No conocía la tregua, o sea, sí conocía la palabra, pero no la había vivenciado. No conozco la etimología, pero sospecho que no es un capricho de que rime con agua, tan indispensable como para quien se pierde en el desierto y se ilusiona con oasis cristalinos, un vaso real y vital que a nivel fisiológico meta pausa a los latidos acelerados desmedidos de un corazón en falsa alerta, a una piel que quiere sin motivos despegar del cuerpo, a unos ojos que aturdidos hablan con muecas de sus pupilas disertantes… una pausa a esos fantasmas que acechan y te echan de tu propio cuerpo, un vaso de tregua que voy a tomar antes de aterrizar en tu boca…

Sea eterna la tregua, como sea eterna el agua, bebamos de esa tregua que nos hará ir disfrutando hacia un destino construido sin forzar, sea eterna la tregua para disfrutar de tus ojos, sin pensar en el hasta cuándo…

URL de esta publicación:

OPINIONES Y COMENTARIOS