Soñar que se caminaba por un corredor, simboliza una etapa de transición individual. Ello lo dicen los expertos en sueños ajenos. Como si lo onírico fuera un crucigrama a resolver. Pero hay sueños que dejan un sabor a misterio no resuelto, y nos hacen pensar y sentir extrañas sensaciones.
Soñé hace unos meses; y mi sueño tuvo la certeza de la impaciencia, que a lo lejos veía, una irradiación que me tentaba, mientras caminaba por un corredor, y mis pasos se precipitaban en sus pisos. Me acerqué.
La producía una estructura diminuta, suspendida en mi mente: un microtúbulo; pero visto en el sueño parecía un santuario. Evocaba un sonido, una nota que despiertos no escuchamos. Seducía, pero yo no sabía que soñaba.
La consciencia, lejos de ser un impulso biológico, es un viandante del tiempo. Oí, a través de una grieta que se abrió.
“Nosotros soñamos con la materia para no disolvernos”.
La idea comenzó a desvanecerse. No por fragilidad, sino porque el despertar siempre llega.
“Lo posible existe detrás de cada sueño”
Desperté con la sensación de haber regresado de un lugar que no existe, pero que reclama. Y cada vez que cierro los ojos siento que algo infinitamente pequeño me observa, esperando que vuelva a soñarlo, para darme cuenta de su grandeza.

URL de esta publicación:

OPINIONES Y COMENTARIOS