Era un mes de Marzo cualquiera, no esperaba nada nuevo y mucho menos tener un encontronazo con el amor a primera vista, el era un chico de ojos verdes, pelo rizado y rubio oscuro, piel blanca como la nieve recién caída en Sierra Nevada en pleno mes de Enero y su sonrisa era hermosa, nos conocimos por casualidad, no esperaba nada de el ni tampoco que nada pasara dentro de mi.
Un día como cualquier otro, quedé con unos amigos para tener una merienda y de paso conversar un poco y reírnos, una buena forma de evadirse del mundo por un rato, ese mismo día hablé con ese chico de ojos verdes, le invité a unirse al plan, el aceptó sin dudarlo. Cuando lo vi tuve una sensación rara por dentro, como si algo se hubiera movido por un momento y no era otra cosa sino mi corazón que se aceleraba al verlo, ese era el primer día que nos veíamos pero ya habíamos hablado antes y sentía lo mismo tanto por mensaje como en persona, algo que jamás sentí.
llegado el momento, me recibió con un abrazo y tras haberle presentado a mis amigos nos sentamos y cada uno fue a pedir lo que quería, por un momento sin darme cuenta me quede a solas con el, me puse muy nerviosa, me costaba mucho mirarlo a los ojos, eran tan bonitos que no podía ni mirarlos y tampoco quería que se me notara lo ya dicho, además hablando con el sin darme cuenta le toqué el brazo , cosa que no quería parar de hacer en cada momento que se me cruzaba la oportunidad, su piel era suave y preciosa, como el mismo, a todo esto llegaron mis amigos y me sacaron de esa burbuja que me surgió con este chico.
Pasó la tarde y el chico de ojos verdes llamado Jose, se ofreció en llevarme a casa con su moto, cosa que me pareció un poco una locura, porque a mi las motos me encantan pero nunca me monté en una y la suya parecía ser una muy rápida, de esas que se ven en las películas, me recordó a la película de Mario Casas; A tres metros sobre el cielo. En definitiva acepté y al subir empecé a temer por mi vida, pero luego recordé que si me pasaba algo a mi también le iba a pasar a el, por lo que entendí que no se iba a esforzar en ponernos a los dos en una situación peligrosa. Durante el camino, no pude soltarme ni un segundo de su cintura, ni podía ni quería, me sentía como en casa sin estarlo.
Al llegar a mi barrio y bajarme de su moto, tenía las piernas temblando y para colmo llegó el peor momento del día, la despedida, no quería irme, me gustaba estar con el pero no me quedaba de otra que ir a casa, el se despidió de mi con un abrazo y se marchó en su moto tal y como había venido, sucedió todo tan rápido como si de respirar se tratase.
Pasaron los días y nos mantuvimos en contacto, conociéndonos y contándonos cosas de nuestro día a día, hasta que llegó el momento de volvernos a ver, el llegaba luciéndose con su gran moto deportiva y yo toda bien vestida preparada para ir a mi clase de inglés, dos mundos muy distintos aparentemente, pero en el fondo creados con la misma materia. El aparcó su moto bien llamativa y tal y como llegaron a encontrarse, se dieron el primer beso, ese beso que tanto ansiaban los dos desde que sintieron esa conexión que ninguno de los dos esperó. Pasamos el rato caminando hasta que llegó mi hora de irme a clase y de nuevo e peor momento, la despedida, siempre se nos hacían duras, tanto a mi como a el, siempre queriendo pasar más tiempo juntos, como si la vida se nos fuera el ello.
Fue pasando el tiempo desde esos primeros días que quedábamos y las ganas de vernos y el cariño entre nosotros fueron aumentando, pasamos toda la semana santa saliendo de un lado para otro. Un día de esos hablando en el coche, el sabiendo mis intenciones y yo las suyas puesto que habíamos hablado mucho del tema, el me propuso hacer que lo nuestro fuera oficial y obviamente sin dudarlo acepté su atrevimiento. En ese momento sentía como si todo fuera una broma o un sueño, era algo que no me creía, por el hecho de que no me esperaba que el fuer a ser ese chico que siempre esperé y busqué pero no lo encontré y justo cuando no busqué el llegó a mi.
Es curioso que un chico que aparentemente por el hecho de tener moto directamente se le pone como lo mas alocado que existe, como lo mas infiel y desleal o incluso como alguien peligroso, sin embargo siempre hay que fijarse en conocer bien quien hay bajo el casco, en este caso era el, un chico todo lo contrario a lo que he descrito, sobre todo un chico que tiene las ideas claras y no se anda con rodeos.
Con el paso de las semanas e incluso de los meses fui adaptándome a su mundo, al mundo de las motos, esto no quiere decir que condujera mi propia moto, ojalá, quiere decir que me adapté a como era vivir la vida desde el punto de vista de un motero y ahora en comparación con la vida de una persona normal me parece aburrido. No solo eso, el me ha enseñado mucho sobre este mundo, hemos vivido muchas cosas juntos y las que quedan por vivir, aun tenemos muchos planes juntos que cumplir y muchas cosas que celebrar.
