Al año 2050 nueve billones de personas coexistirán en nuestra amada tierra, de esta alta población en la que 9 de cada 10 vivirán en las actuales metrópolis, un mundo de ciudades regirá la vida humana, esto nos lleva a plantear una serie de interrogantes, para lograr anticipar algunas actuaciones desde nuestras urbes. En Colombia las proyecciones también reflejan que somos un país de ciudades, aun cuando nuestro actual desarrollo urbano ha sido principalmente el de pequeñas poblaciones, muy cercanas entre ellas y fuertemente relacionadas con zonas de producción agropecuaria.
Nuestro país cuenta hoy con una población cercana a los 50 millones de habitantes, y según datos estadísticos del DANE al 2050 esta aumentará a una cifra aproximada de 61,1 millones, para el Observatorio Demográfico de la Cepal a partir del 2050 la población disminuirá hasta llegar a los 45,2 millones en el año 2100, así también para las Naciones Unidas la población urbana esta en el rango del 74%, muy por encima del promedio mundial. Ademas de ello, bajo estos pronósticos demográficos, debemos contemplar que la esperanza de vida pasara de los 77 años a los 82,8 en al 2050 y a 88,1 al 2100, y la cifra de adultos mayores que actualmente esta en 9,1% subirá al 21% en el 2050 y al 34,4% al finalizar el presente siglo.
Un dato adicional es la disminución en las densidades urbanas, encontrando que pasamos de 18.604 habitantes por km² en el año de 1990, a 16.236 en el 2015, lo que se explica fácilmente en el crecimiento de los principales centros urbanos del país. El DNP también nos revela una cifra que puede parecer insignificante y es la disminución en los anchos viales, pasando de un promedio nacional de 8,7m del año 2001 a 7,4m en el 2014, debemos recordar que el ancho optimo según diversos estudios urbanos se encuentra en los diez metros. Esto contrastado con el creciente numero de vehículos privados, explicaría en parte la problemática urbana en materia de atascos o trancones en sectores neurálgicos de algunas ciudades.
Estas cifras nos empiezan a rebelar una serie de condicionantes a tener en cuenta al planificar nuestras ciudades, y por supuesto para tomar decisiones sobre la ruralidad, sobre los pequeños pueblos agropecuarios y su futuro, de cara a una realidad que es difícil de atajar, el abandono del campo al perseguir los sueños urbanos.
La producción agrícola como la conocemos hoy en día será cada vez mas escasa, hasta que definitivamente casi nadie se dedique al milenario oficio de cultivar, ¿nos quedaremos sin campesinos?. En la actualidad en nuestro caribe colombiano vemos como los hijos de nuestros campos han abandonado “el saber de la tierra” y han cambiado el azadón, la pala y barretón por la moto, en busca de un “mejor futuro”, pero la realidad es que han llegado a las urbes a engrosar la ya abultada estadística de la pobreza y en muchos casos a la indigencia, terminan aportando a los ya conocidos problemas urbanos, invasiones, generación de barrios informales, los cuales en su gran mayoría no cuentan con los servicios públicos básicos, con escasa infraestructura urbana, pero todavía mas preocupante generando nuevos focos de violencia, en muchos casos llegan a convertirse en los nuevos dueños de las calles.
Para terminar de complicar toda esta visión, nos encontramos con gobernantes que no logran aplicar las herramientas de ordenación del territorio, por ello la planificación urbana va por un lado en gruesos libros que adornan las estanterías llenas de polvo de muchas de nuestras Secretarias de Planeación o de Desarrollo, o lo que es peor almacenadas en los discos duros de las computadoras, simplemente sirviendo para aprobar o rechazar construcciones, pero muy contadas veces para buscar un sueño colectivo de que queremos como sociedad y como ciudadanos no solo de nuestra urbe sino como ciudadanos del mundo. Esa misma incapacidad de nuestros gobernantes para garantizar políticas exitosas desde lo publico, para generar empleo formal, desarrollo y riqueza.
