Un chapuzón en el fango,

Un día más en esta ciénaga infesta.

Aturdido por el silencio, dañado… palabras jamás dichas.

Y yo, que hago turismo en mi memoria,

Enceguecido en la maraña de recuerdos y voces, todavía más voces indescifrables que se burlan detrás, detrás de algo, detrás de un biombo, un telón, un elegante divisorio imaginario que se alza y me separa. Suerte la mía.

Arriba, a lo lejos,

Un cielo se oscurece, enfurecido,

líquido, intocable.

Juego a tocar los astros que la noche va trayendo…

Rio.

Un río sucio me refugia,

un cielo ajeno me cobija,

Sordo,

Mudo,

una hoja que juega en el lecho.

Me observarán confundidos desde el puente.

Altura engañosa la que ostentan. ¿Me ven?

Antítesis de sus sonrisas plácidas,

síntesis de sus horas oscuras,

simplicidad yo soy.

Yo y mis sentidos, ahogados en agua sucia, hedionda, infecta,

lamiendo y cerrando heridas.

Me dejaré llevar, como una débil hoja.

Cuesta abajo, sorteando piedras.

Inconsciente,

Inmutable,

buscando el agua limpia,

el río que fluye,

oxígeno y superficie

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