Me fui quedando lejos
como se alejan las cosas que alguna vez fueron refugio
y un día, sin hacer ruido,
empezaron a doler.
No hubo una despedida exacta,
ni una herida que pudiera señalar con el dedo;
solo esta tristeza lenta
de mirar lo que amé
y no reconocerme ya en ello.
A veces las personas no se van de nuestra vida de golpe,
a veces se van rompiendo por dentro,
en pequeños gestos,
en silencios que pesan,
en miradas que ya no abrigan,
en esa extraña sensación de tener que cuidar el corazón
incluso cerca de quien antes lo hacía sentir a salvo.
Y entonces una se aleja.
No por falta de amor,
sino porque quedarse también empieza a parecerse a perderse.
Qué nostalgia aceptar
que no todo lo que fue importante
está destinado a quedarse intacto.
Qué tristeza descubrir
que hay vínculos que no terminan de romperse,
solo dejan de sentirse hogar.
Hoy me guardo un poco más para mí,
como quien recoge los pedazos de una canción
que ya no quiere sonar en voz alta.
Hoy elijo el silencio,
la distancia,
la ternura de volver a mí
aunque todavía duela mirar atrás.
Porque hay despedidas que no se dicen,
solo se lloran bajito
mientras una aprende
que también el amor propio
a veces tiene forma de ausencia.
Para las amistades que me enseñaron que no todo cariño sabe cuidar
OPINIONES Y COMENTARIOS