UBTASQUA …“Dejar soltar”
Hace algunos años sentí demasiada incertidumbre, sólo pensaba en aquella niña, joven, mujer y abuela…ahora sólo dejo soltar.
Su pincel se desliza suavemente sobre el lienzo, esta vez quiere terminar un cuadro, hace unos instantes que no produce nada, se siente cansada. Desea cambiar de vida, cambiar de cuerpo, no aguanta los dolores del alma, éstos le pesan más que los del cuerpo.
Después de horas de largo aliento ha terminado su cuadro, no sabe cómo llamarlo, se inspiró en mujeres que pintan paredes con sus cuerpos, sus rostros, sus labios, creando ilusiones, ilusiones que ella no tiene, que ha perdido, que nunca consiguió y tan sólo le llegan a través de su ventana.
¿Quién le dijo que pintara?, ¿Cómo llegó a eso? Pero… ¿qué otra cosa hubiera podido ser? ¿Qué profesión tener si no la de artista? fundida en la melancolía, llena de color, de imágenes, de historias, narraciones, en las tristes notas de las melodías, en los encuentros interminables con la tierra, esa de color marrón.
¿Cómo reivindicar su vida? ¿Qué vida? La vida que le ha pertenecido, ha pensado en viajar, salir y huir, ahora sus mariposas no son amarillas, son verdes, fulgurantes y tal vez inspiradoras.
Se mira al espejo y ve a alguien desconocido a alguien que nunca conoció, recuerda su infancia, fue tan feliz… por qué no quedarse pequeña y no salir de ahí, de aquellos juegos. Juegos que nunca más escuchó, pero que recuerda con anhelo cuando su matriarca la abuela, le motivaba a jugar con alas de historias llenas de fulgor, relatos incansables, de vida y flor.
Mira su reloj, maldice, como cosa rara se le hizo tarde, es una velada especial, no quiere ir a ninguna parte, no quiere salir de su casa, ni se soporta así misma. Se arregla, ha conservado su figura a pesar de sus años, le gusta como se ve, siempre conserva su vanidad.
Busca la invitación, no la encuentra, se desespera, esculca todo, busca en las gavetas y en los libros, mira en el escritorio, ¡Eureka! ahí estaba, ya ni se acordaba, está nominada a un premio y dan dinero, buena cosa, son muchas cajas de vino.
Sale apresurada, coge un taxi y llega al lugar, están sus amigos, gente desconocida, gente que no ha visto en años, hace mucho que no sale a eventos sociales ¿Por qué vino a este? Ya quiere irse, quiere salir de ahí, se empieza a marear, nunca ha entendido si es un síntoma de su enfermedad o si se enferma al salir de casa. Toma una copa de vino que le refresca su mente.
Se siente extraña, se alegra al ver unas viejas amigas, hablan y se siente bien, le hacía falta eso. La ceremonia ha pasado desapercibida para ella hasta ahora, no le interesa, un poco de banalidades, nuevos artistas, si ella les pudiera aconsejar que hay otras estilos emancipadores,… pero, ¿quién es ella para influenciar a los demás? tal vez ellos se sientan felices con eso, ella se siente feliz con su arte, ha sido libre y feliz.
Se siente agobiada y la nombran, está confundida ¿por qué la nombran? quiere irse, quiere llorar, se siente mal, la abrazan, escucha «¡felicidades, se ganó el premio!». Ella se levanta, lo recibe con incertidumbre, es una pequeña estatuilla, no sabe qué decir, solo sale un -¡gracias!-…
Piensa en un consejo para los nuevos artistas, para que descubran una visión experimental de la realidad, ellos aún pueden hacerlo, están a tiempo, ser artista es loable y es eterno, que no sean como ella, pero ya es tarde, ya se ha sentado en su silla.
Es culpable de la desdicha de otros, debió hacerlo, debe levantarse, decirlo, ¡gritarlo!, todos dirán que está loca y ¿qué importa? sí, ¡sí lo está!… ¿cómo no se le ocurrió antes? Sólo dos minutos antes, estos pobres muchachitos, con brillo en los ojos, dan cierre a la ceremonia, la invitan a celebrar, se anima, aunque no sabe qué celebra.
Se toman un par de tragos, se divierte un poco, está muy cansada, decide irse, le piden que no se vaya pero ella se levanta y se va, al fin y al cabo es libre. Se sube al taxi, tiene lágrimas en sus ojos, tiene de nuevo otra crisis, se tranquiliza, el control está en la mente, llega a su casa, sube las escaleras y se queda llorando en uno de los escalones. Se siente demasiado entusiasta.
Viene el llanto de nuevo, ya no quiere más, se ganó un premio, tiene dinero, ahhhh ¿Qué más pide? ¿Qué más desea? ¿Qué la hará feliz? Todo y nada, la soledad que embarga su vida, recuerda esas palabras de Pedro Calderón de la Barca “¿qué es la vida? una la ilusión, un frenesí“ ¿cuál frenesí? vale la pena vivir, pero en ocasiones sólo vivir…¡no esa vida! ¿Dónde están sus amigos? ¿Cuáles amigos?
Hay luchas que se hacen todos los días, fuerzas inimaginadas combatiendo, develar el camino, construirá el andar. Lo quiere todo o simplemente desea que la felicidad la embriague y “dejar soltar”.
Ella, quien le da calor a la casa, quien convierte esas cuatro paredes en un hogar, es ella misma la que suele pasar más tiempo ahí. Sus decisiones, costumbres y enseñanzas guían a sus seres queridos, aun después de que se van.
Su corazón late, suelta un suspiro y se deja caer…Recuerda el olor de la pomarrosa.
JOHANA GUERRERO MEDINA
UBTASQUA …“Dejar soltar”
2020
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