Al fin mi cabeza dejó de dar vueltas y cuando abrí mis ojos lo único que podía ver eran los tenues rayos del sol intentando atravesar las agujas de los pinos. De fondo el ruido constante y ensordecedor de un río de aguas frías que bajaba con fuerza y sentía demasiado cerca. Estaba inmóvil, sin saber  dónde, pero no me percibía sola. Se oía cantar a los pajarillos en diferentes tonos y gorgoritos haciendo sonar una música de base con mezcladas melodías. Estaba como anestesiada, mi cuerpo pesaba y no podía moverlo. Pero sentía que no estaba sola. La superficie en donde me encontraba tumbada era firme y con irregularidades que sentía se clavaba en mi espalda y resultaban un tanto incómodas, pero el placer era notable, no quería moverme. Me encontraba sumida en un profundo goce y una vez más creía que no estaba sola. La naturaleza me abrigaba con solo estar ahí, realmente pertenecía a ella. Me encontraba aislada del mundo, pero mi sensación era de no estar sola. A mí alrededor se podía intuir la presencia de alguien que me velaba, que observaba de cerca mis movimientos y esperaba mi renacimiento. Intuía que llevaba tiempo buscándome y sin darse a penas cuenta se vio secuestrado por mi implacable ambición. Apenas en unos minutos se hizo conmigo. Me sentí arrollada por un suave huracán de besos y caricias. Sus manos se perdían en mi cuerpo y sus brazos rodeaban mis ganas hasta fundirlas con las suyas. Nuestras intenciones se unificaron y fueron solo una. Su cara resplandecía de satisfacción. Lucía una media sonrisa y sus pequeños ojos entornados suplicaban y pedían en silencio que no cesase el encanto del momento. Nos probamos pacientemente, lentos. Las sensaciones más íntimas y profundas se iban derritiendo poco a poco casi sin darnos cuenta. Nuestras almas sobrevolaban juntas las copas de los pinos que seguían dejando que los tristes rayos de sol las flanquearan. Emanaba en el ambiente una sensación de deleite por parte de los dos. El placer se fue alargando en el tiempo hasta que estalló envuelto en estremecimientos la escena final. No teníamos noción del tiempo ni el espacio. Solo yo con un amante.

URL de esta publicación:

OPINIONES Y COMENTARIOS