Un chasquido vaporoso antecedió a la brusca deceleración a velocidad de aproximación.
En el panel de mandos de la nave una serie de indicadores de estado se iluinaron en verde esmeralda, con alguna preocupante excepción en rojo. La estructura de la nave sin duda había sufrido a causa de los combates, y el exceso de tiempo de uso sin mantenimiento.
Hacía tiempo ya que el soporte vital avanzado había dejado de funcionar .
La escarcha cubría la mayor parte del interior de la cabina, y su traje calefactado apenas daba a basto para permitirle pilotar.
Por suerte los sistemas anti vaho del mamparo principal de su cabina continuaban activos. Si no era capaz de ver, estaba muerto.
En cuanto a los sistemas de armas la nave estaba plenamente operativa pero no exenta de inconvenientes .
Se había quedado sin proyectiles sólidos de todo tipo, desde misiles, hasta dardos perforantes, que provocaban descompresiones brutales al atravesar el casco de las naves enemigas.
Solo el poder del generador de fusión, que daba vida a su nave, alimentaba sus armas de energía.
Su mejor baza para lograr potencia de fuego extra era sobrecargar la salida de energía del generador y disparar así una ráfaga de plasma incandescente a velocidades sublumíncas que tenía efectos devastadores al impactar
Eran las únicas bazas que le acompañarían en el reto que se avecinaba, y tenía serias dudas de que fuesen ni remotamente suficientes para afrontarlo.
Su condición no era mucho más esperanzadora que la de su montura. Estaba agotado y crispado, habían sido decenas de horas de lucha sin cuartel, al límite constante de su habilidad y sus nervios, había estado cerca de quebrarse en varias ocasiones, pero había logrado sobreponerse en todas y salir airoso. La raza humana tenía demasiado que perder en aquella batalla, y el no era quien para abandonarla a su suerte.
Los largos periodos de pausa mientras la cada vez mas menguante flota se desplazaba de un objetivo a otro, tampoco habían ayudado en demasía.
Acompañado de una constante hambre, que sus limitadas raciones de combate no eran capaces de saciar, y del desagradable sabor metálico del oxígeno reciclado miles de veces, las pausas solo ayudaban a aumentar su tensión ante los retos venideros, y le invitaban peligrosamente a recordar aquello que ya estaba perdido.
El impresionante espectáculo que se habría ante sus ojos le sacó del ensimismamiento.
Habían saltado a algunos unos cientos de kilómetros del objetivo, pero este era impresionante sin paliativos
La estructura era simplemente descomunal llenaba todo el horizonte que era capaz de avistar a través de su mamparo y no parecía tener fín.
Formada por un compuesto mitad orgánico y mitad metálico, era en realidad un ingenio militar, una fortaleza plagada en toda su extensión del más poderoso arsenal que su enemigo había sido capaz de reunir.
Por supuesto, eso, para el eso era lo de menos, las defensas orbitales no eran preocupantes para el comparadas con dotación de de miles de naves de combate, drones de asalto y minas de seguimiento que la defendían…
Era la última frontera real, la ultima muralla antes de entrar en el territorio enemigo.
Una vez superada, tendrían a tiro por fín los tenebrosos mundos arsenales que durante siglos habían vomitado muerte y pavor sobre los domínios del imperio humano.
Traspasar aquella frontera , significaba, venganza, retribución por las penurias sufridas algo que él deseaba desde lo más profundo de su ser.
Ya no quedaba nada atrás, solo la muerte y la nostalgia, solo quedaba avanzar. Luchar y ganar o morir intentándolo tal era la desesperación a la que la humanidad había llegado que se había transformado en su más mortífera arma.
Las primeras señales de alarma, empezaron a iluminarse en el visor de su casco de combate, la flota atacante había perdido ya el factor sorpresa, y su enemigo avanzaba en pos de su destrucción, lo cual era algo perfectamente factible.
Un océano de muerte se desplegó delante de sus ojos, avanzando a toda velocidad en un despesperado esfuerzo por frenar la determinación asesina de la flota humana
Las bajas anteriores habían sido catastróficas, el avance sin precedentes, la posibilidad de la victoria final se había producido a costa de un inmenso sacrificio
El lo sabía bien, estaba solo en su sector, solo una nave para cubrir todo un cuadrante.