Hoy somos testigos de como los pueblos se convierten en ciudades y las ciudades en metrópolis y estas en megaciudades o megalópolis. Pero lo paradójico es que parece no interesarnos, solo algunas pocas de nuestras urbes están realmente estructurando ese hoy que ya no es un futuro.
Hemos multiplicando los problemas urbanos y los costos que se pagaran serán muy altos, si no se le coloca seriedad a la ordenación del territorio, sino se visiona lo que realmente se desea como colectivo, sino se aplican planes a largo plazo, consiguiendo victorias tempranas reflejadas en los planes de desarrollo y Planes de Ordenamiento Territorial.
Los recursos cada día son mas escasos y las luchas por controlarlos son ya una realidad, incluso en muchas regiones hay conflictos para garantizar las provisiones básicas, ¿seremos testigos de como se transforma nuestro entorno urbano en un lugar lúgubre y caótico? ese futuro de miedo que nos muestran múltiples libros, series, películas y hasta los cómics como la celebre Gotham City, reflejo de la obra satírica “salgamundi” del escritor Washintong Irving, quien se inspiro la ciudad inglesa, que paso a la historia por la estupidez de sus habitantes, quienes no permitieron al rey Juan ejercer sus aposentos en sus tierras, estupidez o locura que luego se reflejo en la serie de Batman, en la que el superhéroe luchaba con las hordas de bandidos y corruptos que gobernaban e imponían el caos en una ciudad oscura, sin futuro aparente, en la que los ciudadanos se habían entregado a vivir sin esperanza, bajo la corrupción imparable del alcalde o gobernante.
Estas imágenes pueden ser recurrentes al pensar en las ciudades del futuro, entendiendo que cada día arrasamos con los recursos naturales, cuando vemos ciudades sin fin, sin rumbo, a merced del acelerado ritmo de crecimiento, muerte y destrucción, en las que el hampa ha establecido las reglas urbanas, para imponer su poderío, ya vivimos en esas ciudades, pidiendo a gritos la llegada de un superhéroe, que salve a los ciudadanos de la decadencia, es cierto parece muchas veces no haber mas futuro, que el que hemos labrado.
Sin embargo podemos también imaginar y dejarnos encantar por ciudades maravillosas, producto de escritores futuristas, visionarios que han logrado brindar una idea mas detallada de un futuro, en el que la tecnología este al servicio de un mundo sostenible, equilibrado y libre del hampa, realmente prefiero pensar que viraremos el timón hacia las hoy llamadas smartcities, no estamos lejos de ello, este futuro es hoy realidad en algunas ciudades.
No es menos sencillo cambiar la huella de destrucción y desolación que dejan los humanos en su entorno natural, somos una especie destructora y consumidora y por ello son muchos los retos que debemos enfrentar, el principal es la construcción de un marco mental colectivo, que permita transformar a nueva realidad para cambiar el actual modelo urbano que se quedo obsoleto, como expresa el arquitecto Vincent Callebaut. dejar la importación de materias primas y recursos naturales y la exportación de contaminantes y de desechos.
Apostar por construir desde nuestro legado histórico, un futuro visionado entre todos, en el que se interprete como crecer de manera armónica, hacia donde hacerlo, de acuerdo a la realidad geográfica, recuperando las áreas urbanas deterioradas, para darle nuevamente vida a esos espacios olvidados, aumentando las áreas publicas que sirven no solo para interconectar espacialmente la vida urbana, interpretando que estos son realmente los espacios para el ciudadano, que el caminar en un entorno arbolado es placentero, recordando que no todos poseen la misma capacidad motriz y que incluso hay quienes no pueden hacerlo sin ayuda mecánica o electrónica, que es una delicia escuchar a los pájaros en un parque al atardecer, que los arroyos, cañadas, ríos pueden servirnos mas allá del actual uso como cloacas o alcantarillas urbanas, que la calle no es solo para los vehículos que se mueven vertiginosamente, que hay muchos mas medios de transporte como la bici, la patineta, e incluso las sillas de rueda, que debemos mirar los avances tecnológicos e implementarlos en las urbes, para mejorar la calidad de vida, que llevamos siglos viviendo y coexistiendo, superando guerras y conflictos, construyendo y edificando.
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