Mexico Hito No Tensei.

Mexico Hito No Tensei.

Jes

25/05/2026

    México Hito no Tensei

​ (La reencarnación de un mexicano)

​Capítulo 1: Reencarnación

​Vaya días tan cansados. Mi mente está en blanco, qué fastidio. Soy un hombre de 29 años y vivo en Japón, pero no soy originario de aquí. Extraño mi tierra azteca; se supone que al venir a Japón todo cambiaría. Trabajo en una universidad enseñando español, tengo mi propia casa y todo lo que alguna vez soñé.

​Entonces… ¿por qué?

​Supongo que no hay remedio. Aquí estoy, caminando bajo una fuerte nevada mientras observo a los niños jugar tranquilos y llenos de risas.

«Ay, Dios… Quisiera ser niño de nuevo. Ja, ¿cómo si eso pudiera pasar?»

​Ahora que lo pienso, siempre estuve solo. Mi hermano y mis padres se alejaron desde aquel día; todo cambió y ni siquiera sé si aún continúan con vida. Pensé en buscarlos, pero me dejaron muy claro que ya no era nada para ellos. Tuve que trabajar desde los catorce años, abandoné mis estudios y entré en el negocio de la construcción. Dios, qué trabajo tan más pesado, pero era bien pagado. Soporté cinco años ahí y logré juntar el dinero suficiente para mudarme a Japón. México es hermoso, muy bello, jajaja. De allá aprendí a boxear, y de la comida ni se diga.

​Bueno, seguiré con mi vida y dejaré todo atrás. No puedo seguir estancado, ¿verdad?

«Vamos, sonríe y da todo de ti».

«No puedes pensar de esa forma. Levanta la cabeza, sigue adelante y no mires atrás».

Tic, tac…

​—¿Qué es ese sonido? —me pregunté extrañado. Vi a una mujer pasar cerca—. Señora, disculpe, ¿escuchó ese sonido por casualidad?

​—¡Aléjate de mí, vago! —respondió ella de mala gana.

​—Vaya, qué señora tan amargada… —murmuré para mí mismo, aunque no pude evitar pensar—: «Pero qué curvas tiene, jejeje».

Tic, tac, tic, tac…

​De nuevo ese ruido. Se escuchaba proveniente del parque. «Tal vez sea un reloj nuevo. Me tomaré una foto e iré directo a casa a prepararme un rico cereal con chocolate», pensé.

​Crucé la calle mirando a ambos lados. Creo que no viene ningún carro; no me gustaría ser atropellado de nuevo…

​—¡Mi pelota! —gritó de repente una pequeña niña.

​—¿¡QUÉ!? —reaccioné al verla avanzar hacia el asfalto—. ¡Niña, ten cuidado! No puede ser… ¿Podré llegar? ¡No lo pienses y corre! ¡Corre, maldita sea, corre!

¡Puum!

​—¡LLAMEN A UNA AMBULANCIA! —gritaba desesperada la madre de la niña, mientras la revisaba—. Hija, ¿estás bien?

​—Mamá, tengo mucho miedo… Perdóname, no volveré a correr hacia la calle —lloraba la pequeña.

​—Tranquila, hija. Quédate con tus hermanos, iré a ver al joven.

​A lo lejos, escuché la voz horrorizada de un testigo:

​—No puede ser… Su cuerpo está completamente deshecho.

​—Hijo, ¿me puedes oír? No te duermas, ya viene la ayuda, ¡resiste! —decía la madre de la niña, con lágrimas en los ojos y una expresión de puro terror.

«Ah… ¿Dónde estoy? No siento nada… Espera».

Tic, tac, tic, tac…

«Ese sonido de nuevo».

​—¿Me puedes escuchar? ¿Cómo te llamas? Sufriste un accidente —decía una voz distorsionada—. ¡Lo estamos perdiendo! Su pulso está disminuyendo, doctor.

«Veo que es mi final… Pero pude salvarla. La salvé, ¿verdad? Mamá, papá, hermano… La pude salvar. Perdónenme… Ahora solo quiero descansar».

​Todo se volvió borroso. Voces incomprensibles resonaban a mi alrededor:

​—(Xxxxxxxxxxx).

​—(Xxxxx-xxxxx).

«¿Qué?»

​—Hola —intenté decir, pero solo salió un quejido—. «¿Dónde estoy?»

​—¡QUÉ CARAJOS!

​—(Xxxxxx-xxxx).

«¿Quién es ella?» Frente a mí había una joven de casi 19 o 20 años. «Wow, qué plana, se parece a una tabla».

​Espera, espera… ¿Qué se supone que hago aquí? Yo morí, ¿no es verdad? ¿Qué pasó?

«¿And tú quién eres?»

​Un hombre pelirrojo se asomó, pronunciando más palabras extrañas: (Xxxxx-xxxxx).

Tic, tac, tic, tac…

«Espera, ese es el reloj que estaba escuchando… Pero ¿cómo es que este hombre puede cargarme con tanta facilidad? ¡Habla, di algo! ¿Qué está pasando?»

​Miré hacia abajo y me congelé.

«Mis manos… son pequeñas. No puede ser… ¡Soy un bebé! Reencarné. Leí sobre esto en un libro y en muchos mangas… Bueno, más en mangas. ¿Esto es real? ¿En serio?»

​—(Xxx-xxx-xxxx-xxx).

«¿Qué es ese lenguaje? Es muy extraño… Es como si hablaran portugués o alemán, no lo reconozco».

​La joven me tomó en brazos; supongo que es mi madre, y el pelirrojo, mi padre. Al verlos, me invadió un sentimiento muy nostálgico. Mi madre es una mujer muy atractiva, con ojos hermosos como el arcoíris y un cabello castaño divino. Por el contrario, mi padre es un hombre muy fornido, de un distinguido cabello rojo.

​Durante estos días casi no veo a mi padre, imagino que por su trabajo. Sin embargo, en las noches me carga y me cuenta sus aventuras. Poco a poco he comenzado a entenderlo. «Creo que el ser un niño con un cerebro en pleno desarrollo me facilita las cosas. Puedo aprender más rápido en este lugar usando la experiencia de mi vida pasada; si aprendí japonés y mandarín, claro que puedo con esto».

​Han pasado ya cinco meses y aún no sé con certeza dónde estoy, pero tomé una decisión: «No desaprovecharé este regalo divino». Ya dominé el idioma; escuchar a mi padre por las noches fue de gran ayuda, y este cuerpo absorbe el conocimiento de una manera inhumana. Espero que cuando llegue mi padre me dé mucha información, además de que me encantan sus historias.

​¿Quién diría que renacería en un lugar donde existen magos, espadachines, caballeros y, sobre todo, piratas? Por lo que he logrado entender, existen seis reinos, es decir, seis continentes, y una frontera muy peligrosa llamada «La Oscuridad». Según mi padre, ahí viven dragones malignos y demonios, que son las criaturas más peligrosas del mundo. Papá fue un aventurero y recorrió muchos lugares junto a mi madre y sus criados… Bueno, más que criados, dice que son familia por todo lo que pasaron juntos. También mencionó a otras tres personas de plena confianza, pero viven en lugares distintos.

​Pronto, llegó el día en que pude caminar y hablar un poco, lo que emocionó enormemente a mis padres.

​—¡Mira, Paul! —exclamó mi madre con una alegría inimaginable.

«Madre, tranquila, solo me puse de pie», le dije en mi mente. En este mundo, mi nombre es Necis Perfours.

​Esa misma noche, unos ruidos no me dejaban conciliar el sueño.

​—Ahhh, no puedo dormir con esos gemidos… —pensé, tapándome los oídos—. «Dios, nunca se cansan. Como en este mundo no existen celulares ni televisión, la intimidad es el único entretenimiento importante, jejeje. Tal vez pueda verlos…» Esbocé una sonrisa bastante pervertida.

