Como profesor, en el año 2020 me correspondió ser director de grupo de un grado décimo. Esto quiere decir que están a un año de graduarse de su bachillerato o preparatoria, como le llaman en algunos países. Me sentía con una inmensa responsabilidad porque los estudiantes que más confianza me tenían, indagaban muy a su estilo por preguntas propia de su edad y su contexto académico: ¿Qué debo estudiar? ¿A qué me debo dedicar el tiempo que me queda de existencia? Yo más confundido que ellos pensaba: ¿si supieran que llevo toda mi vida preguntándome lo mismo?
Recordé un video del escritor y creador de contenido mexicano Roberto Martínez sobre la muerte como inspiración. En su documento, plantea el contraargumento de Becker a Freud, donde se desvirtúa que el sexo es el motor que impulsa la actuación de los seres humanos. Para Becker es la muerte. Esa finitud de la existencia es lo que nos impulsa a hacer cosas. Sin embargo, el peso de ser el único animal consciente de que su vida va a terminar en algún momento, puede hacer del ser humano un enfermo neurótico de vida miserable. Un esquizofrénico sistemático. Así pues, según Becker, los seres humanos hemos creado tres formas de negar la muerte: la primera es la religión y la promesa de la vida eterna. En esta todas nuestras buenas obras tendrán su consolidación en una vida más allá de la muerte, donde recibiremos nuestra recompensa de acuerdo a que tan buenos o malos fuimos. La segunda es el amor que puedo sentir hacia una pareja o un hijo. En lo personal, me parece la más noble de las formas de negación. Siempre he sentido una infinita admiración por las personas que sacrifican su vida por la de otras, muchas veces sin garantías verdaderas de retribución como lo son los primogénitos que te usan para crecer, educarse y luego se van, siendo muchas veces, unos mal agradecidos que están en todo su derecho de serlo. La tercera es la forma que más me gusta, la OBRA: ese legado artístico, académico, cultural, material o inmaterial que dejas al mundo y será la razón por la cual serás recordado. La búsqueda incansable es entonces, el qué y el cómo de esa obra. Esta es la indagación que no cesa.
En este estado de cosas, no me quedaba más que aconsejarles a mis estudiantes que pensaran en la muerte como ese reloj que les recuerda que su presencia en esta dimensión es finita y que independiente de la forma de negación que escogieran, buscarán con determinación aprovechar el tiempo que les queda. De vez en cuando es bueno recordar la muerte como motor de vida.
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