Bajo el sol inextinguible de un día común, escapó tu presencia de mi existir, y se fundió con lo inalcanzable. Dejé ir un grito en medio de la plaza; todos voltearon buscando el lugar donde la tierra se habría abierto, solo un evento así podría sonar tan desgarrador, tan plutónico. El viento tomo cada instante de ese ruido y lo volvió propio, dejándome sin voz. Pero mantuve la esperanza de que el sentimiento llegara a ti, pero fue capturado por una brisa de otoño. Perdió el sonido y lo hizo vagar, lo desarmó, lo degrado a sus partes mas insignificantes. El ruido llego a varias partes, en Madrid causó una pelea conyugal, hizo llorar un niño en Argentina, casi estalla un revolución en India, asustó a alguien en Japón, pero nunca llego a su receptor escondido.

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