​—Querido, me duele… Por favor, ya para —se escuchó la voz de mi madre a través de la pared.

​—Claro que no, apenas empezamos —respondió mi padre.

​Al final, no dormí nada.

​A la mañana siguiente, me quedé estupefacto al ver los quehaceres de la casa. ¿Qué está pasando? ¿Por qué las escobas se mueven solas? Estuve observando detenidamente y descubrí que las mueven con maná, una energía que en Japón se conocería como chi y en México como algo sobrenatural.

«Me pregunto si yo podré hacer algo así… Tendré que esperar unos años».

​Capítulo 2: Magia

​Ya han pasado cuatro años. Aquí celebran los cumpleaños cada cinco años, lo cual me suena bastante a un anime que vi en mi otra vida. «Ahhh, mis mangas… Cómo extraño leerlos». También descubrí que a los quince años ya eres considerado un adulto y puedes casarte. En Japón las cosas eran muy distintas; todos eran distantes y nadie hablaba con nadie. Me pregunto si aquella niña que salvé estará bien… En cambio, en México todos hablaban con todos.

«Extraño tanto la comida… Un rico pozole o un menudo serían estupendos en este momento».

​Un día, encontré unos libros en la habitación de mis padres que explicaban todo sobre el maná y la magia. Se dividía en varias categorías: Intermedio, Avanzado y Prous. Sin embargo, había una categoría superior: la magia oscura. Quien domina esa magia, lo domina todo. El libro mencionaba que solo dos personas lo habían logrado en la historia, pero no revelaba sus nombres.

​Empecé a practicar por las tardes en mi habitación, a escondidas, por miedo a que mis padres se molestaran.

​—Esfera de agua solidificada… ¡Lanzar! —invoqué.

​No pasó nada. «¿Qué pasó? Pensé haberlo dicho bien… Espera, ¿y si tan solo lo imagino? Si formo la esfera en mi mente, quizás pueda hacerlo. Es muy extraño tener que recitar los hechizos en voz alta para activarlos».

​Cerré los ojos. «Concéntrate. Siente el maná fluyendo por todo tu cuerpo e imagina la esfera».

¡PUMMMMMMM!

​Una gran fuerza impactó en el cuarto. Me quedé estupefacto. ¿Qué pasó? ¿Yo hice eso de verdad?

​De inmediato, la puerta se abrió de golpe.

​—¿Qué está pasando? ¿Estás bien, hijo? —preguntó mi padre, alarmado.

​—¡Mi niño! ¿Qué pasó? ¿Estás bien? —exclamó mi madre con el corazón en la mano.

​No puede ser. Si les digo que fui yo, espero que no me castiguen o me vendan…

​—Lo siento, mamá… Fui yo —admití cabizbajo.

​—Hijo… ¿Leíste este libro? —Mi madre miró a mi padre con asombro—. ¡Cariño, mira! Nuestro hijo será un gran mago. A su edad, ¡conjuró una esfera de agua!

​—¿Qué? ¿En serio, hijo? Dime la verdad, ¿tú lo hiciste? —preguntó mi padre.

​—Sí, papá… Perdón.

«Por favor, espero que no me vendan o me sacrifiquen», pensé, temblando un poco.

​—Tranquilízate, no pasará nada. Tranquilo —me consoló mi padre al notar mi miedo, y luego llamó a la sirvienta—: Mera, ¿puedes llevarte a Necis, por favor?

​—Claro, mi señor. Vamos, pequeño —respondió ella.

«Espera, ¿qué está pasando? ¿A dónde me llevan?»

​Cuatro semanas después, llegaron visitas a la casa: un caballero imponente y una maga muy linda, con unos pechos enormes (jejeje), un vestido verde y el cabello rojo idéntico al de mi padre. El caballero era muy alto, cargaba una gran espada negra y emanaba un aura aterradora.

​—Qué bueno que llegan, hermano —comentó mi padre al recibirlos.

​—Dime, hermano, ¿qué pasa? —El caballero me miró—. Oh, mira qué pequeño tan vigoroso. Hola, pequeño, yo soy tu tío y esta joven es mi aprendiz. ¿Cómo te llamas?

​—Me llamo Necis, mucho gusto, señor —respondió con bastante miedo. ¿Qué onda con este lugar? Todos aquí tienen mirada de matones.

​—Necis, necesito que vayas con tu madre, por favor —me ordenó mi padre.

​—Pero, papá, quiero saber qué pasa —protesté.

​—Escúchame, hijo. En su momento lo entenderás. Por ahora, lo siento, pero eres un estorbo. Cuando te hagas fuerte —y sé que lo harás— tu tío aquí presente te lo contará todo. ¿Verdad, hermano? }

​—Claro que sí, no te preocupes por eso —asintió el caballero.

​Aquella mirada de mi padre… Esos ojos eran idénticos a los de mi madre biológica cuando me gritó en México. «¿Qué está pasando? ¿A qué se refiere con que me cuente todo cuando me haga fuerte? ¿Por qué lo dijo?»

​Me quedé con mi madre, quien no me dejó escuchar nada de la reunión. Solo me abrazaba y me decía:

​—Tranquilo, cree en tu papá y en mí. Serás muy fuerte, lo sé, cariño.

​Sus palabras me tranquilizaron tanto que me quedé profundamente dormido. Extrañaba mucho dormir al lado de una madre. «Mamá… ¿Estarás bien en mi otra vida? Nunca volví a saber de ti tras dejarlo todo atrás. De verdad espero que estén bien».

​Capítulo 3: Entrenamiento y el ataque del Ogro

​Han pasado ocho años más. Recién cumplí los doce años, aunque en realidad tengo la mente de un hombre de veintinueve… o quizá ya me sienta de treinta y ocho. He estado investigando en la biblioteca del pueblo sobre el fenómeno de la reencarnación, pero no hay absolutamente nada. Bueno, será otro día; tomaré mis notas y pronto crearé una hipótesis.

​—¡Mamá, ya llegué! —exclamé al entrar a casa—. Eeeeooo, ¿dónde está el viejo?

​—¡Necis! Es tu padre. No seas grosero, respeta a tus mayores, muchacho —me reprendió de inmediato.

​—Jejeje, perdón, madre. Solo bromeaba, no te enojes —respondí rascándome la cabeza.

​—Cariño, por favor ve a buscar a tu padre en lo que terminó de preparar la comida.

​—Claro, madre, no tardó. Traeré al viejo rápido —le dije antes de salir. «Ay, no, creo que sí se molestó de verdad. Será mejor que dé una buena vuelta; tal vez me tope a papá en el camino».

​Ya han pasado doce años desde que renací. ¡Wow, el tiempo se fue volando! Pero me agrada este mundo. Además, todo eso del rey de los piratas me recuerda muchísimo al manga de Luffy, jejeje. Cómo extraño mis mangas.

​Mientras caminaba por el sendero, escuché unas pisadas firmes acompañadas de un chiflido familiar. Era mi padre.

​—¿Necis? Hijo, qué sorpresa. ¿Te mandó tu madre? —preguntó Paul.

​—Oh, hola, papá. Sí, pero será mejor dar una vuelta más larga… Mamá está un poco molesta.

​—¿Ah, sí? ¿Y qué fue lo que hiciste, hijo? Aunque bueno, puede que también sea culpa mía…

​—¿Qué fue lo que hiciste tú, papá? —le pregunté con curiosidad.

​—Sin querer… la llamé «vieja».

​Los dos soltamos una gran carcajada y continuamos riendo durante todo el camino. Tras unos momentos de silencio, mi padre me miró con orgullo.

​—Sabes, hijo… Me sorprendes. A tu edad, siento que hablo con un adulto. Cuando eras un bebé eras tan tranquilo; nunca lloraste, ni siquiera durante el parto. Pero ha llegado el momento.

