Recuerdo que ese día salí con mi esposa y mis dos hijos de vacaciones hacia el estado Amazonas Venezuela.

Recuerdo también que a pocos kilómetros de llegar al lugar en un paraje solitario y oscuro se detuvo el vehículo donde viajábamos; en ese lugar había una casa colonial rodeada de un bosque imponente. Sus árboles eran tan altos que no dejaban entrar la luz del sol. 

Al poco rato salió de la casa dirigiéndose hacia nosotros una anciana con vestimenta de la época colonial. Al llegar dijo:

_¡Bienvenidos a mi casa!

Al ver a los niños sorprendida preguntó:

_ ¿¡Son sus hijos!?

Enseguida mi esposa contestó:

_ Si, son nuestros hijos.

La anciana se quedó mirando por un rato a nuestros hijos con mucho detenimiento y luego dijo:

_ ¡Pero no se queden ahí; pasen a mi casa. No tuvimos más alternativa. Y aceptamos la oferta que nos había ofrecido. Cuando nos dirigíamos hacia allá de reojo vi una silueta que pasaba entre los árboles. Señalando el lugar le pregunté a la anciana que había pasado entre los árboles.

Nerviosa respondió:

_¡Debe de ser un venado!… ¡Abundan mucho por aquí!

Estaba seguro que no era un venado; parecía una persona.

La anciana nos ocultaba algo.

Al entrar a la casa nos sorprendió ver todo tan antiguo; que nos parecía estar dentro de un museo de arte colonial. 

Mientras observábamos todo aquello la anciana tropezó con uno de los muebles. Todos la miramos y ella enseguida dijo:

_ Deben de estar cansados; vayan al final del pasillo, allá están las habitaciones; yo mientras les voy a preparar algo de comer. 

Hicimos como ella nos indicó.

Mi esposa y yo entramos a una habitación y mis dos hijos en otra.

Le dije a mi esposa que necesitaba refrescarme y de inmediato entre al baño. En el había un pipotes de agua y una repisa con toallas. Cuando terminé de bañarme las toallas ya no estaban; habían desaparecido. Escuchando en ese momento una risa burlona que no sabía de dónde venía.

Apresurado salí corriendo hacia la habitación donde se encontraban los niños; pero estos ya no estaban. Mire por una de las ventanas hacia el patio de la casa y allá estaban ellos con una persona de baja estatura,  cara deforme, nariz alargada, y enormes brazos; eran tan largos que sus dedos arrastraban el suelo. Y en su rostro maldad .

Sali corriendo hacia allá; pero al llegar éstos ya no estaban. Escuchando nuevamente esa risa burlona que venía del bosque. 

Me dirigí hacia allá; pero las ramas de los árboles no me dejaban entrar. Cómo pude entre y caminé por largo rato; pero siempre llegaba al lugar donde comencé. Ya cansado regresé a la casa.

Al llegar mi esposa estaba desesperada. Al verme llegar sin los niños grito:

_¿¡Que paso con mis hijos!?…¿¡Donde estan!?

Al contarle lo sucedido enloqueció.

La anciana que estaba cerca escuchando todo le pregunté desesperado que estaba pasando y ella contestó:

_Yo quise tener muchos hijos; pero todo los aborte y los lance a ese bosque sin darle cristiana sepultura.

Al terminar de decir todo aquello la anciana desapareció.

Ahora entiendo a mis hijos se los llevaron esos seres y quedaron atrapados en ese mundo intangible paralelo al nuestro. Donde viven los no nacidos.

Fin.

URL de esta publicación:

OPINIONES Y COMENTARIOS