Mí identidad.

No entiendo porque la gente huye de mí, me confunden y no saben quién soy, seguramente les es difícil comprender que soy yo misma sin serlo a la vez.

Mientras escribo pienso: «¿será importante escribir mi nombre?, ¿Cuán importante es para quien lea esto saber mi identidad?. 

En mi corto camino de aprendiz en el arte de escribir historias. Muchas veces me han recalcado que obviemos cualquier detalle que no sea importante o relevante para la historia y que un inicio fuerte es necesario para atrapar al lector a seguir leyendo. Entonces empezaré la mía diciendo que muchas veces dudo quien soy, y creo que esto se debe a que sumergirme tan apasionadamente en la literatura me ha permitido viajar por tantos mundos y tantas historias, que mi realidad se ha distorsionado a tal punto que dudo en que profundas y oscuras aguas me sumerjo; otras mi mundo se transforma en multiversos llenos de magia y color, dónde nada es lo que parece. También puedo decir que soy cada personaje que creó, y me convierto en cada uno que leo. Por mucho tiempo me sentí emocionada y hasta me divertía lo que mi mente experimentaba, pero con el correr de los años empecé a no poder diferenciar cuando soy yo y cuando soy alguno de esos personajes guardados en mi inconsciente. 

No recuerdo con certeza cuánto tiempo hace que vivo aquí, pero sé que no es mí casa. Ellos tampoco saben distinguir cuando soy realmente yo.

Desde que vivo aquí pasé por varios de los pisos y cuartos (todos diferentes) por largos períodos de tiempo, no puedo saber cuánto, porque esto de no ser yo no me permite distinguir el tiempo transcurrido. Solo se que la habitación de las correas es la más horrible allí me perdía en mundos Lovecraftianos, dónde una vez pude hablar con Harley Warren o lo que quedó de él, otra de esas noches estando en aquella habitación pude oír el latir de un corazón que parecía estar sepultado en el piso de mi habitación, por momentos el piso parecía expandirse con cada latido y recordé al viejo y a ese ojo. Otras veces estuve en una habitación en la que no había correas y lo mejor que tenía aquel lugar eran las grageas de colores, me las daban varias veces al día, allí los días eran maravillosos mis mundos se llenaban de magia y color podía ser la reina de un cuento de hadas, o una hechicera poderosa, mi habitación se llenaba de personajes maravillosos, un mundo del que no quería salir.

Hoy estoy en una cómoda habitación acolchada por todas partes, está me permite recostarme cómodamente en cualquier sector, aquí solo me dejan pintar o escribir con crayones que a veces me como porque su olor a fruta es tentador. Una vez a la semana me permiten tomar sol en una terraza donde puedo observar la inmensidad del mundo, donde arriba está el sol y aquí abajo yo, entonces el recuerdo de Asterión vino a mí mente, y pude junto a él sentir la esperanza de saber que algún día llegará mí redentor y como él al fin podré ser libre.

      

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