Había escuchado, e incluso visto morir a todos sus compañeros de escuadrón, uno por uno en las horas anteriores, amigos, compañeros hermanos de armas con los que había pasado cientos de horas de vuelo defendiendo primero la humanidad, y castigando luego a sus atacantes. Eran ya solo recuerdos cuyos restos descansarían eternamente el vacío espacial.
Al menos eso era algo que ahora ya no tendría que sufrir, solo quedaba una muerte por producirse en su escuadrón y era la suya. Llegados a este punto era un auténtico alivio.
Los primeros haces de luz comenzaron a pasar alrededor de su nave. Como siempre antes de que sus vetustos captadores de objetivo fuesen capaz de fijar un blanco viable era irritante ser visto antes de poder ver era el precio de pilotar aquella vieja gloria, un precio que el había estado dispuesto a pagar sin dudarlo.
Con una habilidad más fruto de la práctica y el entrenamiento que de sus agotados reflejos, deslizó con suavidad su magullada montura a través de la cada vez más creciente barrera de fuego enemigo, muerte silenciosa en mitad de la nada.
Era un error dejarse llevar por la calma de la falta de sonido, aquel fuego era mortal, de igual manera que lo hubiese sido en un entorno atmosférico. El pelear en silencio era algo que siempre sobrecogía al inicio de los combates, luego pasaba a estar demasiado ocupado para detenerse a pensar en ello
Algunos pequeños impactos superficiales hicieron temblar la estructura de la nave, nada preocupante, pensó al menos de momento…
Brillantes puntos verdes iluminaron de pronto su visión, su nave ya lograba ver en mitad de aquella maraña, y le bombardeaba con decenas de datos y objetivos variables, no pudo evitar esbozar una leve sonrisa al observar por enésima vez aquel mapa de luz donde esparcir la muerte que portaba a bordo.
Seleccionando con la retina aquellos que veía mas viables o amenazadores, comenzó desatar su fuerza letal contra ellos.
La nave se estremecía con fuerza con cada descarga. Cada vez apretaba el gatillo, la estructura gemía y parecía retorcerse .
Los puntos de su visor parpadeaban al ser impactados y dejaban de brillar de inmediato, siendo sustituidos por otros nuevos sin descanso.
Escombros incandescentes comenzaban a inundar todo el espacio delante suyo, ellos eran muchos, pero el era más letal…
Serpenteó entre naves de colosal tamaño, acabando con torretas y cazas de escolta por igual.
Con los indicadores de impacto de su casco al rojo vivo, y su consola central vomitando torrentes de datos e informes de daños. Un piloto menos experto habría pensado que la nave se deshacía por momentos, el no se inmutó, y aumentó la velocidad al límite de sus reflejos, el cansancio y la fatiga habían desaparecido, sustituidas por el frenetismo y la adrenalina de la batalla, no pudo evitar sonreir.
Ya tenía delante suyo su objetivo . Las órdenes eran claras, los cazas debían penetrar profundamente en el sistema de defensa y destruirlo desde dentro mientras las naves capitales la bombardeaban desde fuera.
Solo era consciente de estar acompañado , por pequeñas trazas de mensajes cifrados, que transmitian órdenes del mando central de la flota, muchas de ellas a unidades y naves ya inexistentes.
El ya no les prestaba atención, conocía su misión, y no pensaba en otra cosa.
Ya no le importaba estar solo, o acompañado en el combate, el era la muerte que se abalanzaba sobre el mal, allí sentado dentro de su pequeño caza, en mitad del infierno de la guerra.
Visualizó una abertura en aquel muro por la que podría escurrirse, no lo dudó un segundo, con un giro brusco se encaró hacia ella.
La nave era pasional y bronca, protestó de nuevo por el esfuerzo. Pero nunca jamás le había fallado y sabía que así sería hasta que ambos, unidos como uno solo, quizás los últimos miembros de la flota, y quien sabe si de la humanidad, dejasen de existir. Al igual que tantos otros antes de el, apenas sería un milisegundo, un fogonazo de luz, y después la paz eterna.
Pero hoy no iba a ser ese día pensó serenamente, mientras aceleraba hacia la oscuridad.
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