Caminamos por la calle, no estamos solos. Nos arrastran historias que no son nuestras, marcas que nos dejaron y que no pedimos. Somos la huella de quienes vinieron antes, de quienes se cruzaron en nuestro camino y nos marcaron. La vida no es un camino recto, es más bien un laberinto de recuerdos ajenos y momentos que no pudimos controlar.

Lo que creemos ser es solo una capa. No somos lo que decimos que somos. Somos los fragmentos de lo que otros han hecho con nosotros y lo que no pudimos evitar. Nos vamos armando a pedazos, de a poco, con lo que encontramos. Y a veces, ni siquiera sabemos quién está al mando.

Cada día nos empuja, sin que lo queramos. No es hermoso, ni inspirador. Es la vida que tenemos, el choque constante entre lo que deseamos y lo que realmente somos.

Algunos no luchan, otros lo hacen con todo lo que tienen. Todos cargamos algo: historias no elegidas, recuerdos ajenos, traumas que arrastramos sin querer. Y cada vez que tratamos de escapar, nos damos cuenta de que todo sigue aquí, en la piel, en la mente.

Nada es casual, todo deja una marca. Y cuando creemos que ya no podemos con más, encontramos que estamos formados por todas esas huellas. Nos dan forma, nos definen. Pero también, nos retan a algo más.

Nuestra historia no está escrita. No lo está. Y aunque esté llena de vacíos, de momentos no vividos, de luchas perdidas, hay algo que no nos dicen: que tenemos la capacidad de escribir un nuevo capítulo.

La historia que cargamos es solo un fragmento, una parte de lo que somos. No está cerrada. No estamos definidos por lo que nos ocurrió, por lo que no pudimos ser. Si nos animamos a mirar más allá, si dejamos de temerle al caos, descubrimos que podemos ser más que lo que nos dijeron que seríamos. La única barrera está en nuestra cabeza, en el miedo a que, al dar el paso, no tengamos todo resuelto. El primer paso es entender que todo lo que somos ahora está hecho de decisiones.

¿Te atreverías a escribir tu propio destino? El poder está en las manos de quien decide tomar la pluma, y aunque el comienzo sea incierto, el final depende de lo que hagas con lo que tenes. No somos nuestras historias pasadas. Somos lo que decidimos hacer ahora. Y aún en el caos, en la lucha interna, hay una chispa que nos recuerda que siempre hay algo más por descubrir. Si somos valientes, si nos enfrentamos al dolor sin miedo, podemos transformar lo que nos define.

URL de esta publicación:

OPINIONES Y COMENTARIOS