​—¿El momento? ¿De qué…? —pensé con intriga.

​—Te entrenaré en mi estilo de espada. Mi objetivo es que a tus quince años seas capaz de derrotarme. Tu madre te ayudará con la magia, ya que yo no soy muy diestro en eso.

​Paul se agachó, colocó una mano sobre mi hombro y, con una sonrisa sumamente noble, me miró a los ojos.

​—Yo creo en ti, Necis —dijo mientras acariciaba suavemente mi cabello, que era del mismo color rojo encendido que el suyo—. Volvamos a casa, hijo, tu madre nos espera.

​—¡Ya volvimos, mamá! —anuncié al abrir la puerta.

​Una densa y oscura aura de pura furia rodeaba la estancia. Era mamá.

​—¿Estas son horas de llegar, niños? —dijo con voz gélida.

​Papá y yo nos miramos aterrorizados e inmediatamente le pedimos perdón. Al vernos así, su expresión cambió por completo; sonrió con dulzura y soltó la noticia:

​—Estoy embarazada.

​—¿¡QUÉEEEEEE!? —gritamos al unísono.

​Nuestras caras eran un poema de pura incredulidad.

​—Así es, Necis, cariño. Vas a ser hermano mayor —añadió ella radiante.

«¿Un hermano? Qué nostalgia, jejeje. Aunque bueno, sí que se tardaron bastante», pensé divertido. Por su parte, mi padre no cabía en sí de la felicidad.

​—¿En serio, cariño? ¡Qué gran emoción, ya me estaba asustando! —Paul se acercó a su vientre—. Hola, bebé, soy tu papá, y este de aquí es tu hermano mayor, Necis.

​—Mamá, saldré a dar una vuelta rápida, no tardó —avisé encaminandome a la salida.

​—Claro, cariño.

​—¿A dónde vas? —preguntó papá algo extrañado. ¿Todo bien, hijo?

​—Tranquilo, papá, jajaja. No te preocupes, solo quiero despejar mi mente. Caminar un rato me ayudará; recuerda que tú mismo me dijiste eso una vez.

​—Ah, tienes razón, hijo. De todos modos, aún tenemos una charla pendiente. Por el momento, debemos cuidar al máximo a tu madre y a tu futuro hermano… o hermana, ¡o tal vez sean dos! Wow, hijo, ¿te lo imaginas? —bromeó entusiasmado.

​—Jejeje, felicidades por el bebé, papá. Ya veremos qué nos depara el tiempo. Eso sí, te prometo que los protegeré a todos —sentencié firmemente—. Nos vemos.

​Mientras me alejaba, alcancé a escuchar a mi padre:

​—Iris, cariño, nuestro hijo es simplemente fabuloso.

​—Lo sé, querido… Recuerda que ahora somos dos a los que debes cuidar —respondió ella antes de sellar el momento con un tierno beso.

​Caminando por los alrededores, recordé mis días en las calles de México, jugando con mis hermanos y siempre sonriendo. Esos días eran increíbles: los vecinos jugando fútbol, entretenidos con videojuegos y yo devorando mis mangas.

​En medio de mi nostalgia, una suave voz a mis espaldas interrumpió mis pensamientos:

​—Hola.

​—¿¡Quién está ahí!? —reaccioné volteando rápidamente.

​—Ah, hola, soy Necis —me presenté al ver a una chica.

​—Discúlpame, pensé que no habría nadie por aquí —dijo ella con una sonrisa sumamente bella—. Me llamo Valery. Nos acabamos de mudar desde el pueblo de Lampers y salí a dar una vuelta. ¿Vives por aquí?

​—Sí, vivo en la casa que está justo al lado de la granja. Suelo venir a este punto porque me da una paz increíble y me llena de energía.

​—Necis, ¿verdad? —comentó mirándome detenidamente.

​—Así es —respondí, sintiéndome un poco nervioso.

​—Me gusta mucho tu cabello rojo, es muy llamativo. Bueno, ¿qué te parece si charlamos más después?

​—¡Claro que sí! Encantado —acepté.

​Al regresar a casa, noté un ambiente tenso.

​—Mamá, papá, ya regresé… Ah, Mera, ¿dónde se encuentran mis padres? —le pregunté a la sirvienta.

​—Mi señor… Su padre tuvo que salir de emergencia —explicó Mera con evidente nerviosismo—. Ha habido una gran cantidad de ataques de ogros en el bosque.

«Es verdad, últimamente se han reportado muchos avistamientos», pensé preocupado.

​—Mera, iré a buscar a papá. Si mamá pregunta por mí, por favor dile que aún no he regresado de mi caminata.

​—Pero, mi señor…

​—No te preocupes, tendré mucho cuidado —la tranquilicé antes de salir corriendo.

«Vamos, papá, ¿dónde estás? Usaré mi maná para rastrear el suyo». Concentré mi energía e invoqué el hechizo: «¡Localizar!». No obtuve respuesta. «¿Qué? ¿No funciona?»

«Concéntrate, Necis. Siente el maná fluir a través de la tierra, de los árboles, del viento…».

​—¡Localizar! —repetí.

«¡Los encontré! Pero… el maná de papá se siente demasiado bajo», advertí con horror. En ese instante, un eco desesperado resonó entre los árboles:

​—¡AUXILIO! ¡Aléjate de mí, por favor, ayuda! ¡No quiero morir!

​—¡Mátala de una vez, no tenemos tiempo para perder! —gruñó una voz monstruosa.

​—¡Lárgate y déjame divertirme, los alcanzaré pronto! Sabes, niña… Nuestra especie no tiene muchas hembras, ¡así que serás mi recipiente! ¡Jajajaja!

​—¡Nooooo! ¡Aléjate! ¡Aléjate, NOOO!

​—¿¡Qué carajos!? —exclamé al llegar a la escena.

​Frente a mí estaban esas horribles criaturas de las que tanto hablaba mi padre: Ogros.

​—¡Aléjate de ella! —bramé furioso.

​En mi vida pasada, en México, tuve que aprender a pelear a puñetazo limpio para que me dejaran en paz. Un señor llamado Don José vio mi potencial y me entrenó con dedicación. «Hijo, usa tus puños correctamente», solía decirme.

​Canalice una inmensa cantidad de maná directamente en mis puños y arremetí con un devastador golpe directo que mandó al ogro a volar por los aires. El impacto levantó una densa cortina de polvo, partiendo árboles y haciendo volar escombros en todas direcciones. Me giré rápidamente y tomé a la chica que gritaba: era Valery. Estaba completamente pálida y temblando de terror; no la culpaba, pero teníamos que movernos ya.

​—¿Necis? ¡Eres tú! ¡Ten cuidado, atrás! —gritó de pronto con los ojos desorbitados.

​Un árbol enorme, arrancado de raíz, se dirigía a toda velocidad hacia nosotros.

​—¡Maldición! Valery, perdóname, pero te dejaré aquí a salvo. Escúchame bien: corre y busca a mi padre.

​—¡Pero, Necis, esa cosa te va a matar! —protestó con la voz rota por la histeria.

​—¡Tranquilízate y mírame! Enfócate en encontrar a papá; tiene el mismo color de cabello que yo. Estaré bien, ¡CORRE!

​Apenas se alejó, sentí un impacto brutal por la espalda que me hizo perder la noción del espacio y me mandó volando directamente contra la fachada de la iglesia del pueblo. Cuando logré abrir los ojos, sentí un líquido cálido y pegajoso brotar de mi cabeza.

​—Qué demonios… —murmuré mareado.

​—¡¡NECIS!! —escuché el grito desgarrador de Valery a lo lejos.

​—¡Jajajaja! ¡Maldito mocoso, me las vas a pagar! —bramó el ogro aproximándose con su sucio hocico ensangrentado—. Te voy a matar… No, mejor te cortaré las piernas y los brazos para que veas en primera fila lo que le haré a esa mocosa.

