Mírame, llevo pantalones, igual que tu.

Mírame, soy fuerte, igual que tu.

Mira mis ojos, no hay temor.

Mi ceño muestra mi enojo.

¿No lo ves?

Estoy cansada, basta.

Basta  ya de tenerme sometida a tu condición de maltratador.

Chantaje, manipulación, miedo.

Ya lo vi.

Mírate, no eres mejor que yo.

Caes de rodilla ante mi para mitigar tu culpa,

con flores manchadas de sangre.

Esas flores que me traes, ya no las quiero.

Tengo la casa repleta de ellas.

Y me han contado, que son los cuchillos que me lanzas,

los insultos y los desprecios.

Ellas me han abierto los ojos.

Esas flores me han contado, que ya no tengo que aguantarte más.

Que tu arrepentimiento es falso,

y tus promesas no valen nada.

¿Quién te dijo que tú mujer, mereces esto?

¿Qué deuda crees mujer, que estás pagando?

¿A quién crees mujer, que estás siendo fiel?

¿De veras crees mujer, que debes justificarlo?

Y fue entonces, al responderme desde el amor y la honestidad,

desde el respeto hacia mi misma,

que tuve el valor de decirme; aquí no es.

 

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