Hasta la última copa



Hasta la última copa de vino se puede llenar de absurdos,

lo puedo jurar sin temor a equivocarme.

¿A dónde  voy si estoy repleto de cabellos blancos?, 

pregunto, buscando aprecios.

El camino empapado está lleno de pezuñas necias,

hundidas  en la misma dirección.

Alguien lanzó un poco de barro a mi cara con maldito rigor,

y aquí estoy manchado y sobrio.

Miro para arriba, buscando alguna estación que me ilusione,

el norte de las raíces siempre es el cielo.

Escondidos en las ramas más arriba

está lo masculino de las estaciones: el invierno, el otoño y el verano.

La primavera no, 

la primavera viene siendo una costumbre pasajera.

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