Miraba al mar donde mi antigüedad se hundía… donde el cascarón se rompía… Solo pensaba que soy alguien común de un plan de Dios… «Nunca te hice mal», me repetía… Nunca pensé que necesitabas amor… hasta que me di cuenta de cuánto amor tenía… cuán grande se convertía… y ya no lo podía cambiar… como un intercambio que no podía intercambiar.

​Me dijeron que eso era malo, que me cegaría al solo pensarlo… solo tuvieron miedo… miedo de que algún día todo pudiera cambiarlo… pero entiendo que no es a base del fuego arrollador, lo otro o aquello… es a favor de un solo dulce que mastiqué en el parque en la madrugada.

​Me dijeron que era un mar de penitencia, que debía ser árida como un desierto, pero eso no era suficiente y solo dije: «No». «No me podías ver feliz y libre», te dije en mi espejo. Que iría por un mal camino si rompía lo que me sostenía, pero sentía mi voz tan agria que ya no podía hablar. Vi a la chica atrás de tu mente y confirmaste que nadie me conocía tan bien como tú… tan bien como tú lo hacías conocer.

​No sabía en ese entonces lo que me hacías… Ana se quería apoderar poco a poco de mí… poco a poco de cómo pensaba y cómo sentía. Yo solo quería compasión de ti… un poco de comprensión, y esperé hasta que me pudrí. Yo solo quería decir que podrías haber sido lo mejor… lo mejor que me hubiera pasado… hasta que nosotros dos morimos… hasta que tú no cambiaste…

​Pero no por mí… porque yo sí cambié, yo sí salí tras las cenizas donde me tenías escondida.

URL de esta publicación:

OPINIONES Y COMENTARIOS