​—¡Habitantes del pueblo, CORRAN! ¡Pónganse a salvo en el refugio! —Se escuchó la potente voz de Larious, el sacerdote de la iglesia, evacuando a la gente. Corrió hacia mí—. Necis, ¿estás bien? —preguntó alarmado.

​—Larious… vete. Lleva a los habitantes al refugio, por favor —le pedí con dificultad.

​—Necis, ¿¡qué estás diciendo!? ¡No puedo dejarte aquí solo! —insistió—. Vamos, muchacho, hay que huir. Tu padre se encargará de esto.

​—¡NOOOOO! ¡Eso jamás! —grité poniéndome de pie—. Ese maldito monstruo quiere pelear, ¡y le daré su pelea!

​Un fuego ardiente comenzó a quemar en mi pecho, una extraña mezcla de emoción y pura excitación de combate. «¿Qué me pasa? ¿Por qué siento que una voz en mi mente me grita «mata, mata»?»

​Caminé con paso firme hacia el engendro y me planté justo enfrente de él.

​—Hola… Empecemos el tercer asalto —le dije con una sonrisa llena de rabia.

​—Un simple humano no debería decir tantas estupideces. Todos ustedes son seres inservibles —replicó el ogro con desprecio—. ¡Llamas del inframundo!

​En cuestión de segundos, unas densas llamas negras salieron disparadas hacia mí. Con mucha dificultad logré esquivarlas por los pelos, pero el ataque impactó de lleno contra una casa cercana, provocando una explosión brutal.

​Los gritos de agonía, la sangre y la destrucción se apoderaron del lugar.

​—¡Maldito sea! ¡Deja de matar a mi gente! —rugí completamente enfurecido—. ¿Por qué hacen esto? ¿Qué es lo que ganan? ¿Acaso buscan poder, confianza, o es que tuviste un pasado horrible y quieres que el resto sufra lo mismo que tú?

​—Mocoso, yo no siento nada de eso… Solo el puro placer de matar. Eres fuerte, puedo sentir tu maná hirviendo. Dime, ¿quién eres? Te propongo un trato: veo que esa chica te importa, pero si dejas de entrometerte, te dejaré tocarla después de que yo termine de divertirme con mis propias manos.

​El ogro soltó una carcajada horrible y gutural que heló la sangre de todos los presentes.

​—Toma tu decisión, muchacho… Por cierto, me gustaría saber tu nombre. Oh, ya recuerdo, la chica te llamó Necis, ¿verdad?

​—¡¡NECIS!! ¿¡Dónde estás!? ¡Maldita sea, hijo, dónde te metiste! —Se escuchó el grito desesperado de Paul a lo lejos.

​—¡Cariño, ya lo encontré, está en el centro del pueblo! Pero… el maná de Necis está… ¡No puede ser! —exclamó Iris horrorizada. ¡Paul, ve rápido, por favor! Nuestro hijo está en peligro, hay un maná gigantesco y monstruoso a su lado.

​—¿¡QUÉ!? ¡Maldita sea! —bramó mi padre corriendo hacia la plaza.

​—Paul, tu hijo está conteniendo a un ogro a mano limpia, ¡tenemos que darnos prisa! —añadió Larious.

​Mientras tanto, yo ignoré el entorno y clavé mi mirada en el monstruo.

​—¿Sabes? Estoy realmente enojado. En mi otra vida todos me trataron mal cuando solo era un niño. ¡Basta, maldita sea, ya no puedo más!

​Con un movimiento de pura velocidad, me deslicé por el suelo, acorté la distancia y le encajé un brutal puñetazo en pleno estómago. El golpe iba tan cargado de maná que su potencia y velocidad se multiplicaron por cien.

​—¿¡Qué…!? —alcanzó a balbucear el ogro antes del impacto.

¡Plaaaaasssss!

​—¡¡AHHHHHH!! —aulló la criatura de dolor.

​—Dime, maldito… ¿Ahora sí sientes miedo? Quería probar eso. Me da risa tu ridículo juicio moral; el peor error que cometiste fue haber venido a este pueblo.

​—¡Maldito mocoso! —rugió el ogro incorporándose—. ¡Bola de fuego!

​Una enorme masa de fuego vino directo hacia mí. No me moví ni un centímetro, sabía perfectamente que ya no me haría nada. La llamarada se disipó a mi alrededor.

​—¿Eso es todo lo que tienes? —le espeté de forma desafiante—. ¡Tómate esto en serio, tú mismo me lo pediste! ¡Te mostraré cómo se hace!

​Girando sobre mi propio eje, le conecté una perfecta patada de karate directamente en el rostro, haciendo que escupiera una mezcla de saliva y sangre espesa.

​—¡Uuuaahhaagg! —gruñó vomitando más sangre.

​—¡Necis, hijo! —gritó Paul llegando finalmente a la plaza—. ¡Aléjate de mi hijo, monstruo!

​Sin embargo, antes de que mi padre pudiera atacar, una onda de choque mágica lo levantó por los aires y lo estampó contra una casa, destruyendo la estructura a su paso.

​—¿¡Papá!? ¡Eres un estúpido! ¡MUERE! ¡¡Oscuridad múltiple!! —bramé perdiendo por completo el control.

​Decenas de esferas de pura oscuridad concentrada del tamaño de rocas surgieron a mi alrededor mientras el cielo se teñía de un negro absoluto. Cada una de ellas cayó como un meteorito directamente sobre el cuerpo del ogro, traspasando y destrozando su carne en una serie de explosiones en cadena.

​—Hahn… Este niño… ¿Cómo es posible que tenga tanto poder? —alcanzó a articular el ogro antes de disolverse por completo en la nada.

​Una última explosión sacudió los cimientos del pueblo.

​—Lo… lo vencí de verdad… Jaja… Qué loco… —alcancé a murmurar antes de que la vista se me nublara por completo.

​—¡¡NECIS, HIJO!! —fue lo último que escuché.

​Capítulo 4: Piratas

​Cuatro días después, abrí los ojos con pesadez.

​—Ah, ¿dónde estoy? ¿Papá…? —susurré.

​—¡Hijo! Estás bien… Por favor, no me vuelvas a asustar así, pensé que te perdería —dijo mi madre, abrazándome con fuerza y con lágrimas desbordando sus ojos.

​—Mamá, lo siento… ¿Dónde está papá?

​—El ogro usó un hechizo de viento que lo mandó a volar, pero tranquilo, ya está bien —me consoló.

​En ese momento, Paul entró a la habitación con una sonrisa aliviada.

​—Alguien vino a verte, campeón —anunció.

​Detrás de él apareció Valery, visiblemente conmovida y preocupada.

​—¡Necis! Qué alegría que estés bien, estuve sumamente asustada. Muchas gracias por salvarme; si no fuera por ti, ni yo ni mi familia estaríamos aquí hoy. ¿De verdad te encuentras recuperado? Estuviste inconsciente durante cuatro días enteros.

​—Estoy perfectamente, Valery. Jamás dejaría que te pasara nada malo —le respondí con una sonrisa.

​A un lado, mi madre puso una expresión pícara de «vaya, mi hijo resultó todo un casanova», y mi padre ni se diga; ambos me miraban con unas caras que hasta me daban un poco de miedo, jejeje.

​—Papá… ¿Qué fue lo que pasó exactamente? —pregunté tratando de cambiar de tema—. Solo recuerdo los gritos del ogro y luego… una extraña oscuridad que emergió desde mi interior.

​—Hijo, primero recupérate por completo, luego hablaremos de eso con calma. Ahora debo ir a revisar el estado de los pueblos vecinos —me dijo Paul con semblante serio.

