Sara se dispone a beber té

Sara se dispone a beber té

Callas

29/04/2026

El rostro calmo de mujer sin maquillar. El sol, la sombra del laurel, la tarde, el césped. La mesa de madera y el mantel a cuadros rojo y blanco. La jarra con su té, la espalda recta, las manos quietas, prestas, a ambos lados del menú, a la espera de la orden (de nadie, de vos misma) de comenzar. Una sola taza, blanca. Dos o tres scones equidistantes en un plato y en el otro, un dedal de azúcar negra. Todo en su lugar. Perfecto.

Casi. Es esa absurda sensación de estar actuando; es la sospecha de que algo falso, de cartón, se oculta en lo macizo, lo real, lo que te enturbia este momento.

No es la primera vez que te sucede, ¿verdad?

Soy yo, Sara. Lo fui siempre. Desde el día en que naciste te rondé.

Te estoy rondando. Soy tu muerte. Tuya soy, como tus ojos, tu voz, tu manera de reír o de extrañar. ¿Qué habrá más tuyo en este mundo?

Tan ignorante e inocente como vos, Sara. Nací ciega. Yo no conozco el bien, el mal. Lo bello, lo sagrado, la piedad, son, para mí, retórica, pura retórica.

Ya llego, ya te advengo. El ahogo en el pecho y el dolor, ¡ah, el dolor!, ese hermano putativo que yo tengo.

(Ni el primer sorbo. No le concedí ni el primer sorbo)

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