Reflexiones a la luz de una vela

Reflexiones a la luz de una vela

Omar T.

05/04/2026

Reflexiones a la luz de una vela

Sentado en una silla en su estrechisima casa, miró el fuego ardiente de la vela que tenía al lado, que cubría el resto de la sala con una luz suave. ¿Qué hacer? Dijo. No sé. Tres horas son mucho tiempo. El móvil necesita ser cargado. Recordó en ese instante que tenía trabajos pendientes. Debería haberlos hecho. Dijeron en las noticias que cortarían la luz a las diez, pensó. Sintió una gota de sudor caliente corriendo por su frente como las gotas de la lluvia por el vidrio de una ventana y otra resbalando sobre su mejilla derecha. Enjugó estas molestias con su brazo y quitó la camiseta que llevaba puesto y quedó desnudo de arriba.

Miró hacia el techo despintado. Debo arreglar eso, pero es que… no tengo bastante dinero, dijo murmurando. ¿Por qué no tengo dinero siempre? ¿Sería yo quien gasto todo mi sueldo en cosas triviales? No! Gritó de repente, sí o sí no tendría dinero para eso. Porqué me pagan tan poco, mientras hay gente que no hace ni la mitad del esfuerzo que hago yo y tienen garantizados millones de dólares que se depositan en su cuenta bancaria cada mes.

Sintió un calor insoportable. Acto seguido, se levantó para ir a lavarse la cara. Desde el punto más bajo de su columna vertebral, se desprendió un dolor que agujereó cada vértebra suya, una por una, en su camino por la cuerda espinal. Emitió la boca seca del hombre un gemido desgarrador que acabó con un silbato muy agudo.

Caminó despacio y con cautela hacia el baño, mientras susrenía la vela en la mano. Un pensamiento perturbador le vino a la cabeza e interrumpió su recorrido. Después de un año se jubilará. No ha acumulado suficiente plata.

Fue al baño. Tras poner la vela sobre la lavadora,abrió el grifo. ¡Mierda! Ni una gota de agua pretende salir. ¡Claro! Sin electricidad, no se puede levantar el agua al quinto piso. Se echó a reír como un loco.

Regresó a la silla. ¿Por qué todo se consigue por el dinero? Piensa, ¿no sería mejor que hagamos las cosas por amor? No. Qué tontería. Quizá por eso el comunismo no triunfó. Aunque me hubiera gustado que triunfara.

Bueno, no tengo hijos que mantener gracias a Dios. ¿Existe Dios? ¿Qué pasa cuando morimos? Se apagó la vela. ¿Sería la tumba así de oscura? ¿Por qué no me quito la vida ahora mismo? Porque creo en Dios, sí, o porque me espanta la oscuridad.

Escuchó un tic. Vino la luz por un segundo y se fue de nuevo. ¡El frigorífico! Gritó. ¡Cabrones! 

Se repitió la maniobra diez veces, mientras se quedó el hombre preocupado. ¡No, el frigorífico! No puedo comprar uno nuevo se repitió cuatro veces más. Todos los elementos de la semana están allí. ¡El frigorífico! ¡No! Se repitió diez veces más. ¡Nooo!

Despertó el hombre. Estaba en una oficina grande y elegante. Vestía un traje negro. Detrás de él figuraba una bandera. Llamó a alguién. Vino otro hombre. El primero le dijo: no hagas que se corte la luz hoy. Aplazado a mañana. ¿Te digo una cosa? Haz que se corte por seis horas en vez de tres mañana y no arruines los frigoríficos. El otro hombre no entendió la última frase. Sí señor ministerio, asintió.

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