Se ríe con la boca de otra persona. Nadie más lo nota. Empezó hace tres semanas. Dos dedos donde ella siempre usaba tres.

Un día contestó el teléfono y no reconoció el tono que salió de su propia voz. Preguntó

¿hola? dos veces, como si esperara

que alguien más respondiera desde dentro de su garganta. Las fotos también se van pareciendo a lo que ella es ahora, no a lo que fue. Dejó de escribir su nombre en los cuadernos como si firmarlo fuera mentir.

Alguien le dijo “estás cambiada” y ella sonrió. Hay días en que se cruza con espejos y no se detiene a comprobar quién le devuelve la mirada. No es quién está entrando, sino quién se está quedando afuera.

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