El proceso de una medialuna es moroso,
pero en esa lentitud habita su magia.
Una masa hecha de huevos, miel, harina y levadura,
que aprende a doblarse sobre sí misma,
a guardar la grasa en capas invisibles,
a esperar el frío
para volverse una sola cosa,
a ser paciente, o imperfecto también.
En el horno, la grasa intenta escapar,
crece, respira, se transforma,
y entonces, perfecta o imperfecta
se vuelve historia.
Como el amor.
Ese proceso nuevo, ese regalo incierto,
de que se puede fallar una ves este horneado
sale y no esta tan bien como tu corazón idealizaba,
aun así sigue siendo una experiencia, para volver a intentarlo desde 0
otra masa nueva, otra mantequilla, tal vez ,mas zestes de naranja o incluso
endulzamos con edulcorante artificial
no eso, imposible
o si?
esa gracia me hace recordar
que una vez creímos amar una sola vez.
Pero el amor también se despliega en capas:
amor de niño,
amor de invierno,
amor que arde,
amor que escucha en silencio.
Y sin embargo, quiero más que amores:
quiero amantes.
Quiero volver al primer beso,
a la risa nerviosa,
a las manos temblando sin permiso.
Ser guerrera en una guerra
donde ya asoma una bandera blanca,
y aún así quedarme
en la duda más dulce:
quién eres
cuando te acercas.
Con almíbar
o sin él.
OPINIONES Y COMENTARIOS