¿Odiarte?
Jamás podría.
No te veo como el amor de mi vida,
nunca te miré así,
pero amé tu esencia
y esa fragilidad tuya.
Tal vez no te necesite jamás,
pero quiero saber de ti,
cuidarte a la distancia,
tenerte presente.
Me da miedo lo que te duele,
me da miedo tu silencio.
Te amaré sin ruido,
hondo, despacio.
Te daré mi tiempo
y el espacio de mi corazón
sin pedir nada a cambio.
Y está bien así.
Quiero salvarte
—si es que salvar significa acompañar—
de tu pequeño caos infinito.
No es tu culpa.
Nunca lo fue.
No tienes la culpa
de ser dulce en un mundo áspero.
Yo quiero aprender de ti:
aprender a amar a la gente,
a quedarme,
a sentir sin huir.
Hasta ahora
he amado más lo natural y lo extraño
que a quienes conozco del todo.
Tal vez tú
seas el comienzo.
-Cristal-
OPINIONES Y COMENTARIOS