¡Cuánta verdad hay en el texto de Ramón C.!
Forma y horma proceden del mismo término latino, forma, que significa figura, aspecto. Por eso la forma de escritura ha cambiado para poder adaptarse a los nuevos tiempos. ¿O hemos cambiado nosotros para adaptarnos a las nuevas formas, igual que nuestro pie se adapta a la horma de un zapato?
Este cambio afecta siempre a todos los aspectos de la vida: a la forma de relacionarnos, a los modos de vivir… y, por supuesto, también a la forma de expresarnos, comunicarnos, hacer literatura y hacer arte. Así que, si de algo podemos tener certeza, es del cambio constante, de que las cosas que hoy tenemos por seguras, dentro del algún tiempo, habrán variado. Los autores de la Antigüedad, en su infinita sabiduría gracias a la que se ganaron la etiqueta de «clásicos», ya eran conscientes. Sírvanos de ejemplo una frase del poeta Ovidio, autor de Las Metamorfosis: Omnia mutantur, nihil interit, es decir, «todo cambia, nada muere» (Metamorfosis, XV 165).
Así que solo queda una opción: renovarse o morir. Se renueva el lenguaje, se renueva el arte, se renueva la literatura… Conforme haya más posibilidades para expresarse, más se exprimirán. Y todas estas pueden ser arte. Comunicarte, expresarte, tatuarte.

Estos tatuajes, por ejemplo, cuentan la historia de dos personas que se han encontrado y han decidido unir sus vidas. La metáfora que se utiliza ya queda a la interpretación de cada uno… ¿Renuncian a su libertad? ¿Su relación es un lugar seguro, un refugio?
Y todas estas posibilidades encierran un mensaje, una historia que contar. Porque la capacidad de contar historias, de relatar, existe desde los albores del ser humano. Incluso desde antes, aunque el modo de contar haya ido evolucionando: pinturas, relatos orales que luego se fijan por escrito, representaciones teatrales, trovadores, cuadros, esculturas, poemas , canciones…
Es más, añadiré: para escribir nos servimos de un alfabeto que nos parece tan estable y definitivo… Pero este mismo alfabeto vivió una larga evolución. Nuestro alfabeto latino, heredado del griego, heredado a su vez del fenicio, tiene como origen representaciones ‘dibujadas’ de realidades. La letra A, la primera de nuestro alfabeto, es en realidad una cabeza de res.

Así que, ¿por qué resistirnos al cambio, que forma parte del ADN de nuestra historia y de la del mundo? ¿Quién dice que las cosas deban ser siempre iguales, sujetas a moldes rígidos y estancos? Esta era digital nos aporta nuevas formas de expresión y creación, y también nuevas formas de difusión del arte y la literatura. Por ejemplo, los libros… ¡también estos, símbolo de cultura y sabiduría, han cambiado!

Y menos mal… ¿imagináis todavía tener que transportar tablillas de arcilla? ¿O volúmenes de pergamino y/o papiro, tan vulnerables y frágiles? Si no se hubieran introducido cambios en la forma de acceso a la lectura, mucha gente no podría disfrutar de un buen libro… ¿Acaso plataformas digitales, como Storytel o Audible, no ayudan, gracias a sus audiolibros, a que las personas con dificultades visuales puedan acceder a gran variedad de libros?
Demos un paso más… ¿por qué no incluir hipervínculos, enlaces a audios, imágenes o webs? Puede ser tan beneficioso… Multiformato se llama ahora en educación: diferentes vías de acceso a la información, ya que cada estudiante tiene más desarrollada la capacidad visual, o auditiva, etc., por lo que asimila la información mucho mejor a través de imágenes, audios…
«Más libros, más libres», dijo Enrique Tierno Galván. Libertad que nos dan los libros, y las nuevas formas de crearlos. Nuevas formas que ocurren a gran velocidad, como apunta Ramón C. Mientras tanto, disfrutemos de las posibilidades que nos ofrecen los nuevos cambios. Explorémoslas. Habrá que esperar a ver cómo evoluciona todo. Yo me atreveré a cerrar con la reflexión «Nuevas formas, nuevas normas».
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