Sinopsis Vernarth Hellenic Trilogía

Sinopsis Vernarth Hellenic Trilogía

“Vernarth Hellenic Trilogía (I, II y III)
es una obra literaria de carácter mitológico, épico y fantástico escrita por el autor Mr. José Luis Carreño Troncoso. La saga gira en torno a las vivencias del personaje mnemónico y heroico Vernarth, entrelazando la mitología griega, los misterios eleusinos, deidades como los dioses mitológicos Itheoi y referencias históricas con incursiones de Alejandro Magno en dimensiones alternas o el llamado «Duoverse». Se divide en volúmenes y compendios (como Magnus Volumine: Etrestles) que abordan los periplos, anales de guerra, simbolismo mistérico y ascensos heroicos del protagonista en distintas etapas de la Hélade y escenarios liminales.”

¿Qué ocurre cuando los antiguos dioses dejan de pertenecer al pasado y comienzan a despertar dentro de una nueva realidad?

Vernarth inicia un viaje que lo llevará desde los Valles Transversales de Sudpichi hasta las dimensiones desconocidas del Duoverso, donde la mitología helénica, de las fuerzas espirituales, la parapsicología y de una misteriosa concepción cuántica de la realidad se entrelaza.

Su encuentro con Spílaiaus, una deidad vinculada al misterioso universo de los Itheoi, desencadena una transformación que cambiará para siempre su existencia. A partir de ese momento, Vernarth deberá atravesar procesos de purificación, iniciación y conocimiento, mientras descubre los secretos de los siete Anillos Íbicos y las cuatro Saetas de Zefian, instrumentos destinados a intervenir en el equilibrio de un universo que está a punto de ser transformado. En este nuevo cosmos aparecen dioses, semideidades y entidades que combinan naturaleza, materia, energía y espíritu. Aiónius, Spílaiaus, Azófar, Ibicus, Vélus, Astrágalus, Nothofagus, Scarabaeidae y Lepidóptera
forman parte de una genealogía inédita en la que cada entidad cumple una función dentro de la reconstrucción del Duoverso.

La Submitología, concepto fundamental de esta obra, propone que los antiguos mitos pueden adquirir una nueva existencia y convertirse en protagonistas de una realidad híbrida. Así, las figuras de la tradición helénica y los grandes héroes de la antigüedad son reinterpretados dentro de una nueva dimensión narrativa. Mientras los Paraps y las pantallas Othónes
conectan diferentes dimensiones, Vernarth se aproxima a una revelación que involucra a Patmos, Hades Speleothemes, Tel Gómel, Persepolis y otros territorios de esta cosmología. En el camino, antiguas fuerzas despiertan y personajes como Ulises, Heracles, Héctor, Leónidas y Alejandro Magno adquieren una nueva dimensión dentro de la épica Vernarthiana.

Vernarth Hellenic – Trilogía I es el comienzo de una saga de fantasía mitológica y cosmológica donde el pasado, el presente y el futuro convergen. Un universo está a punto de renacer.

Y Vernarth será quien abra la puerta hacia el Duoverso!!

En un universo donde la historia, la mitología helénica, la espiritualidad y las vidas pasadas se entrelazan, Vernarth emerge como un personaje destinado a atravesar los límites del tiempo y de la existencia. Guerrero, príncipe, erudito y Animal de Guerra, Vernarth cabalga junto a su inseparable corcel Alikantus —“Pezuña de Fuego”—, recorriendo Sudpichi, Tel Gómel, Persépolis y los campos de batalla asociados a Alejandro Magno. Su viaje no es solamente una epopeya militar: es también una búsqueda interior marcada por la muerte, el renacimiento, la memoria y la trascendencia. A través de los Paraps, la narración conduce al lector por episodios donde Alejandro Magno, los dioses Itheoi, héroes helénicos, entidades espirituales y personajes de diferentes tradiciones culturales convergen en una realidad extraordinaria. Vernarth se enfrenta a batallas, antiguos rituales, profecías y enigmas que desafían las fronteras entre lo histórico y lo fantástico.

El Nudo Gordiano se transforma en una metáfora fundamental de esta aventura: existen problemas que no pueden resolverse siguiendo los caminos tradicionales y requieren la valentía de encontrar una solución diferente. Entre caballos de fuego, espadas Xiphos, dioses, guerreros, oráculos, regresiones y territorios sagrados, Vernarth comienza a descubrir que su verdadera batalla no está solamente frente a sus enemigos, sino también dentro de su propia existencia.

Vernarth Hellenic – Trilogía I es una obra de fantasía mitológica y épica que reinterpreta el mundo helénico desde una perspectiva singular, fusionando historia, simbolismo, espiritualidad y una imaginativa cosmología propia. Una travesía que comienza en la antigüedad. Pero su destino está mucho más allá del tiempo.


Sinopsis Vernarth Hellenic Trilogía II

Las Tres águilas blancas decapitadas volaron desde Tel Gómel, llevaban sangre en sus garras retorcidas de espinas serosas que traían el vaticinio de su doble muerte anticipada con su doble coraza puesta, y doble casco que transmutará las sortijas de Thanatos pútrido y de heces por sus labios deslucidos débiles ante Él. Ellas anticipaban los hechos de Arbela como partida de Vernarth luego de ser advocado por el dios Itheoi Spílaiaus, determinado que se trasladara al sitio de Gaugamela pues había sido enlistado para convertirse en Comandante de Alexandri Magni Macedonis officer Primum. Alejandro El Grande le había enviado una misiva con las Águilas de vuelo bajo; todas ellas eran vestidas del hedor de campo de la niebla amarilla y negra batalla, sabiendo que el padecía de un linfoma dorsal de cuarto grado lo que implicaba por mandato de Vernarth una vez prosternado ante el dios de Kanthillana, que deseaba que se cumpliera su anhelo manifestado a través de la ilusión de su onírico resplandor traído a escena de sus vuelos sobre los bosques. Tal como era Bucéfalo en Alejandro el Grande, era el corcel Alikantus cuando perseguía los alados Gerakis que se erguían por las purgas del hocico indicándole por dónde debía dirigirse a Mosul, todo esto estimulado por las pezuñas de oro que simultáneamente se amplificaban con las fintas de sus dientes bruñidos y caninos-alanos.

