La luz penetra cada vez menos por el gran agujero de mi cabeza, pero es suficiente para iluminar el escenario.

Un aleteo resuena cada vez más cerca, advirtiendo que se acerca otro encuentro. Al entrar en mis ruinas dos pares de ojos se encuentran para sincronizarse durante un infinito segundo, un chillido rompe el trance para anunciar la batalla.

La violenta rutina me ha dejado con más pelo y plumas que polvo, también hay sangre pero mi alfombra ya era roja. No hay cadáveres, ningún bando ha tenido bajas gracias a la actuación de una pareja. Justo ahora empiezan su baile de aparente violencia, que interrumpe las agresiones entre sus compañeros. Al principio simplemente pensé que eran torpes, pero gracias a mi experiencia identifique una coreografía.

Una persecución empieza entre vigas, asientos e incluso el vestuario, terminando en el piso envueltos en telas. Les cuesta volar, la ropa vieja tiene hilos sueltos y se han enredado. Es increíble que a pesar de que apenas pueden volar sigan peleando.

Ese traje de cola de golondrina y el vestido eran de un pianista y una cantante que solían presentarse todos los miércoles. Estoy seguro de que se amaban, pero creo que les falle, el público se fue y la última vez que los vi salieron por puertas distintas. Ahora viendo flotar esas vacías prendas siento que los veo bailar con la música del piano roto que se encuentra en mis sombras. Aún recuerdo cómo se siente la música golpeando mis paredes, creando eco solo en mi memoria.

Todo está por acabarse. Las palomas quieren huir, pero creo que volveré a fallarle a mis actores, se han enredado en una de mis vigas rotas y mis estrellas cuelgan a merced de los secundarios, que los ahorcan cada vez más con cada intento de atacar.

El héroe tomó una decisión, ha elegido dejar de volar para cortar la orca de su amada, liberando a las palomas para escapar, pero dejándose arrastrar por el peso de la tela.

“Debes dejar de hacer esfuerzos, ella ya está a salvo. Tus hermanos no pueden perseguirla, siguen atados a ti y yo te estoy sujetando. Gracias por una última gran función”.

Puedo imaginar los aplausos que el público les daría, mientras el saco de cola negro cae sobre ti asumiendo el papel de telón final.

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