Químicamente PERFECTA

Químicamente PERFECTA

Astrid Mz

26/09/2026

He intentado encontrarte

en la tabla periódica,

pero debo admitir

que los científicos

han cometido un pequeño error:

todavía no han descubierto un elemento capaz de contener tanta importancia autoatribuida en tan poca materia.

Quizá deberías estar

entre el oro (Au) y el platino (Pt),

aunque solo por cortesía.

Porque el oro tiene valor

aunque nadie lo admire,

y el platino conserva su nobleza

sin necesitar anunciarla.

Tú, en cambio,

parecías necesitar un espejo

hasta para comprobar

que existías.

Tal vez seas mercurio (Hg):

brillante,

escurridizo,

difícil de sostener.

Una sustancia que cambia de forma

según el recipiente.

Frente al mundo:

oro.

Frente al espejo:

diamante.


Frente a quien deja de admirarte:

arsénico.

Qué economía de elementos.

Una tabla periódica entera

resumida en una sola personalidad.

Y no puedo olvidar

al osmio (Os),

el elemento de mayor densidad:

quizá por eso

cada conversación contigo

parecía tener

la gravedad de tu orbita alterada

Había que medir las palabras,

los gestos,

los silencios.

Todo podía convertirse

en una catástrofe gravitacional.

Pero debo reconocerte algo:

tenías talento.

No cualquiera consigue

hacer que otra persona

cuestione su propio valor

Eso requiere precisión.

Casi química psicótica

Aunque quizá no era química.

Quizá era simplemente

una combinación peculiar de:

grandiosidad,

necesidad de admiración,

sensibilidad a la crítica

y poca empatía.

No es un diagnóstico,

Querido elemento

Es solamente

una descripción de la reacción.

Y vaya reacción.

Dopamina:

“Tal vez esta vez sea diferente.”

Oxitocina:

“Quédate.”

Cortisol:

“Cuidado.”

Adrenalina:

“Corre.”

Noradrenalina:

“Observa.”

Y finalmente

mi corteza prefrontal:


“Señoras y señores,

hemos cometido un pequeño error experimental.”

Porque confundí

la intensidad con profundidad,

la incertidumbre con pasión

y la ansiedad con amor.

Hasta que cerré el laboratorio.

Y entonces ocurrió algo fascinante.

Tú comenzaste a buscar señales.

Abriste nuevamente las puertas

de tu pequeño escaparate digital,

como quien enciende una lámpara

en mitad de la noche

esperando que alguien mire.

Quizá esperabas

que mi curiosidad reaccionara.

Que mis neuronas dispararan.

Que la dopamina regresara.

Que mi atención

volviera a orbitar alrededor de ti.

Pero, Querido

la reacción terminó.

No hubo descarga.

No hubo impulso.

No hubo observación.

Solo silencio.

Porque algunas sustancias

pierden su efecto

cuando el organismo

deja de necesitarlas.

Llego el tiempo de caducidad.

Fue algo mucho más elegante y relajado

dejaste de producir efecto.

Puedes aumentar la exposición,

cambiar de estado,

descomponerte

tener enlaces 

Pero no soy un espectador

Tu fórmula puede decir:

“mírame”.

Pero Mi química responde:

“no reacciono”.

Y ahí está

la verdadera ironía:

pasaste tanto tiempo

intentando provocar una reacción en mí,

que no notaste

el momento exacto

en que desarrollé inmunidad.

Ahora sí conozco la fórmula:

tú + mi silencio = descomposición.

Y finalmente:

tú − mi atención = nada.

Así que puedes seguir brillando,

Querido elemento.

Puedes exhibirte en vitrinas,

hacerte público,

esperar observadores.

Yo no voy a mirar.

Porque descubrí algo mucho más valioso

Y si alguna vez preguntas

por qué ya no reacciono,

Fue porque finalmente

aprendí química básica:

cuando una sustancia caduca,

no se vuelve a consumir.

Se cierra el frasco.

Y

Se desecha.

Continúas el experimento

con elementos nuevos.

Porque después de ti

mis electrones siguen intactos,

mi dignidad sigue completa,

mi sistema nervioso

finalmente está en paz,

y mi última ecuación

es perfectamente irreversible:

YO  −  TI = YO.

   (Sin)

Sin drama.

Sin toxicidad.

Sin reacción.

Solo Químicamente perfecta.

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