Los vientos se cruzaban entre los Paraps o parapsicología que se aceleraban por el crisol cuando se reventaban por los vientos Shamal y Eolionimi, cuando iban rompiendo la Vertical con la Jáquima de su corcel codicioso al escupir sangre de Sudpichi borbotada sobre los malolientes espantadizos de Gaugamela, desvelándose en helicoidales alfombras voladoras de las catacumbas en Markazí, y residiendo en su estirpe al ir huyendo de oscuras moradas de abominables vidas que renacían vencedoras desde el ardor del culto a una ciudad que alberga su verdadera Vida y Alma. Todo indicaba que las líneas oníricas se esparcirían por todos los bosques del mundo los cuales se agitaban con mayor vigor cada vez que se estremecían por sus álgidos estertores que le agobiaban, y le hacía presentir el fuego blanco que se hizo, y aderezó la carne amputada de los fantasmas obesos que osaron huir de su boca en gracia de una ley sin espada ni escudo para ahumarla como oblea matinal Valhallica, donde ocupan los caídos asediados por sacros animales bestiales con caparazones de mansas personalidades, tal vez Asgard, tal vez Sudpichi otorgando la hostia al que queda rezagado como glorieta en Lullaby del corcel aun en su placenta. Desde la primera noche y primer Rocío del conjetural total del amedrento Ahrimána «Espíritu destructivo» o «espíritu de las tinieblas y del mal» asedió a los demonios lanzando un ataque contra Ahura Mazda, quien consigue no obstante rechazarle hasta una sumisa oscuridad que va diciéndole: «Ni nuestros pensamientos, ni nuestras enseñanzas, ni nuestros planes, ni nuestras creencias, ni nuestras palabras, ni nuestras almas están de acuerdo». Cada fragmento hacía propender en Vernarth su musculosa como el perfecto corrugado de los alazanes al derrapar de las laderas, y luego dejarse embolicar entre medio de las escapadas que le llevaban temporalmente para sortear sus apegos de paroxismo, pero no físico con destino a Tel Gómel. Todo quedaba atrás tal como un demiurgo lo hubiese pronosticado en su camino cercano al Cantar de los Gallos de Persépolis y al dilucidar del Nudo Gordiano que le traía a escasos pasos de la acometida con Brisehal.

Quien relata soy yo; Etrestles su adelfós o cofrade de Kalavrita que viene desde muy lejos a narrar esta epopeya por los sentidos de cada Paraps inducidos a la Trilogía I, desde que Vernarth pudo despejar sus dudas y avatares del laberinto de Hélades y fue convocado por ordenanza de asistir a Alejandro Magno con la fiel imagen de del dios Itheoi Spílaiaus que propondría llevarle hasta Macedonia, y continuar su hazaña épica. Seguiría por la brecha de la Fragata Strigoi cuando su ejército venía navegando, prorrumpe sobre sus escuadras una misteriosa tempestad de calientes aires de Ormuz a la altura de 665 millas de Um Kasar donde se habían encontrado con un navío procedente de la actual Rumania. Al divisarlos e intervenir dentro de esta frígida nave, nada había solo crujidos de sus mástiles y verga mayor espoloneando que presentaba telones empalizados que provenían desde la zona Sighisoara/Transilvania; donde el semejantísimo Vlad Tepes estaba sentado detrás de la cámara del capitán escribiendo en su bufete, donde queda determinada la analogía existencial entre Mardiath y Vlad tepes al demostrarle la eternidad de un cuerpo que era revestido de madera, tal cual lo sea del éter con la épsilon cuando Vernarth se adose en las manos del Mashiaj. Las gotas de Vlad reflejaron el sudor del poco oxigeno que quedaba en el universo estándar, para que luego sea vivificado por la humanidad celestial que habitaba en el espacio, similar al mar de un cuerpo que purga flotando sobre el mar de Um Kasar, aquí queda manifestado que el futuro devenir significaría un progresivo abrillantar de lo que venía por la cubierta al dar la vuelta por el bauprés recogido e impactado por unas maromas en parasitosis que brillaban cómo extraviados muslos de dioses en impetraciones sintiéndose por los chiflidos del viento. Se acerca y desciende por las oscuras escaleras tingladas con dirección a la bomba de agua de cuyas herejías esta nave Vladiana pendenciaba. Cuando me adiestro en escribir y decir quién Soy el que no Soy, solo recibo la purulencia de las multitudes en siglos por siglos no encontrando fundamento para responderme” Dicen no saber que responder debido a que no hay contenidos que se le comparen a quien no tiene Edad, Vida ni Compasión” Demostrando aquí que la similitud de vida con Vlad era muy atingente a la vida de condiscípulo que habitan en las tinieblas como lo es Vernarth en este caso. Todo este ciclo de Paraps auxiliará a Vernarth a prepararse y explayarse para esta segunda Trilogía, de tal manera que pueda alivianar su pesar para convertirlo en gran holgorio, aprestándose a tener la fortaleza de tener los conductos del Báculo de Sheesham. El Akasha del mundo material le ha prestado mientras se alentaba de la dimensión helénica y le nutria de todo lo palpable unido a su Xiphos, entendiéndose que era de aire que se calentaba junto al fuego y el agua, cuando su madre Luccica que le llevaba sus despensas en el Horcondising similar a pañcha-majá-bhuta o cinco grandes elementos.

En otros idiomas de la India esta palabra está conceptualizada como «cielo» o territorio Sagrado de Vernarth. Es la sustancia física y eterna Akasha del éter fluye por los Akasha-Nautas de cada regresión parasicológica, Vernarth se coge de un báculo llamado “Bastón de Sheesham” lo adquirió cuya vez que acucioso iba para entregarlo a su amada Toscana en la Catedral Santa María dei Fiori en unas de sus Vidas Regresivas. Lo esperaban atónito por la tiranizada fuerza de los nobles en Florencia, de la cual una vez más venia retrasado de las labranzas de la cebada y los dioses fatuos próximos al Porcellino. Esperó largas horas que saliera su amada Maddalena de la eucarística ceremonia. Esta porción del Paraps le revive del fuego del dolor y la distancia que tomaría de su romanticismo, luego de alejarse de su familia por largos años en las campañas militares del oriente. Sin duda que Vernarth, cuando iba cruzando el liminal de cada Paraps, iba experimentando trastornos que eran propios de este componente de los Akashas como residual de sus exaltaciones de politai infante, para convertirse en Agoge de los siete años; cuando se unió a Alejandro Magno siendo un infante, desalojados de sus casas u oikos para ser transferidos al Agéle o fortín. Las lecturas las hacía simultáneamente lanzando flechas con su arco después de todas las jefaturas que eran impuestas por Licurgo, Vernarth gracias a la formación que le otorgó Spílaiaus se convertiría en un Efebo exento de ego, que le llevaba descalzo por todas las parapsicologías hasta caer en los rebaños donde su padre Bernardolipo que trasquilaba lana pura del becerro negro para hacerle su Himatión, haciendo de este ritual de ovejas un raudal de pasos de años retrógrados le iban endureciendo la piel misma que el Himatión le encarnaba, tal vez pertelando que sería su homólogo Wonthelimar como Ibex al recoger las leñosas sobras del Eurotas. En esto le hace inducir en sus primeros pasos el laconismo (imperturbabilidad) con lo que resuelve los grandes enigmas, tal como lo hizo al escindir el Nudo Gordiano. Toda su formación con Alejandro Magno fue un gran elixir al frisar del dimastígosis (ritual militar de los efebos) que le ayudaría a combatir por largas semanas sin descansar como hombres desnudos hacia el fragor del Sol imponente, exulcerando incluso su Lynothorax cuando eran flagelados por los espartanos que transmitían bélicas costumbres por Macedonia. Alikantus, su corcel, era su caudillo Hippeis del Horcondising el deriva toda su energía para propiciarle su gran asistencia cuando visita a Medea como nodriza del mundo, tal como sería María Magdalena como la institutriz que aportaría a Alikantus algunas armas de disuasión para su conato de Gaugamela, además de fruslerías de las pócimas o fármacos para hacer sustentable el resistir de su morbilidad que le afectaba, luego de este modo unirse férreamente a las Falanges de Alejandro Magno. Bastarían grandes esfuerzo que irían subrayando la metafísica de Alikantus y Medea que sustrajo su Ser ,y el de ella destinada al fenecer en la total soledad en Corinto cuando cayó el Universo sobre ella, impertérrito Vernarth cayó sobre las coces traseras de Alikantus y le abrazó para convertirse en el mismo equidistante. ¡Se activa La fórmula de la pócima o “elixir”, Medea lavó en el Lete la figura que le llevó a Alikantus en una ánfora egipcia con el agua que previamente habían estado sumergidas unas flores durante 40 días bajo la sombra de Hipnos; padre de Clovis, después debía recoger tierra de un cementerio de 200 metros cuadrados frotándose el cuerpo con ella, en los desalientos! como filtros o brebajes de amor que han existido desde la más remota Tracia. Esto demostraba los dos aspectos de refuerzo de Vernarth con Medea y Alikantus como Lanza de plenos poderes que atraía todo, y las pócimas para calmarle del paroxismo de su desazón de victoria. Toda la trama iba conjunta a impasibles sesiones de hipnosis parapsicológica por todo lo que podría suceder el viaje de una existencia por recónditos espacios de existencias pasadas, fue una realidad virtual. Todo comienza desde la antigüedad donde Vernarth fue hipno-transportado para poder reencontrarse con sus connaturales camaradas demostrando ser un gran defensor de los ideales libertarios, y sobre todo no traicionar su formación de gran liderazgo del imperio más grande en inconmensurables hazañas con logros imbuidos en esta súper experiencia de reencuentro por mundos pasados, y más reencuentros por haber vivido y tornar a revivirlos.

