
Aquel encuentro
Sólo la luna y el mar fueron testigos de nuestro mágico encuentro.
La arena y las olas se encargaron de fundir en uno nuestros cuerpos.
Brisas de eternidad acariciaban nuestra piel y jugaban con tu pelo.
Despertar de un querer sin tiempo, de un latido luminoso descendiendo del universo.
Conspiración de almas afines y amigas… Pasión entre arrullos y besos.
Francisco Gallardo Perogil
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