Te di silencio cuando pedías verdad,

cerré mis puertas por miedo al dolor;

quise salvarme de tu libertad

y fui quien condenó nuestro amor.

Vos no pedías promesas al viento,

ni un cielo imposible, ni eternidad;

solo querías que, aun con miedo,

no te negara la claridad.

Yo, que temía no ser elegida,

te hice sentir que no te elegía;

por no enfrentar el riesgo de tu partida,

te fui perdiendo mientras te retenía.

Hoy tu palabra me nombra: neblina.

Y hay una verdad que no puedo cambiar:

por miedo a que no me eligieras,

te hice sentir que no te quería encontrar.

Y ahora comprendo lo que destruí:

quise evitar el dolor de perderte

y terminé perdiéndote así.

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