Lo gravitante se cimentaría de la institución del Portal de Ecléctica Invisible, El santo San Juan Apóstol aparece solo ciertos días mirándolo desde lejos para animarle en sus avances, se le ve como un bello lozano vestido con una túnica con delicados tonos rosáceos cuya delicadeza repite los salmos del ángel, que le acompaña normalmente a este Evangelista rondándole con sonrojos verdes y azules del paisaje en cuadrinomio del cielo que va apareciendo en redención más allá de la gloria de la resurrección más bien súper en inteligencia espiritual. En el agua de Skalá un naufragio indica la anarquía de los hombres en su profético luminar, y en el suelo de un pequeño demonio agujereado que consigue desviar la atención de Etréstles abrumado escarbándole para no detener los movimientos del esplendor de las efusiones, y tempestades en sagrada rogativa. Este demonio podría ser Tytillinus que, según las leyendas, provocaba diabólicos pensamientos en el clero durante los oficios místicos, y es lo que temía San Juan que no les diera aprobación para ingresar y poder encomendarles la tarea que le habían vaticinado a él para los servicios en Katapausis después de tres meses. Esto gravitaría en la conexión entre Vernarth y San Juan Apóstol, para lidiar con las raíces de sus antepasados al ir forjando grandes impulsos irresistibles de retornar a Galilea, desde donde sus raíces constantemente rebotan sobre los murallones donde la fe se hace más empedernida, de tal manera de saber sortear la complejidad del retorno desde el puerto de Jaffa a Limassol, y posteriormente a Rodas con el circunnavegar que implica el tamaño de contención en lo que respecta este Portal. En lo subsiguiente predice las sagas de Judah, que celebrarán todas las peripecias de adaptación a una vida de solidez tal como lo fue en un Agoge, mas ahora de ser discípulo de San Juan Apóstol hacia el encuentro con Dios del Meshuva. Aquí nuevamente Vernarth, toma su daga y se acrimina con su corcel cortando sesgadamente la vena yugular, retrayendo la subclavia, esto establece el arcano del Paraps que vendría en la Segunda Trilogía con en el Bosque de Hylates donde todo se agita, tal como si el universo se hirviera en ácidos sanguinolentos expulsándose de toda su órbita con los aerolitos, y restos de componente de hematíe o profecías de sangre derramada por cada siglo en contienda de reinados e inapropiadas legiones de comandancias acéfalas.

Tal como en Tel Gómel, Vernarth se levanta moribundo para emplomar los pilares del mundo para re sostenerlo en el arcano ritual, haciendo lo mismo consigo mismo para renacer antes del alba cuando ambos seres en la turba briza que brillaba, el viento ascendente tremuloso de Eolionimia les iba crispando en los setos que circundaban en las Voces de Vigilia, que le secundarían antes de ir a reunirse con las tropas de Alejandro Magnus como huésped de negros clarines que irían desvaneciéndose hasta el horizonte persa. Se levanta antes del alba, recuerda su infancia y recoge una piedra azul para rozarla en los oídos y senos paranasales de su corcel para revivirle, sus piernas crecieron metros incontables para luego adaptarse a su tamaño real. Vernarth coge su Kopis la envuelve en telas del perezoso pasto cálido de la mañana y la frota sobre sus sienes, Alikanto se activa y le mira fijamente para adorarlo nuevamente en una vida más junto a Él. De este modo, al final de esta Trilogía Segunda, las almas de Trouvere serían las que gozaron de corta vida en los Pirineos para vestirle de gasa en la figura de Fe libertada detrás de los que debieron vestirla como Codex Calixtinus. Cinco acápites se elevaban por la línea recta del impulso del piramidal de Trouvere, tal base litúrgica hace honores del apéndice multidimensional del espacio con antífonas para el culto de Carlo Magno en el subyacente Patmos. Santiago fue lacerado en Tierra Santa lejos de su Hermano apóstol San Juan, pero venía a reunirse junto a los Trouvere que venían desde los escarpados Pirineos, esto deduce la hermandad que pasara por a unos 20 kilómetros al oeste de Santiago de Compostela; allí unos ángeles lo llevaron al sitio donde descansa activamente. En una barca llegó, siempre por el mediterráneo que llegará pronto a Patmos, todavía adquirente de la iconografía que procura la tentativa del hallazgo de Carlomagno, y un Codex que uniría a cristianos como Pitágoras y Aristóteles unidos en la reliquia de los contribuyentes transformados por tres fluviales marítimos, concernidos al beligerante episodio predicho para decir que todos los caminos que conducen a Patmos, como Locus Sanctus de todos los pastores sanan a sus ovejas en las que no son de otras que se ven pobladas de almas blancas para bien de otros. Así las almas de Trouvere desde los Pirineos se revelaban como predecesores del allanamiento de los cascarones a 308 metros bajo el Prophytis Ilías, con las anuencias de Estratónice que estaría llegando a Macedonia donde el pasar de los siglos hablaría de la Ruta Jacobea instruida de confrontes, y concordancias con los airones de los Trouvere amparados por un rectángulo de tres ángulos subdominantes Pitagóricos en las disipadas tinieblas del áureo y ambages astrológicos de Theoskepasti en meridiano de Kímolos, Constituyendo escalones que conformarían la cimentación de la Trilogía Tercera de Vernarth, Alexandri Magni Macedonis officer Primum. Desde la intersticial bilis del Prophytis Ilías, emanaba la inaugural armadura de códigos de euritmia de Raedus, con traza y tipología de las tres áreas requebradas de energeia púrpura que ascenderá desde la base elemental del contrafacto de la melodía del Raedus. Primero con parágrafos del Profeta Elías en la porción de los primeros 103 metros, pero otorgando al contrafacto melódico mismo con texto del Raedus. El tercer volumen de la Trilogía III, nos traerá el Apokálypsis de Vernarth Hellenic con el comienzo del Código Raedus, antes los Bosques de Hylates al encuentro del Medallón aurífero en Limassol.