Tras pasados varios meses ya llevábamos unos 5 meses aproximadamente, un día se plantó en mi trabajo con la idea de recogerme, llevarme a casa para arreglarme y salir juntos a aprovechar lo que quedaba de tarde y yo sin esperarlo, al llegar a abajo de mi casa sacó algo de su bolsa, era un rosa preciosa que olía como si la hubieran cortado hace dos segundos, con ella sacó un paquete de mis galletas favoritas y yo toda contenta e ilusionada me tiré a sus brazos a darle besos y abrazos, no podía guardar la emoción que sentía por ese gesto que tuvo, ese chico de ojos verdes merecía mi corazón y de hecho se lo llevó con el en su moto cuando me volvió a dejar en casa al terminar el día.
Cada día que amanecía, me despertaba pensando en el , dándola sus buenos días como de costumbre, e incluso había días que ya me despertaba y ya tenía un mensaje suyo deseándome un buen día y preguntando como pasé la noche. Para mi no eran los regalos lo que hacía única nuestra relación, sino más bien el respeto que nos teníamos, el amor con el que nos hablábamos siempre, el hecho de dedicarnos tiempo incluso cuando no teníamos y había que hacer milagros para vernos. Y lo mejor de todo es que aunque las cosas se pusieran feas siempre estábamos el uno para el otro, para lo que necesitábamos, eso es lo que hace una relación especial.
Siguieron pasando los meses y ya llevando 8 meses sin pensarlo, sin darnos cuenta de lo rápido que pasaba el tiempo, ya habíamos hablado de todo nuestro futuro, de lo que queríamos hacer, de todo aquello que queríamos lograr juntos y por supuesto de irnos a vivir juntos e incluso de formar una familia y casarnos obviamente también.
Todo esto llegó a tal punto que un día decidimos que era hora de buscar unos anillos, porque aunque fuera algo entre nosotros y tal vez una tontería, yo si quería llevar algo junto a el, y quería que fuera algo que se viera, así que fuimos a comprarlos. El con las bromas se me arrodilló a pedirme matrimonio pero en el fondo los dos sabíamos que no era tan en broma, que también tenía su lado serio, entonces acepte y el me colocó mi anillo y yo habiéndoselo pedido en parte también de broma se lo coloqué. Para mi oficialmente ya estábamos prometidos y no iba a permitir que se me dijera lo contrario.
Llegó la navidad, y con ella toda la ilusión de pasarla y disfrutarla juntos. Teníamos muchas ganas de ver las luces de Navidad de nuestra ciudad, de hecho visitamos diferentes zonas de ella y en todos los arboles de Navidad que vimos hay en nuestro teléfono una foto guardada, sin lugar a dudas pasar esta etapa en pareja es una de las mejores cosas que existe. Con la llegada de esta festividad, se revive la época de compras constantes, dar regalos etc, aunque a mi realmente ya no me hacía falta ningún regalo porque el que mas apreciaba yo era el regalo de tener a alguien como el en mi vida. Y aunque vinieron momentos difíciles personalmente y académicamente, el siempre esta a mi lado, siempre apoyándome y dándome ese cariño que nadie me dio y que pocas personas saben valorar hoy en día.
Nuestra primera cena romántica, de esas que solo se ven en las películas románticas o que solo se leen en los libros de esta temática, fue por estas fechas, durante una tarde de sábado nos organizamos para tener esta cita especial, a los dos nos hacía mucha ilusión y por primera vez íbamos a cocinar juntos después de casi 9 meses de relación. Realmente va a parecer una tontería pero es en esta clase de momentos cuando sientes si la esa persona esta hecha para ti, en mi caso obviamente si estaba hecha para mi. Disfrutábamos juntos cada momento, incluso los más simples, como jugar al billar, ver una película en el cine, ver el atardecer mientras picábamos algo.
Cada cierto tiempo, tal vez cada dos veces por mes tratábamos de hacer algún plan especial, o al menos que nosotros consideráramos especial o bien porque teníamos el antojo de hacer algo que no nos podíamos permitir en algún momento, o bien porque nos quedó pendiente, de esta forma la llama entre nosotros siempre estaba viva, nunca se apagaba por mucho que soplara el viento se mantenía encendida y se alimentaba del poco tiempo que podíamos pasar juntos.
Una cosa que siempre me ha parecido muy graciosa es el típico mito que se ha dicho siempre sobre las parejas y es que supuestamente los primeros meses están llenos de amos y pasión, a medida que van pasando los meses eso se va perdiendo y posteriormente viene la ruptura por peleas u otras cuestiones, pero eso no es así, por eso digo, es un mito, y si hay casos, son casos de parejas inmaduras. Una pareja madura y sana habla de todo sin tapujos y sin pelos en la lengua, si hay problemas hablan sobre el problema y no atacándose sino como un equipo que lucha contra ese problema, ( tambien hay que decir que para formar este tipo de pareja hay que tener mucha seguridad y confianza en ti mismo, si no estas bien contigo no vas a estar bien con los demás). Bueno pues en relación a esto en nuestro caso somos el segundo estilo de pareja.
OPINIONES Y COMENTARIOS