instantáneo frío, a medio terminar.

 Al apurarlo, tengo la sensación de que la sed se vuelve aún mayor.

 Al mirar hacia afuera a través de la cortina de encaje, vi el cielo cubierto de nubes grises.

 Por el rabillo del ojo atisbé a mi perro.

 No sé desde cuándo, pero estaba sentado

 mirándome fijamente.

 En sus pupilas negras y profundas, supongo que estaré reflejado yo.

 Aturdido, me calzo los zapatos a la ligera y salgo al jardín.

 Sin mover la cola, el perro me mira, no—

 está esperando.

 Está esperando la promesa.

 Está bien

 está bien

 suspiro.

 Salgamos

El perro y yo salimos de casa.

Sin correa, sin arnés,

el perro echa a correr.

Jadeo persiguiéndolo hasta que

lo encuentro esperando frente a una casa.

Al acecharla, desde dentro resonó el ladrido de un perro.

El corazón me late a toda prisa.

Contengo la respiración, me armo de valor,

abro el portón ligero tal como estoy,

evito la entrada principal

y me dirijo hacia el perro que ladra en la parte trasera.

Era un perro de orejas erguidas.

Ladraba, pero al verme se calló.

Le muestro la palma suavemente y la lame.

Agarro la cadena y la libero del collar que lo sujetaba.

Ese perro sale disparado hacia la entrada principal.

Lo sigo hasta fuera y

parece que retozó un instante con mi perro,

pero luego salió corriendo por la calle.

El siguiente—

así parece decirme el perro al acercarse a mi lado.

Visto de perfil, me doy cuenta de que sus ojos son marrones.

Me vuelvo para observar esta casa, pero nadie sale.

Nadie mira.

Al exhalar,

sacudo la mirada pegajosa que se filtra desde algún lugar

y la ahuyento.

El perro trota hacia el siguiente.

Arrastrado por él, yo también echo a correr.

La ciudad parece estar en silencio, desierta.

Ni un solo coche circula.

Solo corren el perro y yo.

El perro al que liberé en la segunda casa vino con nosotros.

El sol de invierno se pone pronto. Hay que darse prisa.

Quedan muchas casas por recorrer.

Yo corro.

Los perros corren.

Algunos van a la cabeza.

¿Dónde estará mi perro?

Sin aliento, hay que darse prisa—

Me pareció que el perro se volvió y sonrió.

Me vuelvo también.

Blancos y negros, de todos los tamaños,

una jauría de perros.

Muerdo los labios para contener la alegría que sube desde el fondo de la garganta.

Con cuidado de no tropezar, aferro el asfalto con las uñas

y sigo corriendo.

Un suceso de un día de invierno.

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