Sinopsis Vernarth Hellenic Trilogía III

En la tercera trilogía de Vernarth Hellenic, el destino del Duoverso alcanza un punto decisivo. Las fronteras entre el mundo de los hombres, los dioses y las dimensiones superiores comienzan a desaparecer, mientras antiguas fuerzas que permanecieron ocultas durante eras regresan para reclamar su lugar en el orden cósmico. Los acontecimientos de las trilogías anteriores han dejado una realidad fracturada. El conocimiento de los antiguos, los secretos de los Logos, el poder del Rhema
y las fuerzas que gobiernan los mundos de Vernarth convergen en una confrontación que ya no puede ser evitada.

En el centro de esta nueva etapa se encuentra una revelación capaz de cambiar para siempre la comprensión del origen y el propósito del Duoverso. Los protagonistas deberán enfrentarse no solamente a enemigos externos, sino también a sus propias decisiones, creencias y vínculos con aquellas entidades que durante siglos fueron consideradas dioses.

Mientras el equilibrio entre Kyrios, Gehenna, Ultramundis y los territorios humanos comienza a colapsar, una antigua profecía vuelve a cobrar significado. Lo que parecía ser el final de una era podría ser, en realidad, el nacimiento de una nueva realidad. La Trilogía III conduce a Vernarth hacia su confrontación definitiva: una guerra espiritual, filosófica y cósmica por el control del conocimiento y el destino de la creación. Pero la verdadera pregunta no será quién vencerá. Será que quedará del Duoverso cuando la verdad sea finalmente revelada.

Vernarth Hellenic III
es el comienzo del último gran ciclo de una saga donde la mitología helénica, la espiritualidad, la filosofía y la imaginación fantástica convergen en una visión épica del origen, la caída y la posible transformación de los mundos.

En las profundidades del montículo Profítis Ilías, una antigua estructura de conocimiento comienza a despertar. Desde sus entrañas emerge la primera armadura de los Códigos de Euritmia de Raedus, una arquitectura melódica y espiritual destinada a revelar aquello que permanece oculto bajo la superficie del Áullos Kósmos. Los primeros ciento tres metros constituyen el umbral de una ceremonia donde los textos del Profeta Elías
se entrelazan con el contrafacto melódico de Raedus. El Aleluya
y el comienzo del Kiria discantado anuncian una polifonía que deja de ser solamente música para convertirse en una elevación litúrgica. La melodía se transforma en lenguaje y el lenguaje en energía. En este proceso aparece la Hipóstasis, entendida como la sustancia que permite que lo múltiple alcance una condición unificada. El individuo, la memoria, la profecía y el cosmos comienzan a participar de una misma realidad. A 1,7 años luz, la cuarta saeta de Zefian
atraviesa el espacio para ordenar nuevamente el Áullos Kósmos. Su trayectoria queda inscrita en el Vas Auric, donde la materia, la profecía y la luz extraterrestre convergen. La tectónica del territorio responde al acontecimiento: acantilados, fallas, bloques rocosos y capas inferiores se convierten en una gigantesca escritura geológica. Es entonces cuando las Sibilas
y el Profeta Elías ingresan en el territorio de la revelación.

La primera gran estación del códice presenta una visión de muerte, sacrificio y transformación. Una figura corpulenta y agonizante, atravesada por símbolos ecuestres y sanguíneos, representa la decadencia de un mundo que está a punto de abandonar su antigua forma. Desde la bóveda cilíndrica aparece la Sibila Pérsica, portadora de un velo y un candil. Bajo las pezuñas de Alikantus, la serpiente vencida anuncia que una antigua amenaza ha llegado a su término. Su luz no representa únicamente la salvación: es también el anuncio de una nueva era. Junto a ella comparecen las Almas de Trouvere, Estratónice, Lochnith
y Wonthelimar, guardianes de una memoria que conecta la tradición profética con los territorios desconocidos del Duoverso. Lochnith proclama que el mundo ha sido abandonado en su antiguo pontificado y que las cortinas comienzan a abrirse para permitir el ingreso de la luz. Moisés aparece como figura de tránsito entre los antiguos testamentos y una revelación futura, mientras los tronos de las Sibilas y los Profetas adquieren una nueva función dentro de la arquitectura espiritual de Vernarth. La geografía sagrada se expande desde el Helesponto y de la Dardania hasta Jerusalén y culmina en Bethlehem, estableciendo correspondencias entre territorios, profecías y memorias ancestrales. La figura de Ein Karem introduce otra bifurcación del mapa sagrado, vinculando el espacio físico con el baptisterio y con el nacimiento de una nueva dimensión espiritual.

Finalmente surge la Primogenitura Hexagonal, cuyo mandato se expresa mediante hexámetros y los hectómetros. La geometría se convierte en lenguaje profético y anuncia la llegada del Iscatón: un tercer mundo entendido como una realidad que es consistente, capaz de conducir a los habitantes del Duoverso hacia una existencia plena. Paraps LIII — Códice Raedus inaugura así una nueva etapa de Vernarth Hellenic III: un viaje donde la música se convierte en liturgia, la geología en escritura, la profecía en arquitectura y la luz en materia de revelación. El destino de Raedus, Zefian, las Sibilas, los Profetas y las almas antiguas queda unido a una única pregunta:

¿Es el fin del mundo conocido o el nacimiento del tercer mundo?

Desde el Séptimo Cielo, la Cuarta Saeta de Zefian
desciende después de una interminable trayectoria elíptica. Su caída atraviesa el Bucle de Bernard y las nebulosas de la constelación de Orión, penetrando los complejos moleculares de Aorion como una fuerza capaz de alterar la propia arquitectura estelar.

Sobre la cabeza del corcel Alikantus, el célebre corcel de Vernarth, Zefian transporta la Cuarta Saeta mientras las estrellas se forman, colisionan y se desintegran alrededor de su trayectoria. La energía del impacto despierta antiguas resonancias vinculadas con Eneas y Anquises, cuyas grebas y armaduras parecen haber sobrevivido en una dimensión donde la materia, el tiempo y la memoria histórica permanecen unidos. Después de millones de años de transformación, la Saeta llega convertida en una entidad estelar fugitiva. Su destino es Troya, donde Zefian y Alikantus deben aterrizar para comenzar una nueva etapa de la misión.

