Toco
tu dulce humedad que me llena de placer,
siento
el roce de tus labios como una sábana de seda rellena de carne,
jugosos-salados
recorren nuestra humanidad,
marejadas
de sensaciones se diluyen y desbordan nuestros cuerpos mojados,
ajenos
al tiempo y al espacio,
las
delicias se derraman sin culpa ni soberbia.
Tumultos
de relajación y escalofríos de ansiedad aparejan nuestras mentes.
Todo
pasa al mismo tiempo.
Y
a la vez dejan de ser el todo.
Para
ser, un instantáneamente.
Para
insinuarse
Para
incitarse precoz-mente,
por
fracciones minúsculas de tiempo
vuelven
a ser una vez más
y
vuelven a empezar,
infinitas;
nuestros
cuerpos se reclaman profanándose,
frotándose
pecaminosa-mente
como
trozos de viento lluvioso,
deslizándose
sin culpa,
uno
sobre el otro,
uno
bajo el otro,
un
dentro de otro.
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