​Dos días después, me sentía de maravilla. El pueblo había sido reconstruido a una velocidad impresionante; realmente esta gente es muy trabajadora. Mientras paseaba, los vecinos me saludaban con enorme respeto y me daban las gracias por haberlos defendido.

​—Oye, que no se te vaya a subir el ego a la cabeza, señor héroe —bromeó Valery caminando a mi lado con una sonrisa pícara.

​—¡Claro que no! —respondí riendo, aunque luego me puse reflexivo—. Papá se irá pronto a su viaje y eso me tiene bastante intrigado… En realidad, tengo miedo de que algo le pase. Él, mi madre y mi futuro hermano son mi vida entera; daría todo por ellos, son mi luz. Jajaja, suena muy ridículo, ¿verdad? Perdona, son solo tonterías que pienso.

​—Necis, eso no es ridículo, es el puro amor que le tienes a tu familia —me dijo ella deteniéndose y mirándome con ternura—. No tienes que disculparte por eso; somos humanos, tenemos sentimientos y expresarlos nunca es algo malo.

«Wow… De verdad es una chica hermosa», pensé contemplándola.

​—¿¡Así que soy hermosa, Necis!? —soltó ella de repente, completamente sonrojada y con una sonrisa pícara.

«¡Mierda, lo pensé en voz alta de nuevo!», me lamenté internamente mientras tragaba saliva.

​Para romper la tensión, Valery cambió de tema:

​—Escuché que un grupo de caballeros del Reino vendrá a inspeccionar el pueblo, y que varios piratas custodiarán las costas por si hay más avistamientos de ogros, goblins o demonios. Por cierto, a ti te gustan mucho los piratas, ¿verdad?

​—Me da mucha curiosidad conocerlos —admití—. Papá me ha dicho que son hombres muy fuertes que se dedican a ayudar a los pueblos en problemas. Además, todo esto me recuerda tanto al gran Luffy… Sería genial si en este mundo existieran las Frutas del Diablo; me encantaría comer una, jajaja.

​—¡Llegaron los piratas! ¡Barco a la vista! —anunció a lo lejos Alfred, un caballero del pueblo y gran amigo de mi padre.

​—¡Vamos, Valery! —dije tomándola de la mano.

​—¡Espera, Necis, con calma! —protestó ella arrastrada por mi entusiasmo.

​En el muelle, nos topamos con Paul.

​—Papá, ¿qué haces aquí? —le pregunté.

​—Está claro, hijo mío: hay que darles una calurosa bienvenida. ¿Me quieres acompañar? —me invitó con una gran sonrisa.

​Desde la cubierta de la imponente embarcación, una voz rasgó el aire:

​—¡Capitán! ¡El pueblo de Lengard a la vista!

​Frente a nosotros apareció un hombre sumamente alto y fornido, luciendo una imponente barba negra y un llamativo traje de gala con bordados dorados. El Capitán Dread se hacía presente. Era una leyenda viviente que protegía a los desamparados, un guerrero curtido en mil batallas y lleno de cicatrices, diestro con la espada y poseedor de un maná de alto nivel. De hecho, era de los pocos hombres en el mundo capaces de usar la magia oscura.

​—Tanto tiempo sin pisar estas tierras… ¡Vamos, camaradas, ayudemos a esta buena gente! —ordenó Dread con entusiasmo—. Claid, pásame el catalejo.

​—Sí, mi capitán.

​El capitán ajustó la lente y divisó la costa.

​—Oh, pero miren nada más… ¡Si es Paul! Y hay un joven a su lado que tiene los ojos de… No puede ser…

¡Pammmmmm!

​Dread dio un tremendo salto desde la cubierta que casi lo hizo parecer como si volara por los aires, aterrizando con un estruendo justo frente a nosotros.

​—¡¡PAULLLL!! —bramó el gigante.

​—Jajaja, el capitán está atónito por conocer al fin a tu hijo, Paul. Ha pasado mucho tiempo, hermano, y ya era hora de regresar a mi pueblo natal —comentó Thourd, el vice capitán y mano derecha del capitán, quien bajaba del barco de forma más calmada.

​—¿¡Pero qué demonios es eso!? ¡Papá, muévete! —reaccioné asustado por el impacto.

​—Tranquilo, hijo, quédate a mi lado —me calmó Paul, volviéndose hacia atrás—. Valery, tú tampoco te muevas.

¡Pummmm!

​Dread rompió en una carcajada limpia y estruendosa.

​—¡Jajajaja! Paul, ¿cómo te atreves a ocultárnoslo? ¿Por qué demonios no nos habías dicho que ya somos tíos?

​—¿Espera… ¿QUÉ? —me quedé helado. «¿Cómo es que llegó hasta aquí de un solo salto?»

​—Disculpa, capitán, es que perdí el comunicador que me obsequiaste y por eso no pude reportarme ni contarte sobre mi hijo —explicó mi padre rascándose la nuca con una sonrisa apenada. Luego se volvió hacia mí—: Necis, déjame presentarte oficialmente al Capitán Dread… Mi hermano menor y tu tío.

​Todos los aldeanos que observaban la escena gritaron conmocionados:

​—¿¿¡¡QUEEEEEEEEE!!??

​Dread se giró hacia la multitud y alzó los brazos con orgullo:

​—¡Pueblo de Lengard! ¡Soy el Capitán Dread y estoy a sus completos servicios!

​Ver la emoción y el fuego en los ojos de ese hombre al hablar fue una experiencia fantástica.

​—¡Valery, mira, el barco es gigantesco! Papá, ¿podemos subir? —rogué emocionado.

​—¡Necis, espera, no corras! —me gritó Valery, visiblemente enfadada por mi imprudencia.

​Una vez a bordo, quedé maravillado. «¡Wow, esto es increíble! Todo es mil veces mejor de lo que veía en la televisión sobre Luffy», pensé con los ojos brillando. «Quién lo diría… Estoy en un auténtico barco pirata».

​—¡Mocoso! ¡Ven aquí! —Una voz sumamente gruesa me sacó de mi asombro. Era Dread—. Eres el vivo retrato de tu padre: el mismo cabello rojo y los mismísimos ojos de tu madre. Dime… eres bastante diestro con la magia, ¿verdad?

​—¿Qué? ¿Cómo sabe eso? ¿Y quién eres tú exactamente para interrogarme? —respondí a la defensiva.

​—¡Necis! ¿¡Esa es la forma de pedirle el nombre a alguien!? —me regañó Valery dándome un codazo.

​Toda la tripulación estalló en un coro de carcajadas épicas.

​—¡Jajajajajaja! Qué gran muchacho —exclamó Dread de buen humor—. Deberías estar muy orgulloso de tu mujer; una dama con carácter es lo mejor del mundo. Valórala bien, niño, se nota a leguas que te quiere con locura, ¿o me equivoco, señorita?

​Todos giramos la cabeza para ver a Valery, pero la pobre ya no estaba ahí; había salido huyendo a toda prisa, roja como un tomate.

​—¿Lo ves, muchacho? Ella te quiere —concluyó el capitán guiñandome un ojo.

​Pasé la tarde conociendo al resto de la tripulación; todos resultaron ser personas increíbles. Miré hacia arriba, contemplando el tremendo tamaño de la vela mayor ondeando al viento, y suspiré: «Me encantaría navegar por los mares como un pirata».

​—¿¡Qué dices, Necis!? ¡Claro que no! —Se escuchó un grito firme desde el muelle. Era mi madre, que venía llegando—. ¡Eso sí que jamás, jovencito!

​—¡Hermana! ¡Vaya, al fin llegué, jajaja! —la saludó Dread asomándose por la borda—. Deja que mi sobrino se convierta en pirata si ese es su sueño. Solo porque tú no pudiste serlo no significa que él deba quedarse en tierra. Míralo, ¡está feliz de estar aquí! Sin embargo… hay un pequeño requisito, jajaja —añadió el capitán con una sonrisa astuta. Paul, ya que el joven Necis aún no cumple los quince años requeridos, yo, el Capitán Dread, ¡lo reto a un duelo formal! ¿Lo permites?

