Lo que el viento no se llevó

Lo que el viento no se llevó

Rosalía Ayala

30/06/2026

Ya va a terminar junio y evité volver a escribirte. Me rompí de nuevo en más de dos ocasiones, pero me aferré a la indiferencia que me has mostrado: al hecho de que el día de mi cumpleaños no esperara una felicitación de tu parte, a que me hayas soltado tan fácil y a que, simplemente, no sientas el dolor de mi ausencia.

​Me aferré también a saber que no cumplirás las promesas que me hiciste antes de irte; esas que me calmaron por un momento, porque yo no quería que te fueras por completo.

​Sin embargo, no todos amamos igual. Es cierto que las promesas se van con el viento; las palabras se pierden, se alejan y todo vuelve a ser como antes.

​A pesar de todo, ya no soy la misma. Volví a preocuparme por mi salud, a cuidar de mí, a recuperar mis rizos que tanto había descuidado, a correr por las mañanas y a ser feliz con el simple hecho de sentir la brisa en mis hombros y los rayos del sol en mi cara.

​Sigo siendo yo, tal vez más triste y con el corazón totalmente destrozado, pero aquí sigo. No volveré a presentarme en tu vida; lamento si intenté que al menos pudiera contarte mi día o explicarte lo que me pasó en mi trabajo un día cualquiera.

​Ya no me escucharás quejarme de mi vida ni de mis problemas en casa, ni volverás a sentir mi amor a cada segundo. Tal vez tampoco cumpliré la promesa de que nos sepulten juntos, porque ya no hay espacio para mí en tu vida.

​Y al fin entendí que todo debió ser así. Lo que aprendí de ti me seguirá acompañando, pero ahora solo esbozaré una sonrisa y seguiré adelante sin voltear atrás, celebrando que pasó, pero sabiendo que te quedarás atrapado en esos momentos.

​Seguiré enfocada en crecer y en amar. No de la misma forma en que te amé, porque eso no volverá a pasar, pero sí a quienes siguen en mi vida después de todo, de los años, de los buenos y malos momentos, y que, aun así, deciden estar.

​Con amor, Liz.

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