Para aquel que reciba este mensaje: es importante que lo lea completo, que el aburrimiento no le coma la conciencia o el saber.Sé que estoy escribiendo a un destinatario sin rostro, sexo o edad, pero la desesperación me llevó a hacerlo. Sé también que, seguro, mañana o pasado no recordaré nada del país en que nací; te lo digo a vos: se llama Argentina.No sé cuándo empezó todo, pero cada vez somos más los que perdemos la memoria. Algunos hablan de un virus; otros, de una estrategia de distintos grupos de poder. Me parece escucharte: «¡Esta mina se volvió loca! ¿Qué puedo hacer yo?». Dibujás infinitas muecas, gestos; puedo verlos, imaginarlos.Ya me empecé a olvidar de la época oscura, de las ausencias y los exilios, de las desaparec… Viste, ya me convierto en uno más sin memoria y hago esfuerzos para que no me la roben.Hacé circular este mensaje. Hubo un momento, un instante, en que fuimos humanos: creíamos en las utopías y soñábamos; soñábamos tan fuerte que podíamos hacer realidad nuestros sueños.Vos preguntarás: «¿Qué pasó?». Y yo te contesto que no sé, ya me olvidé de los detalles. De mi grupo solo quedé yo, aún resistiendo. El resto se olvidó, como la canción: «Doy un pasito atrás y no me acuerdo».Vos preguntarás mientras llegás al final del mensaje: «¿Qué puedo hacer? ¿Cómo ayudo?». Hacelo circular, estén atentos y atentas, porque mientras alguien escriba, la memoria no se va a esfumar. Dejo en la dirección que te adjunto fotos, testimonios, injusticias y lágrimas. Hubo una dictadura que nos sumergió en aguas podridas, pero siempre supimos navegar en ellas, aprendimos.Hace varias semanas que nadie recuerda esa época; tal vez nos implantaron una realidad falsa, acorde a sus objetivos. Escribir es mi única arma.Vos preguntarás: «¿Cómo lo hicieron?». Creo que la clave está en los teléfonos, el agua, las redes y los medios de comunicación. No usen los celulares, escapen del mundo virtual; yo te juro que voy a resistir. Te dejo una enorme tarea: encontrar la cara y las risas de los que no puedo nombrar.Desconfiá; que tu instinto y lo que queda de mi memoria los ayuden a recuperar lo que ellos robaron. En un cajón del escritorio —el único que hay en la casa— está lo que necesitás. Las llaves quedan escondidas en la maceta que se encuentra a la derecha de la puerta; es un barrio tranquilo, no vas a tener problemas.Ahora vos decís: «¡No me voy a animar!». Y te contesto que, si llegaste al final de este mensaje, vas a poder, como lo hice yo cuando lo leí por primera vez.San Pedrito 1333. Barrio, barrio, barrio… ¿Qué barrio? Ah, sí: de Flores.

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