Historia mal contada

Ya no tengo tiempo para escribir mi propio jeroglífico,

en tallas amarillentas, sin faltas de ortografía, algo digno de contar,

con dioses mudos con cabeza de chorlito, barriga abudada y cola de sirena,

que acompañen mi vida sosegada y monolítica.

Haré una pirámide que me persiga, que espere en torno a mí, a que me muera,

con ladrones acrobáticos, entrenados.

Mis gatos me acompañarán cuando les toque.

Yo los esperaré con la paciencia de mi cuerpo mudo y estático,

repleto de resinas y bálsamos perfumados que no sean de Nivea,

para ser exactos.

Cuando pasen miles de años, y no queden rastro de mis proteínas,

me descubrirán accidentalmente.

Los estudiosos llegarán primero a la conclusión, que fui el Dios del Aburrimiento,

dada la postura de mi boca embalsamada y ecuestre que recuerdan los bostezos de un caballo, con los arneces puestos.

o que, en la posición en que me encontraron, orinando hacia el norte, (con perdón),

confluyen Adrómeda y el planeta Xp69g96.

Comenzarán las conjeturas de que fui un extraterrestre que se perdió,

entre guerras inconclusas de los seres inhumanos.

Yo me despertaré solo un momento, hasta evaluar el entorno.

Miraré los fuegos artificiosos que matan de verdad,

y me tumbaré boca bajo por si me da la tentación de salir a flote, y tomar el camino hacia la gente, me hunda más en la tierra. Y si persisten los deseos de quedarme en la refriega, me sentaré con mis gatos maulladores, hasta que se me pase.

FIN

P.D.: !Oh sí¡, mis gatos están bien, gracias.

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