El camino por donde el egoísmo pasa, es otro tipo de muerte.
Toca en la profundidad de mi puerta,
y llega con mi última fortuna: un lápiz y un papel remendado.
Creo en el milagro del clavo en la pared,
su fuerza es como la de una hormiga, que puede cargarse varias veces a sí misma.
Creo en mi sombra y su vuelo, creo en la ropa que tiembla de frío,
creo en tantas cosas… sin embargo,
nada me convence tanto como el tiempo
que sopla y sopla y no parece acabar nunca.
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