En Hisarlik, la antigua Troya de Anatolia, las ruinas arqueológicas dejan de ser simples vestigios del pasado. Los restos del caballo, las estructuras monumentales y los fragmentos metálicos comienzan a responder a la presencia de los dos viajeros. Las señales de carbono, las emanaciones homéricas y las estructuras enterradas revelan que Troya posee una naturaleza mucho más profunda: es también una estructura dimensional.

“El tiempo comienza a quebrarse”

Los siglos dejan de avanzar de manera lineal y los acontecimientos pueden desplazarse hacia épocas anteriores o posteriores. Zefian y Alikantus se convierten en multi-nautas, capaces de intentar atravesar los diferentes estados temporales mientras sus cerebros se adaptan a las alteraciones cuánticas de la biosfera terrestre. Desde las ruinas de Hisarlik emergen señales que los conducen hacia el Profítis Ilías. Allí deberán desbloquear una arquitectura virtual capaz de sincronizar las diferentes temporalidades y establecer una nueva bitácora hacia la Isla del Apocalipsis: Patmos.

Pero Troya conserva una memoria dolorosa.

Las imágenes de los Aqueos, las ruinas y los antiguos Hippeis reaparecen entre metales fundidos, escudos de bronce y estructuras pertenecientes a un mundo anterior al mundo conocido. Anquises
comprende entonces que la verdadera Troya jamás fue solamente una ciudad.

Fue una galería estelar isobárica, un lugar que estaba situado entre mundos y protegido por una realidad que ningún conquistador podía alcanzar completamente. La aparición de Yaso, semidiosa asociada a la medicina, introduce otra dimensión de la misión. Las heridas producidas por las parapsicologías cuánticas de Vernarth deben ser tratadas antes de que los cuerpos de los multinautas queden definitivamente fusionados con los metales de la Saeta y las armaduras ancestrales.

Mientras Alikantus contempla las ruinas y los antepasados atrapados en los restos de Troya, Zefian debe tomar las riendas y conducirlo hacia el próximo destino. El corcel se resiste a tener que abandonar Hisarlik, pero finalmente emprende el camino hacia el Áullos Kósmos. Tras ellos quedan las llamas, los metales, los ecos del tercer milenio antes de Cristo y la memoria de un Hippeis que alguna vez transportó cobre y estaño para construir las armas del Megarón.

La poesía de Arquíloco acompaña la partida como un timbal de guerra, mezclándose con el phármakon,
la alquimia, los metales preciosos y los versos homéricos. Así, Troya deja de ser el final de una historia antigua y se convierte en la puerta de entrada a una historia cósmica.

Zefian y Alikantus abandonan el sexto estrato de Troya mientras la Cuarta Saeta permanece como una señal suspendida entre las estrellas.

El próximo destino será Patmos. Y allí comenzará la preparación definitiva del Áullos Kósmos Megarón Séptimo Cielo.

Los Diadocos huyen del Vóreios de Zefian mientras antiguas progenies se preparan para enfrentar la llegada del Cuarto Bestiario. Detrás de ellos avanza la Tercera Bestia Imperialista, representación monstruosa del mundo helenístico: un ser con garras de oso, colmillos capaces de triturar las criaturas del Egeo y atributos simultáneos de dragón, felino y león.

El enfrentamiento de las bestias desencadena el Inter-Bestiario, una fuerza que rompe el paralelismo entre la Anfictionía y el Apocalipsis. La antigua violencia imperial queda así convertida en una prueba espiritual.

En el centro de esta transformación se produce un acontecimiento imposible: Alejandro Magno es llamado nuevamente desde su larnax en el Profítis Ilías.
Su resurrección no significa recuperar el imperio que conquistó mediante la sangre y la corrupción. Por el contrario, Alejandro debe enfrentarse a su propio drama existencial y aceptar la posibilidad de convertirse en un Rey Convertido.

Para acceder al Séptimo Cielo deberá abandonar la raíz del Inter-Bestiario y superar las garras del oso y las armas del león. Su nuevo imperio ya no será territorial: será un dominio espiritual destinado a reparar aquello que destruyó durante su vida.

La antigua profecía délfica de la Sibila Herófila
interviene entonces en la cronología de Troya, modificando las relaciones entre islas, culturas y divinidades. Vernarth reorganiza el antiguo mundo de dioses y semidioses y comienza a establecer una nueva taxonomía de la realidad.

La misión conduce hacia Tempe, en Tesalia, donde la iglesia de Agia Paraskevi se convierte en un punto de triangulación sagrada. Allí convergen tres fuentes: La Fuente de Aretusa, la Fuente Castalia y la Fuente de la Vida de Patmos.

Las tres representan diferentes dimensiones de una misma corriente de existencia.

En este punto reaparece la tragedia de Eurídice y Aristeo. Eurídice vuelve a alejarse para evitar la serpiente que una vez determinó su destino, mientras las abejas de Aristeo, condenadas a desaparecer, reciben una nueva oportunidad gracias a las abejas de Vernarth y a las abejas de Getsemaní.

La antigua mitología es entonces sometida a una reconciliación submitológica. Los dioses ya no aparecen separados por sus tradiciones. Se toman de la mano, pierden sus antiguas categorías de género y jerarquía y comienzan a compartir una condición divina común dentro del Séptimo Cielo. La llegada de la primavera abre una nueva estación del Duoverso.

Mientras el invierno, el Jamsin y las antiguas fuerzas del viento disputan el territorio, Zefian conduce a Alikantus hacia una gran morada donde se encuentra una mesa interminable.

El Banquete del Mataki.

En el centro aparecen:

siete candelabros;

siete paneras;

siete cálices;

las abejas de Getsemaní;

las abejas de Aristeo;

el pan de eternidad;

el agua de las fuentes sagradas;

y el Mataki, mantel encantado destinado a corregir las antiguas transgresiones.

La mesa representa lo contrario de los antiguos dioses crueles que reniegan de sus hijos. Aquí las divinidades son huéspedes y participan de una comunidad fundada sobre la gratuidad, la penitencia, la tolerancia y la reconciliación.

El pan de Lakhma adquiere una dimensión eucarística y metafísica. La masa, la leche de cabra, las aceitunas y la levadura de Capadocia se convierten en símbolos de una alimentación espiritual capaz de transformar incluso aquello que había sido corrompido.

Las Iaspis o Jaspes comienzan a emitir destellos verdes asociados con la vida. Zefian deposita en ellas una nueva energía, mientras los ojos de Alikantus actúan como receptores de una sustancia procedente de las fuentes y de la atmósfera encantada del Mataki. Leiak aparece como mediador de las aguas y de las libaciones. El agua, el vino y los cálices dejan de representar solamente como los alimentos rituales para convertirse en instrumentos de purificación. Cuando llega la noche del tercer sueño, el Mataki se transforma. Miles de arañas cubren sus pliegues y forman una arquitectura viviente. Las arañas hoplitas comienzan a organizarse como unidades especializadas, reproduciendo en el mundo entomológico las estructuras militares de la antigua Grecia.

El pasado y el futuro se superponen en los vasos áticos. Las imágenes de Constantino V, Filipo II y los antiguos hoplitas aparecen como fragmentos de una memoria militar que busca reinterpretarse. La batalla de Queronea
deja de ser solamente un episodio histórico y se transforma en una escena simbólica sobre la unificación, la conquista y el precio del poder.