​—¿¡¿¿QUEEEEEEEEEEEE???!! —exclamaron todos los presentes, con los ojos abiertos de par en par.

​—Paul, ¿cuál es tu veredicto? —presionó Dread con los brazos cruzados.

​Yo no daba crédito a lo que estaba escuchando. «¿Pelear contra él? ¿Es en serio? Esto no puede ser prudente, ¡por Dios, voy a morir!», pensé alarmado.

​Recordé lo que el vice capitán Thourd me había comentado esa misma mañana a solas en la cubierta: «El capitán es el pirata más fuerte que conocerás, chico. Me dejó helado que seas capaz de manipular magia sin necesidad de recitar un conjuro; ese es un don formidable y tienes el potencial para volverte una leyenda. Pero si te haces pirata, debes saber que tendrás al mundo entero en tu contra; el Reino está plagado de ratas corruptas, gente despiadada y, sobre todo, demonios. Nosotros ayudamos a quienes no pueden defenderse solos, como a los habitantes de este pueblo. Nos enteramos de lo que pasó con el ogro; me sorprende que atacaran de esa forma tan imprevista, esos bastardos evolucionan rápido. Pero tú lograste abatir a uno solo. Sentimos tu poder, el capitán lo sintió. Conozco bien a ese cabeza dura, y lo más seguro es que te pida un duelo para probarte. Jajaja, buena suerte, niño».

​¿Qué se suponía que debía hacer ahora? En mi vida anterior, solo aparentaba ser un tipo fuerte, pero por dentro era un cobarde que se la pasaba llorando a solas por las noches. Pero ahora las cosas eran distintas; poseía estos recuerdos para recordarme que tenía una segunda oportunidad y que podía dar mucho más de mí.

​—¿De qué estás hablando, Dread? ¡Estás demente! De ninguna manera permitiré que mi hijo pelee contra ti. ¡Paul, di algo por favor! —exclamó mi madre sumamente alterada.

​—¡Papá, acepta el duelo, por favor! —interrumpí firmemente.

​—Necis… ¿Estás completamente seguro de que eso es lo que deseas? —preguntó Paul mirándome con seriedad.

​—¡Mi señor! ¡Haga algo! —suplicó Mera a su lado.

​—¡No, basta! ¿Qué les pasa a todos en esta familia? —reclamó mi madre al borde de las lágrimas.

​—Madre… Deseo volverme fuerte. Quiero tener el poder necesario para protegerlos a ti, a papá y al hermoso bebé que viene en camino dentro de ti. No importa si gano o pierdo contra el capitán; él es un guerrero formidable y tengo la inmensa fortuna de que sea mi tío. Es una oportunidad única para descubrir cuáles son mis verdaderos límites. ¡Pelearé con usted, capitán!

​—¡Jajajajajajaja! —Dread soltó una carcajada colosal que contagió a toda la tripulación con la pura emoción pirata—. ¡Esa es la actitud!

​—Capitán… Acepto tu duelo —sentenció mi padre, dibujando una sonrisa en su rostro.

¡Passssss!

​—¡Señora Iris! —gritó Mera asustada.

​Mi madre, abrumada por la mezcla de coraje, impresión y pura preocupación, se había desmayado en seco.

​—¡¡MAMÁ!!

—¡Hermana!

—¡Cariño!

​Unas horas después, mientras esperábamos que mamá despertara, me senté junto a mi padre.

​—Papá… Madre solía ser una pirata también, ¿verdad? —pregunté en voz baja—. Si se puso así, es porque algo muy grave ocurrió en su pasado… Por eso tiene tanto pánico de que a mí me suceda lo mismo.

​—Necis… Son muchas cosas del pasado las que arrastramos, pero tienes toda la razón —admitió Paul mirando con ternura a mi madre recostada en la cama—. Dime una última vez, hijo… ¿De verdad quieres pelear contra el capitán?

​—Sí, papá. Quiero pelear con él —afirmé con la mirada fija.

​Capítulo 5: El Duelo de Honor

​Llegó el día esperado. El cielo estaba despejado y el capitán se encontraba de un humor excelente, visiblemente emocionado. A decir verdad, yo sentía una punzada de miedo y las manos me temblaban un poco.

​—Capitán, estoy listo —anuncié plantándome en el campo de batalla.

​—¡Jajaja! Esa es la actitud, muchacho. Se nota que llevas la sangre de Paul en las venas. ¡Aquí voy! —exclamó Dread acortando la distancia en un pestañeo—. ¡Ahhhhh, toma esto!

¡Passss!

​Recibí un brutal impacto. Fue una patada fulminante que nunca vi venir; se movió con tanta rapidez que ni siquiera registré sus movimientos.

​—¡Ahg! Es… es increíblemente fuerte —murmuré recomponiéndome—. Pero esto apenas comienza.

​Canalicé de inmediato mi maná, enviando ráfagas de energía directamente a mis piernas para incrementar exponencialmente mi velocidad y reflejos.

​—¿Pero qué clase de maniobra fue esa? —comentaron asombrados los camaradas del capitán desde la línea de banda.

​—¡Jajaja! ¡Bien hecho, niño! —alentó el vice capitán Thourd con una gran sonrisa.

​—¡Toma esto! —bramé arremetiendo con todo.

¡PASSSS!

​—Oh, ¿conque te agrada el combate cuerpo a cuerpo? Interesante… ¡Muy bien, da lo mejor de ti, Necis! —desafió Dread bloqueando mis avances.

​En mi vida pasada, el boxeo había sido mi vía de escape y defensa. Tenía la enorme ventaja de combinar esas refinadas técnicas de puños con la magia pura en cada impacto. Decidí que las patadas de karate serían mi último recurso, ya que consumían demasiada energía, pero debía arriesgarlo todo.

​Lancé una ráfaga de combinaciones consecutivas y veloces directas tanto al cuerpo como al rostro del capitán, impregnando cada golpe con maná para hacer el impacto cien veces más duro. Sin embargo… para mi frustración, él esquivaba mis puños con una facilidad pasmosa, como si bailara con el viento. «No importa, sigue… ¡Solo necesito conectar un golpe, uno solo!», me repetía internamente.

​—¡Miren ese estilo de pelea tan inusual! El capitán está teniendo que usar su propia magia para contrarrestar los movimientos de ese niño, ¡es impresionante! —comentaban los piratas a viva voz.

​—¡Vamos, Necis, tú puedes! —se escuchó el grito de aliento de mi padre desde la orilla.

​Escuchar el apoyo de Paul encendió un calor abrasador en mi pecho. «Jajaja, ¡esto es verdaderamente emocionante!», pensé. Llevado por la adrenalina, desaté una tormenta de golpes y patadas consecutivas, pero el capitán continuaba evadiendo cada ataque con una sonrisa imperturbable.

​—¡Excelente, sigue así! Tu estilo de combate es fantástico, muchacho —reconoció Dread—. Pero ¿sabes algo? Ahora es mi turno… ¡Ahhhhh!

​El capitán detectó una milimétrica apertura en mi guardia tras una patada alta. Conectó un certero golpe imbuido con un poderoso conjuro de viento.

¡Paasssss!

​El impacto me mandó volando por los aires a una velocidad sónica, estrellándome de lleno contra una pequeña montaña cercana y levantando una densa humareda de escombros.

​—¡Necis! —gritó Paul consternado.

—¡Mi señor! —exclamó Mera cubriéndose la boca.

—Ah, capitán… Creo que se te pasó un poquito la mano con el niño —le recriminó Thourd tomándose la cabeza.

​En medio de los escombros, logré toser y abrir los ojos.

