LA MUERTE

LA MUERTE

Benito

04/04/2026

Recuerdo, anciano ya,

aquel niño inmóvil entre flores,

su cuerpo dormido en el silencio de un canal.

Por primera vez supe

que la vida llevaba el sello de la muerte,

y que cada respirar era un paso hacia ella.

Desde entonces miré el mundo

con la conciencia herida

del que sabe que todo se apaga.

Vi morir a mis abuelos, a mis tíos,

vi a mi padre cruzar la frontera invisible,

y supe —con calma y temor—

que un día también me llamará el silencio.

A veces pregunto al vacío:

¿por qué el dolor? ¿por qué nacer sin quererlo,

si el final nos espera fiel y paciente?

Quizás —me digo— la respuesta está al final,

en la muerte misma,

donde cesan las preguntas.

Y si nada hubiera,

si el universo se apagara sin propósito,

aún así bendigo haber sentido el viento,

las manos que amé,

el llanto y la risa.

Agradezco el don secreto

de haber mirado al sol

con conciencia y con tiempo.

He caminado entre días que dolieron

y noches que ardían de belleza.

Hoy sólo doy gracias

por existir,

o haber existido.

Y eso, tal vez,

es lo eterno.

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