Filipo II aparece como “Amante de Corceles”, unido simbólicamente a sus caballos y a una lanza que atraviesa corazones. La sombra de Pausanias de Oréstide, guardia real y figura relacionada con su muerte, vuelve a aparecer en la nueva iconografía. Pero en el Séptimo Cielo la historia no puede repetirse exactamente como ocurrió.

Los antiguos vencedores y vencidos son convocados para contemplar sus propias consecuencias. Alejandro debe aprender a gobernar sin conquistar.

Las bestias deben aprender a coexistir. Las abejas deben sobrevivir a su antigua maldición. Las fuentes deben volver a comunicarse. Y el pan debe alimentar tanto al cuerpo como a la memoria. Así, el Inter-Bestiario se transforma progresivamente en una Anfictionía Universal, donde Troya, Delfos, Tesalia, Getsemaní y Patmos dejan de ser lugares separados y pasan a formar parte de una misma arquitectura espiritual. En el centro de esa arquitectura permanece Zefian.

Y frente a él, el antiguo conquistador Alejandro Magno debe decidir si continuará siendo una figura del pasado o si aceptará definitivamente su transformación en el Rey Convertido del Séptimo Cielo.

Después de la clausura del gran banquete del Opson de Cebada y de Vid, el Áullos Kósmos entra en una nueva etapa. Cuatro Querubines
ocupan los chapiteles del futuro Megarón, estableciendo los cuatro puntos fundamentales de su geometría sagrada. Solamente Vernarth y San Juan permanecen en este espacio después de la despedida del cenáculo. El ambiente recuerda simultáneamente al diálogo del Fedón platónico y a una última conversación apostólica antes de una transformación definitiva.

Los Querubines sostienen sus Salpinx, trompetas sagradas capaces de proyectar sonidos a través de kilómetros. Sus notas producen corrientes de aceite, agua y viento que recorren los fundamentos invisibles del templo. Los instrumentos dejan de ser simples trompetas: se convierten en dispositivos hidráulicos y acústicos capaces de transformar la materia mediante el sonido. El aceite de oliva procedente de Berna y de los antiguos territorios etruscos atraviesa los conductos del Megarón y alcanza Patmos. El Hydraulis
se convierte en una extensión musical del templo, mientras los Querubines sincronizan sus emisiones con las cuatro alas circulares de sus bocas. Vernarth y San Juan contemplan el fenómeno mientras beben agua de calabazas y tomillo. La conversación adquiere una intimidad inesperada. Vernarth solicita agua hervida para llenar nuevamente su cerámico. San Juan responde con afecto y anuncia la llegada de Etréstles. Los tres comprenden que deben reservar sus fuerzas: el verdadero trabajo que comienza ahora.

No se trata simplemente de levantar muros. Deben construir una estructura capaz de existir simultáneamente en el espacio físico y en el micro Áullos Kósmos. Los chapiteles, la acrótera, el arquitrabe y los estribos comienzan a adquirir una función cósmica. El Liber Consecrationum del Kósmos proporciona las fórmulas necesarias para sincronizar voluntad, altura, materia y espíritu. Mientras Vernarth descansa, San Juan toma un pergamino y lo divide. Sobre la superficie gris dibuja una estrella de siete puntas, convirtiéndola en un símbolo protector sobre el lecho de su discípulo. La estrella representa la paz que deberá extenderse sobre el mundo y anticipa la arquitectura espiritual del Séptimo Cielo.

Durante la noche, Vernarth entra en un sueño profundo.

A su alrededor aparecen borricos, flores, semillas y criaturas organizadas en una extraordinaria taxonomía que conecta anémonas, ammonites y formas helicoidales con la estructura del cuerpo humano. Los animales dejan de ser simples criaturas del mundo físico.

Se convierten en unidades geométricas vivientes.

Los Oniros aparecen entonces como arquitectos del sueño. Le muestran a Vernarth que la naturaleza posee una clave matemática que es común: la proporción áurea. El rectángulo dorado aparece frente a él. Sus lados, sus diagonales y sus laterales espirales comienzan a reproducir las estructuras observadas en los ammonites, los pétalos, los rizomas y las nervaduras de las flores. La naturaleza se convierte en el plano secreto del templo.

Vernarth comprende que el Megarón no debe imitar simplemente la naturaleza. Debe resonar con ella. La arquitectura, la música y la biología comienzan a compartir una misma gramática. La euritmia
se convierte entonces en el principio que permite unir sonido, proporción y materia. Los arcos responden a las melodías; los intervalos musicales se traducen en distancias arquitectónicas; las proporciones pitagóricas determinan la distribución de los espacios. Los Oniros revelan finalmente la fórmula fundamental de la construcción y anuncian que el primer paso ha sido completado: el frontispicio del templo ha comenzado a ensamblarse con la Cuarta Saeta de Zefian.

La Saeta deja de ser solamente un instrumento de navegación cósmica. Se transforma en el punto Alfa del Megarón.

Cuando Vernarth despierta, todavía permanece rodeado por los borricos. Los abraza y reconoce en ellos una compañía inesperada. Su sueño le ha permitido acceder a dimensiones de la conciencia que durante siglos habían permanecido fuera de la memoria humana. Al despertar, comprende que ya no percibe las distancias de la misma manera. El límite de su brazo, la dimensión de una flor, la trayectoria de una estrella y la geometría del templo pertenecen ahora a una misma estructura.

Vernarth saluda a sus compañeros y descubre que el cerámico todavía permanece en sus manos. Pero lo verdaderamente importante no está en el recipiente.

Está en aquello que ahora puede ver.

El Megarón ha encontrado su primera proporción. La Cuarta Saeta ha encontrado su punto Alfa. Este fragmento amplía de manera importante el Códice Raedus, porque sitúa a Zefian y Alikantus en Troya/Hisarlik y conecta la caída de la Cuarta Saeta con el tránsito de su dimensional hacia Patmos y el Áullos Kósmos Megarón Séptimo Cielo.

Desde el Séptimo Cielo, la Cuarta Saeta de Zefian desciende después de una interminable trayectoria elíptica. Su caída atraviesa el Bucle de Bernard y las nebulosas de la constelación de Orión, penetrando los complejos moleculares de Aorion como una fuerza capaz de alterar la propia arquitectura estelar. Sobre la cabeza de Alikantus, el célebre corcel de Vernarth, Zefian transporta la Cuarta Saeta mientras las estrellas se forman, colisionan y se desintegran alrededor de su trayectoria. La energía del impacto despierta antiguas resonancias vinculadas con Eneas y Anquises, cuyas grebas y armaduras parecen haber sobrevivido en una dimensión donde la materia, el tiempo y la memoria histórica permanecen unidos. Después de millones de años de transformación, la Saeta llega convertida en una entidad estelar fugitiva. Su destino es Troya, donde Zefian y Alikantus deben aterrizar para comenzar una nueva etapa de la misión. En Hisarlik, la antigua Troya de Anatolia, las ruinas arqueológicas dejan de ser simples vestigios del pasado. Los restos del caballo, las estructuras monumentales y los fragmentos metálicos comienzan a responder a la presencia de los dos viajeros. Las señales de carbono, las emanaciones homéricas y las estructuras enterradas revelan que Troya posee una naturaleza mucho más profunda: es también una estructura dimensional.

