Ritual de paso.

Ritual de paso.

D. Asturias

01/08/2026

Cuando ya no hay manitas coloreando el mundo

ni piecitos traviesos corriendo por el pasillo,

el silencio ocupa el último rincón

y los fantasmas se sientan conmigo,

haciendo pequeña la casa

y enorme mi pensamiento.

Al salir, la brisa veraniega —esa que suele acompañar a las estrellas—

Se transforma y se enfría

pasa por mi rostro como una mano que consuela,

y seca el sudor… y alguna lágrima extraviada.

Y yo que estoy a la deriva y sin norte,

busqué refugio en un ritual antiguo:

encendí velitas con el aliento ardido de mi rabia,

corté mi cabello para entregar el peso del pasado,

y sacudí el polvo del corazón

para dejarlo caer en un peltre lleno de lágrimas

acumuladas durante diez años.

Con una pinza arranqué de mi oído las palabras crueles,

y devolví —como regresando una deuda—

las que yo lancé alguna vez.

Tomé un puñado de tierra de mi ciudad natal

para dibujar un caminito

que me lleve de vuelta

cuando la tristeza me llame.

La mochila del dolor y la duda

tuve que quemarla,

y mezclar sus cenizas con mi historia.

Las velitas iluminaban mi rostro y la incertidumbre.

Mientras contemplaba mi pasado, la noche se deshizo.

Y al amanecer, el sol entró por mi alma

como quien abre una ventana olvidada,

dándole el calor que tanto necesitaba.

El viento me dio un último abrazo

y me susurró algo que no alcance a entender

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