No todas las plumas vuelan

No todas las plumas vuelan

Corazon_demelon.

11/11/2025

Volví a agarrarla con fuerza y la apreté contra el papel lo más fuerte que pude. Mi pluma y yo pasábamos malas épocas, pero nunca nos había ido tan mal como ahora. Una relación curiosa, pensarán muchos; pero yo prefiero reducirme a la fidelidad que ella me puede dar.

Traté de escribir la siguiente palabra, pero volvía a no salir tinta. Le advertí a mi pluma que no era el momento para ponerse caprichosa, que eso ya lo hemos hablado, y que cuando un escritor se está desahogado, vaciando el alma, no hay que interrumpirlo. Sería como parar un estornudo a la mitad- que todos sabemos lo molesto que es-, como tener que dejar un capítulo a la mitad porque es demasiado largo y te estás quedando dormido, o como frenarte en medio del tobogán.

No quería seguir discutiendo con ella, la estaba presionando demasiado, pero es que necesitaba escribir. Volví a frotarla contra la suela de mi zapato, y con razón ella se enfadó más. Mis pies han recorrido miles de calles con cantidades infinitas de basura, y ahora ella estaba sucia, además de sin tinta.

No podía pasar más tiempo sin escribir lo que estaba sintiendo, la ansiedad estaba volviendo, al igual que el insomnio después de lo que pasó con ella, pero mi pluma no me entendía. Ella no había sido reemplazada por otro. Así que le grité. Juro que no quería, ella es la única que me acompaña desde hace unas noches, y pensaba que siempre me sería fiel. Es irónico como hasta un objeto me traiciona, ahora estoy oficialmente solo.

Ella no respondía, estaba jugando a ignorarme, supongo que para ver hasta dónde podía llegar yo. Yo no soy de creer en segundas oportunidades, eso díselo a mi ex. Pero con mi pluma sentía que sería diferente, que no era como las demás. – aunque eso piensas de todas y siempre te traicionan-. Pero intenté calmarme y no gritarle más, a lo mejor con tanto susto no podía escribir bien. Así que miré para otro lado, dándole unos segundos para prepararse para volver a escribir. No lo hizo.

Le di tercera, cuarta y quinta oportunidad, pero no cedía. Antes era yo el único cabezota bajo este techo, pero ya veo que ahora somos dos. Estaba perdiendo los nervios, y esto ya lo he vivido antes, así que respiré varias veces profundamente. Ella seguía sin escribir.

Ya hasta el pulso me temblaba, no podía contener esa frustración, esa horrible sensación de no tener todo bajo control. Agarré una última vez esa pluma con más carácter que yo cuando me enfado con el despertador por las mañanas, y la tiré al suelo. Seguía sin salirle tinta, así que la pisé.

Ella no gritó, no se lamentó, y eso fue lo que más me dolió. No se despidió de mí, tuvo tan poca empatía que ni me miró por última vez. Ella siempre fue independiente, pero pensaba que yo le importaba, aunque ya veo que no.

Ahora mi pluma yace en el suelo, junto a todas las que también se cansaron de mí.

Mañana compraré otra, por supuesto.

No sé qué me cuesta más, si encontrar tinta nueva o dejar de escribir las mismas despedidas.

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