Patmos.

El corcel se resiste a abandonar Hisarlik, pero finalmente emprende el camino hacia el Áullos Kósmos. Tras ellos quedan las llamas, los metales, los ecos del tercer milenio antes de Cristo y la memoria de un Hippeis que alguna vez transportó cobre y estaño para construir las armas del Megarón.La poesía de Arquíloco acompaña la partida como un timbal de guerra, mezclándose con el phármakon,
la alquimia, los metales preciosos y los versos homéricos.

Así, Troya deja de ser el final de una historia antigua y se convierte en la puerta de entrada a una historia cósmica. Zefian y Alikantus abandonan el sexto estrato de Troya mientras la Cuarta Saeta permanece como una señal suspendida entre las estrellas.

El próximo destino será Patmos. Y allí comenzará la preparación definitiva del Áullos Kósmos Megarón Séptimo Cielo. Venían unos diadocos escapando del Vóreios de Zefian, barcos de Beocia se desposaban con dinásticas de nuevas progenies de sus infantes que les preparaban para el cuarto Bestiario que a su vez también escapaba del tercer Bestiario del oso que hacia trizas lo que se presentaba dentro de sus garras y sus fauces. La tercera bestia imperialista del bestiario era Helenístico; tenia garras de Oso triturando con sus colmillos los peces del mar Egeo, éste a su vez trataba de agarrar con su hocico el dorso del dragón con patas de oso y las garras de acero del felino para tenderlas sobre sus fauces de león, desencadenando el inter-bestiario que les cercenaba el paralelismo de la Anfictionía y Apocalipsis, convocando a Alejandro Magno para revivirle de su larnax en el altísimo Prophytis Ilías, esto conllevará ablución de su alma y apropiación de su nuevo imperio del Séptimo Cielo para expiarse de las atrocidades de su imperio de Sangre y Corrupción. Alejandro Magno estaba consciente de su drama existencial de eternidad, para poder aspirar a ser ungido como un Rey Convertido, prescindiendo de la raíz del inter-bestiario en garras del oso con las garras de acero del león del cuarto bestiario, todos navegaban por un mástil mayor iniciándose desde la profecía délfica de Herófila que transfiguró la cronología de Troya por más recursos isleños en nuevas culturas de dramáticas deidades con más de doce deidades que tenían que incluir más semi-dioses que Vernarth había disuadido totalmente de la plaga de Aristeo causando grandes deshonores por la taxonómica animalia que iba en su vanguardia re-nivelando matices cielos, también los océanos que se erigían mayormente en cota del Hisarlik con treinta tres metros sobre el nivel del mar más tantos de la caverna a 269, bajo el Prophytis Ilías de 798 en consecuencia de parapsicología paralela con Troya. La misión civilizadora trascendental teológica trepidaba hasta el valle de Tempe; Tesalia concretamente en el pequeño valle, en iglesia Agia Paraskevi para altares que devolverán ancestrales dominios de localidad a sus voces cerca de la fuente de Aretusa, desde aquí triangularan la magnificencia libertaria de la animalidad de las abejas de Getsemaní para recíproco de la fuente de la Castalia, hasta la Fuente de la vida en Patmos como segunda Venida del Jesús, desde donde Eurídice siempre rehuirá como una vez fue alejándose de Aristeo, para no ser mordida por la serpiente. Todo este trasunto de doble consecuencia de la ninfa Eurídice inmortal traía dádivas para cada componente de la Primogenitura Hexagonal haciendo que las abejas de Aristeo no murieran siendo salvadas por las abejas de Vernarth, que les redobló de la submitología pendiendo de ella como narrativa clásica paralela en edificación del Duoverso bajo el Áullos Kósmos, las tres fuentes quedaban unificadas con Vóreios, convirtiéndose en patrimonio de dioses moshaicos para bien de sobresaliente virtud Mitológica con paralelismo sub-mitológico con dioses condicionados en la divinidad Rabínica, emprendían el descenso glamoroso con los evapores de Delfos con su etanol, paliando a Alikantus hacia el peregrino resultante de su connotación de corcel taurino próximo a un carnero, más de psíquico magnetismo Délfico salvando potenciales víctimas con la derogación del mundo apícola de Aristeo. Los dioses de Fe se fueron tomados de la mano, en algunos casos no reconocían su género ni status, más bien condición divina e inefable del irredento Séptimo Cielo ad libitum de Titania lideraba como abstracción mental de laberintos pro olímpicos, que no han nacido bajo el alero del mismo. Llegaba la primavera, el invierno se arremetía arrogándose en las violaciones y raptos de las flores que no germinarían, que se irían por el promiscuo ocaso que se hacía de la alborada en algunas especies que si germinaron en el borde indefenso. El convertido Alejandro Magno acariciaba la túnica que miraba más que la que usaba la doncella, el miraba hacia su propia clámide que no le hacía indefenso de su mirada en capacidad de transformarse en un Rey Convertido, casi como un hermoso león celeste después de dejar los gestos libidinosos de Astarté como diosa foránea y madre del levante que le hacía dudar de la lluvia que se refinaba como gregaria anfitriona en las célibes mujeres que intentaron exabruptos de Alejandro Magno al quitarle el velo de oscuridad de Astarté, en casos de amores perdidos del trasunto Bosque de Hylates o despertar de los Apeninos cuando era el trofeo de un félido tetra alado en aposentos de los desbocados Boyard de Carlo Magno. La lluvia bañaba milenios que recorrían desde el boreal de Vóreios hasta los dementes Argivos espacios en el Peloponeso donde la primera doncella cuelga sus trenzas dieciséis veces hasta cuarenta veces más ante todas las novias que se desvelan en horas que no han jurado misoginia eterna. La primavera sirvió al invierno hidromiel con vino de última cosecha dulce del valle de la llanura de Sharon, ambos se abrazaron por el Jamsin, riñendo en la arena que había acaparado Zefian antes de encantarse por el intervalo de Delfos. Las horcajadas de norte y sur secaban acerados empedrados del polvoriento suelo donde el Jamsin reverbera padecimientos por más de cuarenta y seis semanas haciéndose presa ligera en el canto de tres fuentes de la Vida, la Castalia y la fuente de Aretusa. Se veía una roja macha solemne sobre el poco cielo que cegaba en sillerías que sujetaban los intramuros del Túnel de Viento, respirando sobre el Jamsin convirtiéndole en murales de polvo forzados a encauzarle para estar siempre levitando en borbotones que desgranaban gotas de lluvia, arena en las perturbadas animaciones eléctricas que le hacían poseso en los chapiteles al mero tono del mármol líquido que ya hablaban de la modernidad Helénica de la barbarie del Ruah Qadím, desterrando el chapitel del viento del este durante cincuenta días. Las luces y festejos se veían iluminar desde la altura temida al bajar de aminorada luz del cirio amplificado, resemblaba todo en una gran morada donde estaban sentados en una larga mesa que no poseía final en el centro de siete candelabros, sietes