Y de repente un día está en tu mente, porque alguien lo recomendó, lo escuchaste en una conversación o simplemente apareció en tu imaginario sin razón aparente, el punto es que está ahí y está para quedarse.
Entonces llega sin pedir permiso la siempre bienvenida curiosidad. Resulta seductora la idea de que hay una historia que quiere ser contada y te dispones a recibirla.
Y así comenzás la lectura, tal vez, en principio solo con la intención de pasar el rato, de desconectarte por un instante de la cotidianeidad; Pero a medida que pasan los días, pasan las hojas y la lectura toma relevancia en tu vida. Buscas tu espacio y no necesariamente un lugar físico. Más bien intentas encontrar ese rincón en tu interior dispuesto a dejarse llevar por una nueva historia. Te abrís a la idea de conocer personajes que no necesariamente existieron en la “realidad” pero que si hay algo de lo que estás segura es de que hoy existen, vos les estás dando vida y ellos te devuelven el favor generándote asombro, sufrimiento, cariño y empatía.
Las hojas siguen pasando y para tu sorpresa sos presa del relato. Ese que habías comenzado con la intención de liberarte, hoy mantiene tu corazón y tu mente cautivos. Comenzás a hacer tuya esa historia, tu parte más pasional está sumergida en el mundo ficticio; Con sus propias reglas, su propia filosofía, empieza el tráfico de ideas y conclusiones que arrancadas de este mundo literario descubrís encajan en tu mundo real. Necesitas contar lo que te está pasando. Fingiendo casualidad mencionás y recomendás tu lectura en las conversaciones con tus amigos, familiares y conocidos. Intentas transmitir esa sensación de satisfacción, esa emoción que te genera, pero en el fondo sabés que ellos no podrán comprenderlo como vos, lógicamente, no han tenido el placer de conocerla, de compartir con los personajes. Esos que hace un par de días eran extraños y hoy entendés mejor que a nadie.
Y casi sin querer va llegando el final. Tratás de no verlo, pero es inevitable, tu subconsciente lo sabe y las matemáticas, siempre rígidas, no te dejan mentir. Las hojas de camino a la contratapa son contadas. Comienza una batalla que desconocías hasta ahora, por un lado, la curiosidad; Esa que impulsó esta aventura, tu mejor aliada en momentos hoy amenaza con llevarte por el camino del desvelo si no das fin a lo que comenzaste. ¿Y en frente? Están ellos, los personajes, tus compañeros de aventura luchando por seguir con vida; aunque se saben condenados a una corta existencia, juegan sus últimas cartas en este asunto.
Y así un día como cualquiera llega el fin de esta historia. Finales hay muchos; buenos, malos, tristes y alegres. Pero jamás indiferentes. La sensación que te invade es una leve nostalgia, al fin y al cabo, se trata de una despedida.
Te levantás del sofá, vas a la cocina y te preparás un café. Tenés incertidumbre, resuena en tu cabeza una pregunta, ¿y ahora qué? Pasadas las horas te encontrás con que lo que parecía por un momento sería una tarde gris te encuentra sonriendo y llena de orgullo. Y es que por fin lo entendés todo, te alegrás de saber que ellos lo lograron, ganaron la batalla. Es que te das cuenta que tus personajes no murieron con la historia, vos los salvaste, a ellos, sus ideales, sus pensamientos más locos, ahora son inmortales, viven y vivirán para siempre en tu memoria.
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