Sin querer queriendo te quiero y te quise.

Sin querer queriendo te quiero y te quise.

Beatriz Carrera

09/12/2025

Yo lo pensé, tú lo dijiste «¿Dónde estuviste todo este tiempo?». ¿Cómo en un mundo de redes repleto de millones de personas, coincidimos tú y yo?.

Quién diría que solo bastaba estar a una pizza de distancia para ser lo que hemos sido y estar donde estamos. En ese instante te vi y me pregunté ¿Qué me gusta más, la pizza o tú? Pero cada día fue pasando y se sumaron más razones a tu favor. 

Debo confesar que estos primeros párrafos los escribí hace tiempo, perdón por la demora creí que la vida me prestaría más tiempo para continuar acumulando cada una de las cosas que me gustan de ti. 

Las conversaciones infinitas en las que el tiempo perdía sentido, las miradas que no necesitaban palabras para reconocer lo que ambos sentíamos, los abrazos acompañados del sonido de mis huesos mientras mis pies se elevaban del piso, las risas escandalosas al unir nuestra torpeza y rareza, compartir el mismo gusto desde la música hasta la pizza con mayonesa, la coincidencia de tomarnos de la mano y que el arte de nuestros brazos se complementaran, y tu magia de capturar a través del lente mi esencia y vulnerabilidad como nunca antes. 

Escuchar tus historias y unos cuantos malos chistes, verte bailar y ver tu ilusión por lo que te apasionan, comer el mejor ramen hecho por ti y comer juntos mi nuevo helado favorito, y admirarte tanto por lo talentoso que eres en tu trabajo y tu energía inagotable sin importar cuan cansados sean tus días. 

Gracias por ser mi mejor maestro y espejo, por ser lo más real que he tenido, por darme la confianza para mostrarme como la imperfecta que realmente soy y conocerme aún más a mí misma. Gracias por compartirme tu gran corazón y sentimientos, por tu calidez y delicadeza hacia mí. Gracias por escucharnos, por cuidarnos, y por acompañarnos. Gracias por traer tanta luz, alegría, esperanza e ilusión a un mundo roto y oscuro como el mío. Gracias por tu paciencia en mis malos momentos y por tu apoyo cuando lo necesité. Gracias por ser mi lugar seguro, por darme tu pecho o tu hombro para llorar. 

Gracias por tu cariño hacia mis gordos y hacia las personas que más amo. Gracias por ser mi lado derecho en la cama y mi lado izquierdo al volante.  Gracias por todas esas veces que compartimos un «te amo» con nuestros cuerpos y almas. Gracias por hacerme sentir hermosa aún con chongo y algunas inseguridades. Gracias por las flores y los detalles, por siempre abrirme la puerta y cambiar conmigo de lugar al caminar por la calle, por arreglar las puertas chuecas de mi casa, y por mantener siempre lleno mi filtro de agua. Gracias por permitirme ser parte de tu familia, tus amigos y tu trabajo.

Y así la lista podría continuar, perdón por no compartirla contigo antes, por opacarlas al mencionarte las cosas que no eran tan buenas. Perdón por el daño que causó mi cerebro, mi terquedad, mi impulsividad, mi ansiedad, mis miedos y mis heridas. Perdón por mi dureza, mi exigencia y mi perfeccionismo. Perdón por mis errores y por las veces que me equivoqué. Sé que ambos hicimos lo que pudimos de la manera que sabíamos hacerlo, y que teníamos las mejores intenciones.

Quiero que sepas que te perdono, y si tengo que soltarte lo hago únicamente por ti y no por que sea lo que yo realmente quiero. Te amo tanto que no tolero la idea de que seas infeliz y ser yo la causante. Realmente creí que nuestra historia no tendría un final si no un «continuará», que seríamos resistentes a toda prueba y nos uniríamos cada vez más fuertes, que lograríamos balancearnos mutuamente y que creceríamos juntos. Aún con toda mi disposición y todo el amor que tengo por ti, no me queda de otra más que, aceptar que no puedo forzarte a algo que no quieres, que no puedo hacer que mi dolor sea tu dolor, que no puedo controlar la percepción que decidas tener de las cosas, y que no puedo ser como otras. 

Mi lógica jamás logró ganarle a mi corazón. Jamás me arrepentiré de haberlo intentado contigo todas las veces necesarias. Te entregué todo de mí sin dudar, aún cuando tengo de sobra heridas y decepciones del pasado. Lamento no haber sido lo suficiente para ti como para elegirme y quedarte. Te mereces lo mejor de este mundo, cuanto desearía haber podido ser yo quien te lo diera, pero me quedo en paz sabiendo que hice todo lo que pude hasta el último momento. Ojalá algún día puedas verte como mis ojos te ven, y que sepas lo valioso e increíble que eres. 

Supongo que debo tomar tu silencio, distancia y ausencia, como tu decisión de dejarme ir. Mientras tú te llevas mi esperanza, yo me quedaré con nuestro helado en el congelador, con el banco del desayunador para ti, con la televisión nueva para ver nuestras series, con mi carro nuevo para viajar juntos, con todas mis ganas de pasar junto a ti las fechas especiales de diciembre, y con la ilusión de ser tú mi último y primer beso del año.

P.D. Soñaba con que algún día fuera la lectura que te haría ante un altar. 

URL de esta publicación:

OPINIONES Y COMENTARIOS