paneras, con un cáliz, estaban chismorreando junto a las abejas de Getsemaní que hacían de todo en sus glosas y de néctares que celebraban en palacetes relumbrados del tránsito de los molletes de San Juan y su Hexagonal, Raeder se colgaba de los Gerakis rojos y azules con dorados filones que hablaban de cenar y su oblar. Comenzaban a sentarse lejos de los dioses crueles de aquellos dioses que reniegan de sus hijos, que eran engendrados por cruelísima y castísima reconversión al hospedarse en el Olimpo como huéspedes, al contrario de sentarse en esta mesa de gratuidad del muy preciado elixir con deidades Frigias invitadas, que solo reían y propiciaban el secretismo de panes de eternidad, bienestar que estaba supeditado a la tolerancia consciente de quienes esperan un fastuoso banquete en una mesilla con estas condiciones con talante, y su prolongada perspectiva de manteles de penitencia, persignación en exóticos quehaceres. Abrevaban las pendías ovejas en ramas de frutas que colgaban de la cornucopia, las panificaciones hacían alterar las enzimas de algún áspero dirimir contra Asia, la que Leiak urdía de una benévola hechicería dándole de sorber agua del mar potable de Asia Menor frente a una iluminada Troya. La se mesa hacía de sietes paneras, siete muérdagos que escoltaban los panes de gluten que espolvoreaban fuertes vientos de Persephone de ir cayendo precipitada ansiando encontrarse con Deméter; esta la recoge del vendaval con su pies pulverizando los granos blandos del Hapalos Artos, con la leche de cabra, y olivas que le ungiría en las uñas mismas de su hija Persephone al constituir limpiárselas con blancas hojas de la masa esponjosa. Solía llamarse levadura de Capadocia hasta llegar a orillas del pan noble que se instalaba en la mesa como pan de Lakhma como metafísica de la Eucaristía, que se llevaba a cabo sobre el mantel blanco que se encogía cada vez que le tomaban como doméstico pan al enrollarse en airadas partes del mantel Mataki, para sanaciones que prosiguen de acciones protectoras de quienes usufructúan de una buena alianza del agua, el pan sobre la mesa solazaba con malos pensamientos que enfurecen maltraídos telones gruesos de abundancia y prosperidad de lo mal habido. Las Iaspis o Jaspes resemblaban supra escaldadas de pertenencia natural, autenticidad que rutila en rareza que hacía no más hacer bufones del sudeste de Asia, ni de Asia Menor. Los destellos verdosos hablaban de vida a toda salva de caber seguido desde una brizna de destello depositado por Zefian viniendo y planeando en el zafral, sujetándose de unas vetas de los ojos del zafiro de Alikantus que se adaptaban a sorber del denso manantial que flotaba por las atmosfera del Mataki, para luego escanciarlo en cálices absorbidos por la hechicería de Leiak hablando de lapsos superiores de cualquier numeral conocido má del septuagésimo anteceder al actual. Este martirio del Mataki hacia segregar el esófago de Leiak con afán de sommelier que sorbe el agua destilada de las cañadas sobre cálices que aminoraban la crueldad malamente delictiva de los que no saborean las comidas por otra cena enhorabuena, si es que hubiera fracaso de un Cáucaso donde elixires de vino moscatel mistela, santificado sean sacados debajo de la mesa de San Juan. Todo era ascendente ambicionar para cualquier hígado que codiciara esta mesa de Mataki para quien acordonó las montañas e hizo de los valles abrazarse unos con otros, para unicidad de islas del Dodecaneso, la totalidad de quienes soltaron su timidez no les permitió referir beber o comer si depusieron poner sacro oído a Zefian cuando él llegaba a Patmos como catadura física, no lo espiritual haciéndose efectivo en quien brinda con moscatel para t las doncellas estrellas que le siguieran arriba violando sellos que les tenían prisioneras, entonces recién ahí el ojo del Iaspis se hizo de kilates para su re calcular sometiéndoles al resguardo para significar y reunirse a estas horas entre siete polyélaios, siete diskopótira inmediato en la bolsa de los fasmatémporos o Paneros Hechizados para degustar. Se aproximaban las autocorrecciones con nigromancias de Leiak, tomaban siete candelabros o Polyélaios, los siete cálices o Diskopótira inmediato a la bolsas de los Fasmatémporos o de las paneras los delitos que arcaicamente eran reposicionados en este mantel Mataki encantado por Leiak, el pecado se autocorregía en paralela línea del desliz doblemente marcado como pecado de omisión de la violación concesionada del deseo de autocorregirse del desierto plenamente vacío teniendo las manos con cera del candelabro del hechizo de Kerós o de la cera elaborada por las abejas de Aristeo para complacencia de avatares de presencia en este banquete inaugural, de libaciones que derramaban parte de lipoides de las abejas de Getsemaní, junto con las de Aristeo para limpiar el suelo mezclado con parasitarias arañas que libaban leche que caía de sus rituales. Al caer la noche del tercer sueño, el Mataki se arrugaba por miles de artejos de patas de arácnidos que se apareaban del trocanter de la araña bañado de leche con vino de Corinto, los precautorios no les despertaban del tercer sueño cuando recién partían el pan haciendo primicia con la libación, con alcuzas que refulgían superpuestas en iconos de vasos áticos, he aquí la fastuosa indumentaria del mundo entomológico bajo miles de arañas sobrecargadas en doblez del el Mataki, en este sobrecargado sobre el mesón de la encina que le sostenía hacia la totalidad del Tágmati en conformación de un modelo de arañas hoplitas que irían transformándose en unidades dotadas y especializadas conformadas por deprecatorios de abejas de Aristeo al equilibrar el desnivel de la mesas adosándoles de barbadas figuradas en iconos de los vasos, donde veían estas imágenes de futuro y pasado con el Tágmati con expresiones bizantinas de Constantino V, Filipo II erogando financiamientos para el nuevo uniforme militar de los hoplitas que eran completamente financiados por las arcas griegas, nombrándoles hegemón de la Anfictionía después de que Filipo penetró en Grecia central venciéndoles en la batalla de Queronea (338 a.C.) a tebanos y atenienses aliados, aquí siete mil de los caídos aliados atenienses y los tebanos que agraciaron con la figura de Demóstenes, para los nuevos vasos encriptados con icónicas imágenes de Filipo “ Amante de Corceles ” donde una lanza cruza corazones en vástagos de sus caballos en el corazón de él también, agraviado por el paje Pausanias de Oréstide como guardia real.

Este nuevo fragmento funciona como una continuación del Códice Raedus, pero ahora desplaza el eje hacia el Inter-Bestiario, Alejandro Magno, las tres fuentes sagradas y el banquete del Séptimo Cielo. La idea central que emerge es la reconversión de la violencia imperial en una misión espiritual y civilizadora.

José Luis Carreño Troncoso

Etrestles / Researcher & Author

https://orcid.org/my-orcid?orcid=0009-0007-4078-2800

URL de esta publicación:

OPINIONES Y COMENTARIOS