​—Aún… aún puedo pelear… Este no es el fin —susurré poniéndome de pie con extrema dificultad. «¿Qué es lo que realmente quiero lograr en esta vida? ¿Cuál es mi propósito?».

​En realidad, poseía la mente de un adulto. Haber reencarnado en este mundo mágico fue algo completamente imprevisto, pero abracé con el alma esta segunda oportunidad. «¡No me voy a rendir! Como buen mexicano, ¡me voy a levantar y voy a seguir peleando hasta el maldito final!».

​—¡Levántate, cabrón! ¡¡Ahhhhh!! —rugí liberando toda mi energía acumulada.

​—Ummm… ¿Qué rayos planeas hacer ahora, Necis? Tu maná se está calentando a niveles alarmantes —advirtió el capitán, borrando la sonrisa de su rostro—. ¡Paul, aleja a todos de este lugar de inmediato!

​—Pero, capitán… ¿Por qué el maná de Necis se siente tan extrañamente denso y oscuro? —preguntó Paul alarmado.

​—¡Sólo váyanse, tengo un pésimo presentimiento! —ordenó Dread con severidad—. ¡Thourd, en el instante en que Necis arremeta, despliega un campo mágico de máxima contención sobre nosotros dos!

​Una imponente explosión de energía sacudió los cimientos del suelo. El ambiente se tornó lúgubre y un maná de tono oscuro y ardiente comenzó a emanar de mi cuerpo. Emergí de la densa humareda con una mirada fría, calculadora y completamente serena, fija en el capitán. Era el mismo misterioso poder con el que había aniquilado al ogro días atrás.

​—¡Hazlo ya, Thourd! —bramó Dread.

​—¡Cuadrado mágico de contención! —invocó el vice capitán, sellándonos dentro de un cubo transparente de alta resistencia.

​—Vaya, muchacho… Eres mucho más de lo que jamás esperé. Tienes un poder fuera de lo común, pero te falta controlarlo por completo —advirtió Dread poniéndose en guardia máxima.

«Debo conectarle un golpe… Solo un golpe válido», me repetí concentrando toda la energía en mi puño derecho.

​En un parpadeo, desaparecí por completo de la vista de todos. El capitán abrió los ojos con genuina impresión; era inverosímil que alguien de mi edad pudiera desplazarse a semejante velocidad.

​—¡Jajaja, aquí voy, Necis! —exclamó Dread eufórico, liberando su propio maná oscuro.

​Un colosal destello de energía chocó en el centro del cubo, desatando una explosión de magnitudes titánicas que dejó a todos los espectadores en un absoluto estado de shock.

​De pronto, todo el escenario de combate se desvaneció de mi mente y una voz sumamente dulce y familiar me arrastró a la superficie:

​—Hijo… ¿Estás bien, mi niño?

​Abrí los ojos confundido. Estaba recostado en una cama limpia.

​—¿Qué… qué está pasando, mamá? —pregunté desorientado—. Tuve un sueño muy extraño… Soñé que moría y que reencarnaba en un mundo completamente diferente…

​De la nada, una tétrica voz distorsionada resonó en el fondo de mi cabeza: «¡ESTÁS MUERTO, YA NO EXISTES Y ESO ME ENCANTA! ¡JAJAJAJAJA!».

​—¡¡NOOOOOOOOOO!! —grité arqueándome en la cama en un arranque de pura desesperación y dolor.

​—¡Hijo! ¿Qué tienes? Por favor, mírame, aquí estoy para ti —me consoló mi madre estrechándome en sus brazos mientras las lágrimas rodaban por sus mejillas.

​—¿Qué está pasando? Necis, hijo, ¿te encuentras bien? —preguntó Paul acercándose apresuradamente al borde de la cama.

​—Papá… ¿Qué fue lo que pasó con el duelo? —alcancé a preguntar sobándome la frente.

​—¡Jajajajaja! Necis, eres un sujeto sumamente increíble. Tenía años sin tener una pelea tan buena como esa, de verdad te lo agradezco de corazón —dijo Dread entrando a la habitación con una venda en el brazo y una enorme sonrisa de respeto.

​—¡Cállate la maldita boca, Dread! —le rugió mi madre, completamente enfurecida—. ¡Hermano, esto cruzó todos los límites tolerables! Mira las condiciones en las que quedó mi hijo. ¡Paul, di algo por el amor de Dios! ¿Te vas a quedar ahí callado viendo cómo casi pierde la vida? Tengo un pánico terrible de que algo malo le suceda… Él es un niño noble, bueno y sumamente amable; ¡no quiero que siga los peligrosos pasos de un pirata o de un caballero! Él no se merece una vida de constante peligro y violencia, ¡y no lo voy a permitir jamás!

​Capítulo 6: El Secreto del Pasado

​Mi madre rompió en un llanto amargo. Al ver sus lágrimas y escuchar su desesperado anhelo de protegerme, mi mente se desconectó y comenzó a rememorar la trágica historia que ella misma me había confiado sobre su propia infancia…

«¡Papi!», recordaba haber gritado en su mente.

​En aquel entonces, Iris era solo una pequeña niña. Su madre la cargaba con desesperación en brazos mientras huían a través de un denso bosque. Se suponía que aquello sería un simple viaje familiar de negocios, planeado por su padre para pasar tiempo de calidad juntos.

​Aún mantenía grabada la imponente espalda de su padre cuando este decidió plantarse firme en el sendero para contener la amenaza y cubrirlas. Le aterraba que algo malo le pasara; en sus años de juventud, su padre había sido un Caballero de élite, pero él mismo solía recordarle con una sonrisa melancólica que «la vejez nos llega a todos eventualmente».

​El bosque era una boca de lobo completamente oscura; lo único que rompía el silencio eran las pesadas y aterradoras pisadas que las acechaban de cerca. Su madre respiraba con extrema dificultad debido al esfuerzo físico.

​—Tranquila, hija, estaremos bien… Solo te pido que no llores. No hagas ningún ruido, tápate la boca con fuerza, por favor, mi amor —le suplicaba en un susurro quebrado.

​—Pero, mamá… ¿Mi papi va a regresar con nosotras? —le preguntaba la pequeña Iris, pero su madre solo guardaba un doloroso silencio mientras apretaba el paso.

​Finalmente, lograron alcanzar la orilla del mar. Su madre corría con una fuerza que nunca antes había demostrado. Sin embargo, de la absoluta nada, la arena fue invadida por criaturas espantosas: Demonios. Jamás en la vida lograría borrar de su mente el repugnante aspecto y el fétido olor a muerte que emanaban esos engendros.

​En aquella época, era sumamente inusual y casi ilógico que los demonios lograran cruzar las fronteras hacia otras tierras habitadas. Su padre le había advertido sobre ellos una noche junto a la fogata: «Hijita mía, en este vasto mundo existen toda clase de criaturas místicas: majestuosos dragones, feroces ogros y salvajes orcos… Pero debes saber que las más peligrosas de todas son los demonios. Son seres de pura maldad que solo existen para sembrar el caos, el tormento y la destrucción absoluta». Y las palabras de su padre se cobraron una espantosa realidad.

​Los monstruos poseían una silueta vagamente humana, pero grotesca. Uno de ellos avanzaba con las fauces chorreando hilos de sangre fresca mientras devoraba un miembro cercenado como si fuera un simple bocadillo… Era el brazo de su padre.

​Su madre soltó un grito desgarrador que desgarró el viento:

​—¡¡Querido!! ¡Malditos monstruos engendrados por el presidio! ¡Aléjense de nosotras! ¡Llévenme a mí, devoren mi carne si quieren, pero por lo que más quieran, dejen en paz a mi pequeña hija!

​—¡Jajajaja! Qué delicia, tengo un hambre voraz… Puedo devorarlas a las dos, ¡serán unos nutrientes fabulosos para mi cuerpo! —siseó uno de los demonios mostrando sus colmillos.

​—Claro, pero te advierto que la niña me pertenece a mí, ¿quedó claro? —reclamó el segundo monstruo con una mirada lasciva.

​Llevada por la pura desesperación maternal, la madre de Iris concentró toda la energía que le quedaba y desplegó un majestuoso círculo mágico de luz pura en la arena para mantener a raya a las criaturas. La barrera fue sumamente efectiva al principio, pero un hechizo de tal magnitud consumía el maná a una velocidad alarmante.

​—Mamá… tengo… tengo muchísimo miedo —sollozaba la pequeña Iris, temblando incontrolablemente en el suelo.

​—Tranquila, mi amor, no llores. Te juro que no dejaré que nada malo te suceda —le respondió con una voz que, milagrosamente, transmitía una calma absoluta.

​Momentos después, el maná de su madre se agotó por completo y el círculo mágico de luz se desvaneció en el aire. Justo en el instante preciso en que los demonios se abalanzaron para destrozarlas, una imponente figura emergió de las sombras.

​Un hombre sumamente alto, empuñando una colosal espada de acero, cortó el aire con perfecta fluidez y decapitó al primer demonio de un solo tajo limpio y certero.

​Abrumada por el esfuerzo y el shock, la madre de Iris perdió el conocimiento y cayó desplomada en la arena.

​—¡¡Maaa… mamá!! —gritó la pequeña llorando sobre su cuerpo.

​El imponente guerrero se agachó a su altura y la miró con unos ojos que desbordaban una confianza inquebrantable.

​—Tranquila, pequeña… Tu madre está a salvo, solo está agotada. Les doy mi palabra de caballero de que no permitiré que nadie les ponga un solo dedo encima —la consoló con voz firme.

​El guerrero hizo una seña a otro de sus camaradas, quien cargó con cuidado a la madre inconsciente. Al ver que se retiraban, Iris comenzó a suplicar desesperada entre lágrimas de puro dolor:

​—¡Señor, se lo ruego! ¡Busque a mi papi! Él se quedó combatiendo en el corazón del bosque para darnos tiempo de escapar… ¡Por favor, regrese por él!

​El imponente caballero la contempló fijamente por un instante, le dedicó una cálida sonrisa y asintió:

​—Lo haré.

​—Mamá… ¿estás bien? —preguntó la niña mientras el segundo hombre la subía a sus hombros.

​—No te preocupes, pequeña, ella se va a poner bien. Solo necesita descansar apropiadamente —le explicó el robusto hombre que las transportaba.

​Poco después, la fatiga extrema y el dolor emocional pasaron factura en el cuerpo de la pequeña Iris, haciendo que su vista se tiñera de negro antes de quedar completamente inconsciente en los brazos de sus rescatistas

​Al despertar mi madre—Ella me miró, muy seria y dijo: «Vamos, está en la otra habitación, pero tienes que ser fuerte mentalmente. Sé que apenas eres una niña, pero tienes que serlo. ¿Lo harás?»

—Sí, mamá, lo seré —respondí.

​Tenía miedo, realmente estaba aterrada. Cuando salí de la habitación junto a mi madre, me sorprendí por lo que vi. Estábamos en un barco enorme, con muchos hombres y mujeres a bordo trabajando de forma muy dura y esencial.

​—Vamos, cariño, tu papi está aquí.

—Sí —respondí con un nudo de miedo en mi garganta.

​Al momento de entrar, un hombre que parecía ser el médico le dijo a mi madre con una mirada de profunda tristeza:

—Hice todo lo que pude, pero no sobrevivirá. Lo siento, entren y despídanse, está preguntando por ustedes dos.

—Está bien, se lo agradezco mucho, doctor. Y a todos ustedes les doy las gracias, no estaríamos aquí si no fuera por ustedes —mamá hizo una reverencia a toda la gente del barco.

​Entramos y ahí estaba mi papi, alguien bueno y bondadoso, postrado en una cama y lastimado de una forma horrible. En la habitación también se encontraba el caballero que nos había salvado; había cumplido su palabra de traer a mi padre de vuelta.

​—Hija —dijo él cuando me miró con sus bellos ojos de arcoíris.

—Papi, estaba asustada, pensé que no te vería de nuevo —le dije llorando con fuerza.

​Mi padre, exhalando su último aliento, nos tomó de las manos y nos pidió que siguiéramos adelante, que fuéramos fuertes y que nunca nos dejáramos vencer por la oscuridad de ese mundo. Poco después, sus ojos perdieron el brillo. El dolor de perderlo a manos de los demonios dejó una marca imborrable en el corazón de Iris. Aquel imponente caballero que las rescató resultó ser el líder de una tripulación que cambiaría sus vidas, el mismo entorno del que Paul y el capitán Dread formarían parte años más tarde.

Regreso al presente:

​Iris, con lágrimas recorriendo sus mejillas al terminar de rememorar su pasado, miró fijamente a Paul y al capitán Dread.

—Por eso tengo tanto miedo —expresó con la voz entrecortada—. Los demonios y los monstruos se llevan todo lo que amamos. No quiero que mi hijo pase por el mismo infierno.

​Necis, escuchando la desgarradora historia de su madre, sintió cómo su madurez de 29 años y su espíritu mexicano reaccionaban con empatía y determinación. Se levantó de la cama, aún adolorido por los estragos del combate contra su tío, y abrazó fuertemente a Iris.

​—Mamá, ahora lo entiendo todo —dijo Necis con un tono firme pero profundamente cariñoso—. Pero no soy una niña indefensa. Tengo una segunda oportunidad en esta vida y no la voy a desperdiciar. No dejaré que nadie les haga daño a ti, a papá ni a mi futuro hermano. Me haré tan fuerte que incluso los demonios temerán acercarse a nuestro hogar.

​El capitán Dread, conmovido por la resolución del muchacho, rompió el tenso silencio con una de sus características carcajadas, aunque esta vez con un matiz de profundo respeto.

—¡Jajajaja! Hermana, tienes un hijo excepcional —admitió Dread, rascándose la barba—. Su estilo de pelea es extrañísimo, nunca había visto esos golpes directos al cuerpo, pero tienen una fuerza demoledora. Tiene el fuego de un verdadero guerrero.

​Paul se acercó también, colocando una mano sobre el hombro de su hijo.

—Iris, el mundo se está volviendo cada vez más peligroso. Los informantes dicen que los demonios están avanzando y buscando nuevas formas de teletransportarse. Si los dejamos en paz, tarde o temprano vendrán por nosotros. La única defensa es estar listos. Nuestro hijo tiene un don, y ocultarlo no lo protegerá. Dejemos que entrene, yo mismo lo supervisaré.

​Iris miró a los tres hombres de su vida: su esposo, su hermano y su pequeño Necis, quien la observaba con una mirada llena de convicción azteca y determinación inquebrantable. Finalmente, suspiró, limpiándose las lágrimas, y asintió levemente.

—Está bien… pero si vuelves a terminar en una montaña destruida por culpa de un duelo, los colgaré a los tres del mástil del barco —amenazó Iris, recuperando su imponente aura oscura.

​Los días siguientes fueron de intensa preparación. Necis comenzó a diseñar un estricto régimen combinando el flujo de maná que había descubierto con sus conocimientos de boxeo y karate de su vida pasada. Sabía que el peligro acechaba y que el tiempo corría en su contra —con un margen de apenas 5 o 6 años antes de que las cosas se pusieran verdaderamente feas—, pero ya no era el cobarde que solía lamentarse en las noches de Tokio.

​Con su familia apoyándolo, el respeto de la tripulación pirata y su amiga Valery siempre cerca para recordarle por lo que luchaba, el reencarnado mexicano estaba listo para escribir su propia leyenda en este nuevo y caótico mundo.

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